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 Asunto: Tinta, muerte y fe
NotaPublicado: 08 Mar 2021, 12:01 
Jabalí vegetariano convocado
Jabalí vegetariano convocado
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Registrado: 08 Nov 2020, 16:09
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Los cuatro niños saltaban y jugaban en la plaza de la aldea de Brandur. Corrían de un lado para otro, pasándose o tirándose un simple palo. Tres niños y una niña.

- ¡Leana a comer! – Dijo desde una de las pocas casas del poblado una mujer.

- ¡Ya voy mamá! – Respondió con su dulce y aguda voz.

Leana entró en la casa, donde se encontraba su madre, Lorah, terminando de preparar la comida y su padre, Sáfiro, poniendo en la mesa los platos de madera. Cuando se terminó de hacer la comida los tres se sentaron junto a la pequeña mesa y empezaron a comer con gusto el cerdo que ayer mismo habían matado. Estaba exquisito.

La pequeña niña de apenas ocho años terminó su plato relamiéndolo para luego limpiarse los restos con la lengua. Preguntó a sus padres si podía salir de nuevo a jugar y ambos se sonrieron y accedieron.
Pasaban los días siendo felices en la aldea, como de normal. La pequeña Leana siguió jugando con sus amigos, pero determinado día la joven no quiso salir de la cama, no se encontraba bien: Tenía molestias por todo el cuerpo y fiebre. La enfermedad no mejoró, y cada día fue a peor. Sus progenitores hicieron todo lo posible para recuperarla: buscar y preparar ungüentos o medicinas, reducir la fiebre mediante agua fría… Pero todo fue en vano.

Leana a los días murió.
Su madre estuvo llorando incontables días y noches por su hija, aislándose en la penuria y el sufrimiento y alejándose del resto de la gente, hasta que comprendió que estaba muerta y que nada podía hacer. ¿O sí? Cogió un trozo de pergamino, una pluma y un poco de tinta y escribió en él con delicada caligrafía “Leana Snyder”.

Después de esto preparó una bolsa con comida para unos pocos días y una cantimplora con agua. Se puso ropa de viaje y una capa y marchó sin dar aviso alguno.

Anduvo durante tres días hasta que finalmente halló el lugar que buscaba. Una pequeña y antiquísima cripta. Entró con algo de miedo. Era un lugar lúgubre y con fama de siniestro en los pueblos circundantes. En una de las salas le recibió una figura totalmente cubierta por un hábito gris y encapuchada.

- Bienvenida a uno de los últimos santuarios del Escriba en estas tierras, donde se anotan y archivan las muertes de los difuntos. – Dijo la figura con voz grave y algo ronca-. Así pues ¿Qué deseáis? - La mujer sacó el trozo de pergamino en el que estaba escrito el nombre y se lo ofreció con un ligero temblor – Bien…

Después de esto la figura aún oculta bajo la capucha y el hábito pobre y gris cogió el trozo de pergamino y lo transcribió a una lista con millares de nombres más. Luego ignoró a la mujer como si ni siquiera existiera.

- Perdone… - Dijo la mujer algo azorada y con ligero temor en su voz. – No tengo a donde ir. Mi aldea natal está a tres días de camino y no tengo suficientes provisiones para ir.

La figura encapuchada paró un momento su labor y la miró.

- Os auspiciaré como lo hizo Yérgal en mi vida y ahora en mi muerte en mi muerte – Al oír esto a la mujer le entró un escalofrío intentando no perder la compostura – Pero con una condición: Servirás al Señor del Final de Todo como una más.

- Gra-gracias, muchísimas gracias.

Desde aquel momento su maestro carente de vida empezó a desvelarle los caminos del Senescal, aprendiendo su dogma, sus oraciones y su labor en este mundo, anotando también los nombres de aquellos que perecían para ser recordados.

Pasaron veinte años desde que Lorah llegó hasta la cripta. Ella misma había recibido a muchos aldeanos que anunciaban el fallecimiento de sus seres queridos, como era costumbre en los pueblos cercanos, uno de esos nombres, Sáfiro. La mujer poco se inmutó, pues ya había aprendido que la muerte ha de llegar, en su hora, en su momento, y así ha de ser. Entonces fue cuando su maestro se acercó a ella.

- Lorah Snyder, habéis servido al Senescal estos años con fidelidad y esfuerzo. Sois digna de convertiros en su sacerdotisa. Viajad a descubrir vuestro lugar de descanso, pues todo ser tiene el suyo desde su creación como os he enseñado. Ahora, partid.

Lorah asintió con gesto serio, ya habitual en ella, y se dirigió al norte hacia la capital de Amn para propagar su fe y servir a Yérgal.
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