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 Asunto: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 06 Feb 2020, 20:29 
Jinete ciego
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Un diario algo rudimentario es escrito por una joven. La escritura es algo torpe, y por los tachones y cambios repentinos en este se puede denotar la falta de seguridad en quien lo ha estado escribiendo...

"Lilith Adalar Sylfai: Miedos, arrepentimientos y reflexiones

No llevo demasiado en Amn, pero estos meses han sido cuanto menos llenos de experiencias: para bien y para mal. He conocido gente terrible y gente maravillosa por igual. No me arrepiento de la decisión que tomé al venir, pero aún así he estado teniendo problemas para aclarar mi mente en más de una cuestión.

Este pequeño diario es simplemente para ayudarme a mí misma, creo que puede permitirme abstraerme de mis penas y afrontarlas de una forma distinta. Dejaré de escribir si no veo que me es útil, pero en cualquier cosa, si alguien está leyendo esto sin permiso: ¡Es personal, así que devuélvemelo! ¡Y por supuesto, no sigas leyendo!


Así pues, debería empezar... por aquella noche.
"

_________________
Lilith : Lilith Adalar Sylfai

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Fausto : ImagenFausto Alma Dracius

  • Orgulloso ciudadano de Amn
  • Antiguo Burócrata
  • Un hombre más [Trasfondo]



Caerul : 
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Caerul Saphir
  • Hoja en venta.
  • Autoproclamado estratega.
  • Leal seguidor de Caballero Rojo.






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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 09 Feb 2020, 14:20 
Jinete ciego
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Tras la pequeña introducción de exposición de motivos de este diario, se encuentra el primer relato recogido. La escritora parece haber tenido problemas a la hora de transladar al papel sus caóticos pensamientos al respecto...

"Primera experiencia: El terror se hizo mío

Incauta de mí, Nao me hubiera regañado por asumir tal peligro aquel día. Pero mi padre hubiera actuado de igual forma que hice yo, solo que con mejores resultados sin la menor duda. Por gracia de los Dioses, fuera de mí todos logramos salir de una pieza.

Fue en la primera dekhana de mi llegada a Amn, Pasábamos Arieden, Titanicus y yo misma frente al Hospicio tras una pequeña aventura por el sur. En ese momento nos llamó la atención que alguien parecía discutir frente a la entrada del cementerio de Athkatla. Me temo no soy capaz de dar los detalles al respecto, pues mi mente se obceca en los sucesos posteriores.

Lo único claro que quedó fuera era que uno de los que discutían se trataba de un vamip vampiro, por lo que contaban los viandantes que se encontraban en el lugar antes de nuestra llegada. Entonces... Titanicus habló con el vampiro, sin miedo alguno se adentró en el cementerio con el. Con un vampiro. En la noche. ¿Por qué lo hizo? Sé que su mente es abierta. Pero un vampiro. Fue una locura.

Viendo a mi buen amigo adentrarse al peligro de tal forma, quedé fuera del cementerio con Arieden. ¡No podíamos dejarle a solas con ese monstruo! Pero yo no era tan valiente. Dudé, una y mil veces, Kélemvor me perdone. Arieden tampoco estaba seguro si debíamos intentar seguirle, pero finalmente ambos nos armamos de valor y entramos, pese a las (Bien intencionadas) advertencias de quienes observaban la escena.

Con armas en mano entré seguida de mi amigo, encontrándonos dentro del campo santo a un misterioso tipo, el cual nos guió a la cripta en la cual se encontraba Titanicus. Entrar o no, esa era la duda. ¿De qué sirve la valentía si no eres capaz de hacer nada? Ese era mi conflicto, no es poca la gente buena que perece por acometer, con bondad, tareas que les exceden. Aún así, si la Muerte me esperaba tras aquel portón, si Kélemvor así lo dictaba, nada había que hacer: entramos.

Titanicus hablaba con el vampiro, que se presentó como (Escrito a pulso tembloroso y algo más difícil de comprender) Adathiel. Ese maldito Hablaba cual persona, pero no lo era. No lo es. Otros dos ¿Secuaces? Aparecieron. Uno bloqueó la salida, para que no escaparamos.

Seré honesta. El miedo no me permitió actuar, pero no sé si habría logrado absolutamente nada. Habría puesto en peligro a mis propios compañeros. Mis piernas temblaban y mi piel sudaba, cómo natural es. No debo avergonzarme de ello...

(La calidad del texto empeora en los siguientes párrafos)

Uno de los monstr secuaces me dijo que me quitara el casco. Que deseaba ver mi cara. Quería humillarme. ¿Debía haber seguido su juego? No lo sé, pero le respondí, quizá fue estúpido actuar de tal forma. Pero la presión podía conmigo. Me negué, pues estaban humillando mi honor. Aunque, de qué importa el honor cuando arriesgas la vida de otros. Creo arrepentirme.

Me preguntaron a quién servía, y debería haber previsto su respuesta. "Sierva de Kélemvor". El que me dijo de quitarme el casco se alejó, parecía asustado, pero desde luego no de mí, o del mismísimo Kélemvor, sino de Adathiel. Entró en cólera. Me culpó. El monstruo, a mí. Yo no le hice nada. Pero debería haberlo hecho. Si pudiera. No podía.

(El texto siguiente parece estar escrito con mejor caligrafía y cuidado que los anteriores)

Vista la situación, el desquiciado y lleno de ira no-muerto mostraba sus verdaderos colores, tras la máscata de hombre que gustaba vestir. Saqué mis armas, que guardé al tener que entrar. Si iba a acabar conmigo, al menos tenía que intentar darle la Muerte que le corresponde, aquella que su propia existencia desafía. Fuera de mí misma en aquel momento ya, y aceptando como no podía ser de otra forma el Destino que me pertocaba, alguien me golpeó con una fuerza inmensa en el abdomen, haciéndome salir por puerta de cripta.

Confusa, salieron mis compañeros gritándome de huir. Les obedecí en cuanto volví en mí, pero no lo lograría. Pasando frente a la fuente del campo santo los no muertos se aparecieron frente a nosotros. Titanicus intentó hacer entrar en razón al vampiro. Este balbuceaba culpas, alguien de mi clero acabó con "ella", fuera quien fuese. Probablemente alguna vampiresa. Ido de sí mismo, me "ofreció" una salida. Quería que lo abrazara y reconfortara.

El vampiro, cuyo corazón no volverá a latir. Deseaba de mí tal cosa. ¿Por qué? ¿Aquel juego le entretenía? ¿Le recordaba a aquella mujer? ¿De veras sufre su innatural existencia? No puedo afirmarlo con certeza. Y no debería importarme realmente. Le dí lo que quería, por mis compañeros, para que pudieran abandonar el lugar. El maldito (La escritura vuelve a empeorar, notablemente) perdió cualquier razón de ser y rió cómo maniático, y con una fuerza inhumana me aplastó, apretando mi espalda y rompiéndo en el proceso algunas de mis costillas. Titanicus hizo lo que pudo por separarnos, y finalmente el vampiro me dejó caer. Apenas pudiendo andar, mis compañeros me ayudaron a escapar del cementerio.

No puedo olvidar esa experiencia. Aún me hace temblar. Las primeras dekhanas posteriores solo oír hablar de vampiros me hacía sentirme mal, y al pasar frente al cementerio mi mirada se desviaba. No tenía fuerzas siquiera para entrar a plena luz del día.

Este no ha sido, por desgracia, mi único contacto. Tengo tantas preguntas y dudas. Pero escribir esto debería ayudarme a aliviar la carga.

Oh, Kélemvor, dame fuerzas para enfrentar aquellos obstáculos que encuentre en mi camino."


La joven suspira al terminar de relatar en el papel su experiencia más traumática. Pero mucho más queda frente a ella.
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 12 Feb 2020, 01:06 
Jinete ciego
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Esta nueva parte está escrita algo mejor que las anteriores, probablemente hechas en un periodo de tranquilidad por parte de su autora.

Tratando con mis demonios

El suceso no abandonaba mi mente. Mis cuerpo, fuera de la extenuación, se recuperó con prontura. No mi mente. Miedo, inquietud, nerviosismo, malestar al fin del día. Era con lo que he estado cargando, aún no lo saco de mi cabeza. Evitaba el cementerio, aunque en este haya un altar a mi Dios, no soy capaz de entrar a este. Mi mirada se pierde observando la entrada del cementerio...

No le temo a la Muerte. La Muerte es un paso necesario para todos, Humano, Elfo, Gnomo o Kobold, a todos nos llegará nuestro momento. Mi padre en paz descanse falleció cuando fue su momento, mi madre lo hará en el suyo. Y todos mis conocidos y queridos, yo misma incluida. Pero hay destinos mucho peores que la muerte. Los mismos no muertos son ejemplo de ellos: almas perdidas, que abandonan el flujo natural. ¿Y si yo acabara como ellos? Es lo peor que puedo imaginar, aferrándome a una no vida, llena de ira y resentimientos. Eso no es algo que podría dejar que me ocurriese.

Pero no tiene por qué ser una elección. ¿Cuántos no muertos han elegido su funesto destino? Lo desconozco, aunque más de uno será. Aún así, temer es humano, ¿No es cierto? Aunque acepte la Muerte, eso no significa que no sienta dolor, por las gentes y por mí. Incluso por aquellos que hoy en día son mis enemigos, que antes fueron personas cómo yo, con problemas, debilidades y virtudes. (La escritora parece divagar, no siendo muy clara ni concisa y saltando entre temas)


(Escrito algo más tarde que lo anterior)
Antes o después tenía que ocurrir. Evadí varios ofrecimientos de Arthal de ir al cementerio, pero no pude en esta ocasión. Bajo la luz del día, y acompañado por mis valientes compañeros Argentas fuimos al cementerio. Me bloqueé. No fui capaz de pasar apenas la entrada, me mareé y dije a mis compañeros que no me encontraba bien para entrar con ellos... Lo cual era cierto. Loto se ofreció a acompañarme, pues quería saber lo que me ocurría.

Contarle mi experiencia me hizo sentir mejor, además me recordó que hay muchos en los que puedo contar para que me recomforten: Aldien, Titanicus, Loto, Zelig o Arieden, entre más. Aparte me contó de algunas cosas que ella vivió, para usar de referencias al futuro. Me ofreció material útil para tratar con vampiros: espejo de plata, estaca, agua bendita y ajo. Le agradezco su comprensión, pues mi autoestima andaba por los suelos.

Aún no lo he superado; Soy consciente de ello, pero me siento con más fuerza que ayer. ¡Kélemvor, dale fuerzas a tu Sierva, pues mis tareas continuan!
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 16 Feb 2020, 15:32 
Jinete ciego
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Un nuevo escrito aparece en el diario, aunque parece haber sido elaborado con cierta distancia de los anteriores, y con una serenidad impropia respecto a lo cual relata. Probablemente hecho a consciencia en un momento de mayor paz para su autora.

Lamahstu

No solo moran el Campo Santo los no-muertos. Una noche salíamos yo y mi buen amigo Titanicus de la cueva situada en el Sur, guarida de un Templo a Malar en sus profundidades. Fatídico aquel día, al salir nosotros la luz ya había desaparecido, y ahí encontré a una mujer, de aspecto algo extraño, considerarle extranjera de Amn era fácil. Pero no guardo rencores ni miedos a lo que desconozco, la diferencia agita odios entre la humanidad e intento alejarme de tales prejuicios. Así pues, escuché lo que la mujer deseaba decir.

"¿No desea escuchar mi propuesta? Venga conmigo." Dijo la misteriosa dama; Ahí sí cometí mi error, la extrañeza del suceso debió alertarme más de lo que lo hizo. Titanicus, que se adelantó un poco volvió en mi busca, encontrandome en plena charla con la mujer. Debido a su mente abierta y curiosidad insaciable, decidió seguirla a la cueva, y aquí he de ser humilde y confesar mi propia debilidad frente al saber, también es mi naturaleza curiosa. Pero además, si algo raro se cocía, acompañarle era prácticamente mi deber. ¿Hubiera salido todo mejor si me hubiera retirado? ¿O mucho peor? Jamás lo sabré pues el Destino así lo quiso.

La mujer nos dijo su nombre sin ninguna reticencia, añadiendo un título que ofendió a mi persona: "Lamahstu, Señora de la Vida, Muerte y Resurrección" se otorgaba a sí misma. Nada más lejos de la realidad, solo se trataba de un no-muerto con sus delirios de grandeza, deseando ser algo más de lo que son, pecadores que se arrastran y sujetan al mundo terrenal sin aceptar el flujo que la vida ha de tener.

Preguntó sobre nuestra fé, y aunque durante unos segundos fui capaz de verlo en sus ojos: la ira y sed de venganza brillaron sobre sus ojos al pronunciar el nombre de Kélemvor. Parece que es la única emoción que queda en sus inexpresivos cuerpos, el odio sin fín. Peor aún, creen que nosotros, kelemvoritas, sentimos un odio similar contra ellos. No pueden estar más alejados de la realidad, si los míos, entre lo que me incluyo (Pese a mi falta de valor y capacidad), somos "Cazadores de la No Muerte" no es por un desdén a ellos, sino por la compasión a ellos y a quienes atormentan; Ellos no encontrarán la Paz aferrandose a la No Vida, y únicamente traen la tragedia a los que han de proseguir con su existencia, pues la Muerte llega a su debido tiempo.

En ese momento, de forma tardía y torpe por mi parte, mi sospecha se acrecentó lo suficiente para intentar determinar con qué exactamente estaba tratando, y alcé a un espejo de plata que guardado tenía para comprobar si aquel ser era un vampiro. A lo que yo me dediqué a ello, la mujer realizó unos exóticos movimientos acercándose a mi compañero, alabando su fuerza y ser. Hipnóticos eran sus movimientos, y la mirada de Titanicus se perdió en aquel ser, que en ese momento descubrí que efectivamente se trataba de lo que más temía. El miedo se apoderó de mí, y me congelé.

Muy tarde, y lo sigo lametando, ya no podía hacer nada. Agarró del mentón el monstruo a mi buen amigo y le susurró viles ideas, conectando ambos su mirada. "Ella no es tu amiga", "¿Acaso no te odian por lo que eres y representas?" y "Únicamente quieren usarte por tu poder y fuerza, no confies en ello", todas esas pérfidas ideas para vovler en mi contra. Y funcionó. Titanicus alzó sus armas, contra mí (El trazo empeora un poco, y por alguna razón parte de la tinta está corrida)incapaz de escucharme o razonar. Fue terrible de vivir, para mí y para él. "Mátala" dictó sin ningún remordimiento aquella bestia de lo noche, cuando seguro ella el mismo monstruo podría haberme despedazado sin mayor dificultad. Se entretenía, pues su Alma es incapaz de alimentarse de más que el dolor y el miedo.

Saqué mí escudo sin tiempo prácticamente para detener el impacto de Titanicus, que golpeó con una fuerza que yo jamás podría detener, mi brazo izquierdo quedó entumecido del mismo impacto, pero lo peor fue el golpe que dio en mi propio hombro izquierdo, mi hombrera se me clavó y mis piernas cedieron. Apenas pude soportar aquello y muy poco fue el margen que tuve para actuar en consecuencia. Jamás podría derrotar a Titanicus, y ni siquiera era mi objetivo. Pero no podía perecer allí, pues no era mi momento, o eso quiero pensar. Además, si Titanicus hubiera acabado con mi vida, sé que jamás se lo perdonaría a sí mismo. Debía salir de allí, era lo único que podía hacer.

Dí un paso atrás, apreté los dientes para soportar el dolor de la herida y dirigí la mirada a mi compañero, fuera de sí mismo. Clamé por Kélemvor, Orando por su intervención para detener esta locura y mis plegarias debieron llegar a él, pues fuí capaz de canalizar el Milagro de Inmobilizar sobre el enfurecido Titanicus. Sali corriendo del lugar, tratando mi herida lo mejor que pude en la misma huida. Ayuda era lo que necesitaba, aunque haya quien me pueda recriminar abandonar a mi amigo la situación estaba fuera de mis manos.

Admito mi falta de autocontrol, pues tras abandonar el lugar corrí gritando y clamando por ayuda a todo aquel que encontraba. Dan y Aldien fueron los primeros que encontré, junto al Hospicio, que se dirigieron a la cueva. Sentí luego que los mandé a la muerte, pero por quehaceres del destino no les ocurrió nada. Luego, en la posada de llanos encontré a Johanne y Adellian, que fueron a ayudar. Sé que más fueron los que se dirigieron, pero apenas puedo recordarlos.

Al poco tiempo volvieron todos los que fueron, Titanicus había sido mordido y tenían que examinarle. Sólo le succionó sangre, por suerte. Me interrogaron, como no podía ser de otra forma, respecto a todo lo ocurrido. Sé que alguno dudaba de mis palabras, pero dado lo que ocurrió a Titanicus, ¿Cómo podrían cuestionarme?

La noche acabó de forma muy tensa, y los ánimos estaban muy caldeados, Aldien entre otros parecía estar muy enfadado. Sé que son muchos los detalles que se me escapan, pero dado la traumática situación que viví poco puedo hacer al respecto.

Mucho me da a pensar este suceso, sobre el gran problema que suponen especialmente los vampiros. Titanicus no es un hombre débil, ni de cuerpo ni de mente, pero aún así tampoco pudo oponerse en gran medida al monstruo. Algo se ha de poder hacer... Yo debería ser capaz de apoyar en lo posible.

Oh, Kélemvor, guíame para ser capaz de salvar sus Almas y permitir que los Vivos continuemos con las nuestra.
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 21 Feb 2020, 19:18 
Jinete ciego
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Los siguientes textos están escritos uno tras otro, entrelazados y formando parte de los mismos sucesos.

Desconocido frente al Cementerio

Parece que "algo" tiene una fijación conmigo. A plena luz del día, con el cielo despejado un hombre de tamaño considerable se acercó requiriendo mi "asistencia", en el mismo cementerio, estando nosotros frente al Hospicio. Sus razones fueron poco claras, y bien podría haberse tratado de cualquier cosa, pero fue extraño sin duda. Sin embargo, trató de utilizar un sortilegio sobre mí usando una varita.

No sé que habría ocurrido si no hubiera estado acompañada, pero por fortuna Dan me acompañaba y Zelig apareció. Aún tras haber fallado intentando hechizarme, parecía aún algo dispuesto, estando yo con mis compañeros, pero una mujer (Cuya identidad desconozco) apareció y por alguna razón se lanzó tras el misterioso hombre.

Por consejo de Arthal, decidí denunciar a la guardia los sucesos, haciéndome algo antes con la ciudadanía de Amn, por si fuera necesario. Obviamente esto no prospero, y no se trató de mucho más que un informe en cuanto a lo sucedido.

En cuanto a mí, yo me pregunto... ¿Por qué? Quizá quieran herir al Alba Argenta, pero fuera de ello yo no tengo ni la importancia ni el valor suficiente para que alguien quiera algo conmigo. Los únicos que tienen algún tipo de razón para ello es el odio desmesurado que poseen los No Muertos frente a mi clero. En cualquier caso, no he de amedrentarme.





El siguiente fragmento fue escrito con algo de mayor prisa y con un nerviosimos comparable a algunos de los primeros textos del diario.

Conmigo quiere jugar

El condenado apareció frente a mí, cuando hablaba con mis compañeros frente al Hospicio. Quería hablar conmigo, así pues debió ser este desg quien utilizó a aquel hombre para intentar raptarme, secuestrarme, captarme o lo que fuese.

Sin tapujo alguno me amenazó. Si no iba a verlo, otros lo pagarían. Dijo que acabaría con quien le placiera cómo forma de coartarme. Niños de los barrios podrían amanecer sin vida alguna, entre otras vilezas. ¿Cómo puede ser algo que fuera humano tan rastrero? El probablemente tenga la capacidad de capturarme en cualquier momento, pero eso no es lo que esa bestia desea. Le debe importar poco lo que "tiene que hablar" conmigo, simplemente desea divertirse viendo como caigo en su juego.

Pero aquí quedo yo. Lo que para el es un juego, no lo es para mí, pues cómo puedo yo cargar sobre mi conciencia que se les robe en el momento inadecuado a jóvenes almas su futuro. No es su momento de perecer, y no es él no muerto quien lo decide. Mis compañeros, de buen grado y juicio, me aconsejan alejarme todo lo posible. Pero que más opciones tengo... No es que yo quiera ni desee verlo. Le temo, aunque mi Fé no flaquee mi cuerpo difícilmente hace lo que debería. Ante su aparición apenas pude alzar mi símbolo Sagrado. Patético, lo sé, me compadezco de mí misma.

No sé que haré, y si soy sincera no estoy segura. ¿Por qué soy tan impotente, Madre? Padre hubiera actuado en todos los casos con valentía y rápidez, y Kellam me instruyó con verdadero sudor y corazón. (Algunos balbuceos adaptados al papel continúan, con mayor incoherencia.





Un texto nuevo es escrito por la joven. En el trazo no se divisa el común nerviosismo o trágico enfoque personal de Lilith, sino una falta de energías y cansancio aparente de esta, contrastable por lo escueto de lo que probablemente sea una historia con muchos más detalles...

Encuentro con el Segador

Como suele hacer, el vampiro apareció en la noche en el mismo cementerio. Mi primera reacción fue entrar al Hospicio, pues qué podía hacer más que oír sus amenazas, y me siguieron los que conmigo estaban. Pero tras hablar un poco dentro, Dan decidió (De forma muy imprudente) salir a buscarlo. Aldien le siguió, para no dejarle meterse en la boca del lobo en solitario. Al parecer cuando fueron a conversar con este, Caladhron también fue con ellos.

Al no volver, decidí intentar adentrarme, con una joven llamada Alice acompañada de un tal Valanar. Zhark me incitó a ir a resolver mis dudas interiores con mi mismo terror, pero cuando encontramos la cripta no conseguí armarme del valor suficiente y huí, encontrado a un esqueleto a la entrada del mismo cementerio. No recuerdo ni de qué hablaba, y poco me importa, mi cuerpo poco más podía soportar.

Así pues, acabé encontrando a Johanne, que junto a otros (Intenta enumerar las personas que participaron, pero decide tachar los nombres al no recordar a todos) acabaron diciendome de ir. Así, suficientemente acompañada entré a la cripta donde se encontraba el insepulto. Probablemente jamás me hubiera armado del valor suficiente si no hubieramos sido el número que eramos, eso me hacía sentir con algo de más fuerza.

El monstruo preguntó, por qué era kelemvorita: Si para cazar No Muertos o Guiar las Almas de los fallecidos. Esa fue la razón por la que quería hablar conmigo. Absurdo. Ambas eran la respuesta correcta: Los No Muertos son Almas que necesitan guía, pues se aferran a un mundo del que ya no deberían ser partícipes. Eso le pareció suficiente y me dijo que "Agradecía mi sinceridad". Rídiculo. ¿Por qué se ríe de mí de esta forma?

Kélemvor, juez Justo. Su eternidad es efímera, y haré lo que esté en mi mano para que ellos den el paso que con toda su voluntad se niegan a dar. Doy promesa de ello ante tí, aunque me tome la vida conseguirlo.


El texto cierra de forma algo abrupta, terminado en el encabezado de una página, pasando a las siguiente el siguiente fragmento...
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 26 Feb 2020, 18:17 
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En otra parte del diario, pasada la mitad del libro, texto aparece escrito, muy separado de los primeros. Parece que la escritora decidió añadir nuevas temáticas que no contempló al principio, o quizá tomó el gusto a expresarse negro sobre blanco...

Ofreciéndome a la Espiral de las Almas

Llevo ya un tiempo rondando por Amn, y aún con los altos y bajos puedo asegurar que ha sido toda una experiencia. Sin embargo, he de decir que añoro en parte la tranquilidad y serenidad singular de compartir momentos con los Hermanos y Hermanas del clero. Son pocos los fieles del Juez en estas tierras, pero por suerte Loto me mostró la Espiral de las Almas, Catedral dedicada a Kélemvor.

Buscando profesar mi Fé de forma más activa, pedí una cita con el Padre Darvin Alba, Sumo Sacerdote. Así pues tuve mi audiencia con él hoy, para presentarle mis respetos cómo para ofrecer mis servicios y ayuda en todo lo necesario. He de decir que estaba bastante nerviosa, estas situaciones me remueven un poco las entrañas, pero creo que ofrecí una buena impresión. Noa estaría contenta de mi comportamiento y etiqueta.

En cuanto al encuentro, Darvin parecía contento de mi aparición, y gustoso de que cómo fiel del Juez pudiera ayudarle en las tareas comunes del oficio. Le comenté que aún soy una Sacerdotisa novicia, pero aún así decidió aceptarme en La Espiral.

El Sumo Sacerdote me indicó que orara por el Señor de Los Muertos, ante el Altar dedicado a él. Dediqué mis plegarias a este, mientras Darvin se dirigió a, imagino, recoger algunos objetos. Tras la vuelta, me nombró Sacerdotisa de la Espiral de las Almas, dejando oficialmente de ser una novata. Me llenó de orgullo, y me entregó un Símbolo Sagrado el mismo, el cuál guardaré con especial cuidado, en la funda de cuero en la cual me fue entregado. He de estar a la altura de lo que se espera de mí.

De esta forma, me indicó que contaría en mí para apoyarle en las misas, e incluso presidir alguna si se daba el caso, y que con los permisos pertinentes, podría predicar la Palabra de Kélemvor en la calle. He además de Guiar a los fieles que acudan a mí, labor en la que pondré todo el empeño posible por mi parte.

¡Kélemvor, Juzgue los Actos que lleve a cabo, pues su Sierva soy y por Usted trabajo!


De esta forma concluye el escrito, para el cual se ha dedicado un mayor cuidado y limpieza comparado a otros anteriores. Casi puede notarse el entusiamos de la autora...

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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 29 Feb 2020, 14:26 
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Fuera ya del uso por el que pensó Lilith de dar al diario, comienza a anotar los sucesos remarcables que vive...

Incendio en la Universidad

Un fuego tomó la Universidad Mágica de Edive, llegué a ella acompañada de Dan y Aldien, encontrandonos a otros viandantes que acudían a ayudar. Los magos eran afortunandamente rápidos en reacción y eficientes en la evacuación, pero aún así Elementales de Fuego surgían de lo que imaginabamos y posteriormente descubrimos que era el foco.

Entre mis compañeros, fueron llegando otros a sofocar la propagación como fueron Edward Mansteim, Erven o un tal Cass. El origen se encontraba en un despacho, el mago Erven al parecer tenía una llave pero no funcionaba, pues había sido trastocado el cerrojo de esta puerta por dentro, y según Cass además fue forzada anteriormente. La escena del interior era dantesca, una persona había sido completamente calcinada.

Las teorías de qué podía haber ocurrido volaban nuestras cabezas, y Erven estuvo discutiendo con Draconeo, que llego tras entrar nosotros al despacho. Al parecer, aquel hombre no era el dueño del despacho sino un ajeno, cuya identidad no logramos dilucidar finalmente.

Johanne vino mientras discutimos, y junto a ella examinamos el cadaver (Yo estuve ayundandole, pero ella es toda una experta). Se trataba de un elfo, y como algunos especularon antes tenía algo entre sus manos que originó el fatal incidente, pues las quemaduras de los brazos eran distintivas.

Se sugirió que preguntaramos a la víctima sobre lo ocurrido. Johanne dijo que realizara yo el rito de Hablar con los Muertos, pues entra dentro del ámbito de los kelemvoritas cómo yo. Aunque esto es bien cierto, he de admitir que nunca antes lo realicé, aunque sí que asistí a más de uno de ellos. Sin embargo, no iba a negarme ni mucho menos, dañaría la imagen de la Espiral de las Almas y con ello la confianza que Darvin depositó en mí.

Tomé el calcinado cuello y mentón del fallecido, rogando al Juez que el Eco de su Alma tomara consciencia por última vez. Fijé la mirada en las cuencas de sus ojos, y temiendo que el estado del cuerpo impidiera cualquier interacción, alcé su cuello. Atendió a mis Plegarias, y en una terrible visión respondió, con dificultades, las preguntas que les lanzaba. He de añadir, que concentrada en mantener su cuerpo con nosotros, no atendí demasiado a las cuestiones que planteabamos. El ritual me dejó agotada, el olor a quemado y la ceniza que se adhirio a mi armadura era algo desalentador. Pero cumplí con mi función, y de ello estoy orgullosa, espero además que el Señor de los Muertos sea justo con el destino de aquel hombre.

Acerca del suceso... Al parecer había una gema que buscaba el fallecido e intuimos fue el detonante, Aldien tejió alguna teoría al respecto, algo sobre un portal o demás. Pero esas cuestiones quedaron fuera de mi cabeza, pues yo me encontré demasiado absorta en mantener el Rito funcional.

Por mi parte, espero que los heridos por el fuego se recuperen con prontitud, y si es posible se resuelva lo verdaderamente acontecido.


... Y de tal forma concluye el relato.

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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 15 Mar 2020, 22:16 
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Un escrito nuevo aparece a puño y letra de la autora.

Lo que se ha de evitar

Hace unos días apareció un joven adolescente en llanos, buscando a su padre. Los guardas no le prestaban atención, y parecía que el adolescente se metería en problemas por su actitud con la guardia, pero se acercó al grupo que hablábamos en llanos, en búsqueda de ayuda.

Su padre parecía ser un alcoholico, y algo irresponsable dejado de su paternidad. Pero, tras encontrar a su progenitor en la Luz de Alandor, descubrí las razones del comportamiento de este. El pobre padre llamentaba la pérdida de su esposa, a lo cual busqué enseñarle que no es necesario apegarse a los fallecidos, aunque se les haya que mantener el debido respeto. Sobretodo era necesario porque su esposa, en paz descanse, desearía que mantuviera el amor y cuidado de su hijo.

Sin embargo, algo ocurrió de lo que yo desconocía. El cuerpo de su esposa fue profanado, robado del cementerio de Athkatla. Me enfureció oír que tal cosa había pasado, mi dificultad para patrullar el Cementerio... Quizá podría haber evitado que ocurriera. El hombre, al percatarse de mis símbolos, me agarró exijiendome explicaciones, pues es mi deber evitar cosas como estas ocurran. Me disculpé, pues el hombre llevaba razón.

El viudo marchó para irse con su hijo, que aún siendo joven afrontaba con fuerzas la díficil situación que vivía. Es un ejemplo de la voluntad que pueden poseer las personas. Me disculpé con el por lo ocurrido, y le pregunté por el nombre de su madre, pues deseaba hacer algo por su Alma. Prometí ir al cementerio a Orar por ella. Leane Berry era su nombre.



Así pues, hoy tomé fuerza y me acerqué al Cementerio durante el día para Orar por ella, pidiéndole a Kélemvor que cuidara de su Alma y ayudara a guiar a sus familiares, que aún ha de continuar con su Vida.

Pedí a Dan que me acompañara, pues aún tengo cierta dificultad de entrar al cementerio. Agradezco todo lo que ha hecho por mí hasta ahora.



De esta forma, fui a Orar al Altar del Juez ubicado en él.



La noche empezó a caer, pues tardé tiempo, de forma que salimos rápidamente del cementerio, pues era peligroso y además, podríamos tener problemas pues el Permiso del Enterrador está juego. Por suerte, no tuvimos altercado alguno.

Juez, Apiadese de las Almas de los Muertos, y vela por la Vida de los que aún no lo estamos.

El escrito al respecto termina...


Última edición por Xakonero el 19 Mar 2020, 18:57, editado 1 vez en total
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 19 Mar 2020, 18:56 
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Nuevos relatos son escritos en el diario. Este en particular tiene, en la pagina siguiente, adjuntada una carta que puede retirarse para leerse...

Carta dirigida a La Espiral escribió:
Bienhallado seas Padre Darvin,

Envio este mensaje para poder tener una reunión de suma importancia con usted. Imagino habrán llegado a sus oídos las noticias de la organización de una Cruzada frente a la No-Muerte, la cual se dará con prontitud.

He participado en una reunión al respecto del tema con La Orden del muy Radiante Corazón, yendo en calidad de miembro del Alba Argenta y como representante del clero kelemvorita, y he informarle que la Orden contó conmigo para solicitar refuerzos por parte de los nuestros, en especial la participación de La Guardia Fúnebre.

Como Sierva del Juez, aportaré todo lo posible en esta lucha sin duda alguna, y opino que es el momento de que Amn recuerde la importancia de nuestros deberes demostrando la capacidad de enfrentar a las innaturales fuerzas de la oscuridad.

Así pues, como humilde Sacerdotisa de la Espiral de las Almas espero poder tener audiencia con usted para comentarle los planes que se están organizando y ver cómo podría nuestro Clero participar en esta lucha.

PD: La Orden Eterna ya está tomando hospedaje en Minsorran, pero dada la magnitud de nuestra empresa todo recurso será poco.

El Juez nos guíe a Prevalecer
Firmado: Lilith Adalar Sylfai


El Comienzo de una Cruzada

Los miembros del Alba nos hemos dividido para atajar las dos amenazas que rondan y parecen haberse juntando. Por una parte, una buena parte de los compañeros ayudarán a enfrentar a los Navegantes de las Estrellas, aquellos seres que llaman Illicidos. No sé mucho al respecto de ellos, pero tras ser atacados en la boda de Crella y Ron por estos seres sé que no son enemigos débiles ni comunes.

Por otra parte, el resto aportaremos dentro de lo posible en la Cruzada. Hay una opinión muy fuerte dentro del Alba considerando que no era el momento de enfrentar a los No Muertos con el gran problema de los Illicidos, pero en este punto hay que apoyar con todas nuestras fuerzas. Mi deber es enfrentar a estas retorcidas criaturas, de las cuales tengo conocimiento, pues desconozco si por mi parte podría siquiera ayudar detener a los Illicidos.

Entrando ya en materia, mandé una carta a Darvin para reunirme con el, pues la Orden del Muy Radiante Corazón confió en mí para reclutar ayuda de La Espiral de las Almas. Dejo aquí una copia del mensaje que envíe para tener un recuerdo de él.

Me reuní de forma urgente con el Padre Darvin, el cuál me recordó de forma muy sabia que hemos de mantener nuestras tareas no únicamente enfrentando a los No Muertos, sino también cuidando de los que aún viven. ¡Oh, Juez, pérdoname si me estuve desviando! Esto es algo que no he de olvidar.

Al parecer, hubo una Sacerdotisa de Kélemvor que perdió el norte o algo parecido. Oí de ella en una intrucción que impartió Arkanthos, y al parecer la mujer era aprendiz de una tal Shamaelthalar, y cuyo nombre es -o era- Brynhild. Desconozco tal situación, pero he de decir que siento la imperiosa necesidad de aprender al respecto de ello. Sin embargo, temo que no debería preguntar a Darvin al respecto del tema.

Imagen[img]blob:https://imgur.com/046c3d49-a649-4907-8677-2ed15942ddac[/img]


En cualquier caso, Darvin me afirmó que reclutaría a los voluntarios que pudiera, pero esperaba que por mi parte me dirigiera a Kalanthyr para ayudar a los habitantes del asentamiento a recuperarse del terrible incendio que sufrieron. Condolencias a los familiares, tratar el cuerpo de los caídos, y ayudar a que puedan continuar son las tareas que me han sido encomendadas, así pues iré de forma temprana para llevarlo a cabo. Por la Cruzada y por las gentes de Kalanthyr.

Kelemvor, ¡Aún me queda mucho por aprender, pero esta Sierva hará todo lo necesario!


... Y de tal forma concluye el relato.
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 04 Abr 2020, 13:53 
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Un texto nuevo aparece, una lectura concisa revelaría que la escritora acababa de pasar un duro momento por el trazo, mucho más inseguro que relatos anteriores.

Kalanthyr, pueblo en desdicha




Kélemvor, Juez imparcial, dame fuerzas. (Escribió como epílogo)





Fuimos a Kalanthyr, tomé ayuda de Titanicus, Arieden, Dan y Arthal. El guardia nos saludó, es un semiorco que estaba la vez que vine junto a Adellian y Elhedir. Parecía haber sufrido alguna herida proveniente de quemaduras, reconoció a Titanicus pues el estuvo ayudando en el caso del incendio. A mi me recordaba de vista, por la última vez, cosa que me sorprendió. Nos comentó que se oían ruidos extraños, por lo que echaríamos un vistazo al respecto.

El aspecto del pueblo era triste, pero el esperable. Casas derruidas, escombros por retirar, pertenencias desperdigadas y habitantes formando pequeños campamentos para descansar.

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Al entrar a este, vimos la moral por los suelos. Los ciudadanos cargaban cansados con materiales de reconstrucción y demás, por lo que decidimos poner a Kaoh y Raoh, compañeros de Titanicus, a ayudarles con las tareas pesadas, para que pudieran descansar.

Notamos los cadáveres apilados en los carros al fondo. Era algo nausebundo pues habían fallecido calcinados, pero no habían tenido el tiempo para realizar sus ritos funerarios, los cuales si no erro eran el común costero de enviar sus fallecidos al mar. Sin embargo me temía que no era únicamente la falta de tiempo lo que no les había permitido darles descanso. Posteriormente descubriríamos de que se trataba.

Temiendo por los ruidos que nos comentó el guarda, indiqué a Arieden, Titanicus y Dan echar un ojo por los alrededores mientras me ocupaba de los que necesitaban mis servicios, acompañada de Arthal.

Últimos Momentos


Los habitantes me comentaron acerca de los Smith, puesto que al parecer habían sufrido gravemente por el incendio, nos indicaron la casa de ellos él, fuimos y llamamos. Nadie contestaba, por tanto nos tomamos la libertad de entrar. La casa mantenía su estructura, pero aún así su estado era nefasto, y al final del pequeño hogar se encontraba un hombre tumbado sobre lo poco que tendría para descansar.

El marido de los Smith, delirante era incapaz de mantenerse plenamente consciente. Su cuerpo se encontraba en mal estado, pero aún peor, su estado mental había sido afectado también. El trauma que se sufre por un suceso tan impactante como un incendio no es poco, además era obvio que aquel hombre no había perdido poco.

"Barbara..."

Esas eran sus palabras dirigiendose a mí. Tras insistir algo, deduje que se trataba de su mujer. Pedí que se tranquilizara y descansara, yo me ocuparía de lo que hiciera falta. Realicé un concienzudo examen de su situación, estaba peor de lo que podía aparentar a primera vista. Deshidratado y sin haberse alimentado por días, estaba débil, fiebre alta y las quemaduras habían alcanzado nervios vitales. Aquel hombre no sobreviviría con ningún tratamiento ordinario.

Aún así podía ser salvado, con las Bendiciones de los Dioses su vida podría continuar. Pero, ¿Cuál era el precio por extender su vida? Las deformaciones causadas por el fuego no desaparecerían, un dolor de carácter crónico le acompañaría durante el resto de su vida, el tratamiento debería ser continuo... Además, se enfrentaría a todo ello junto a la frustración de no haber podido salvar a su amada, de haber perdido prácticamente su hogar. Seré sincera, aquello no es algo a lo que yo llamaría Vida.

Quizá habría quien me recriminara mis acciones, aún no sé si Arthal estaba de acuerdo con mi decisión. Pero yo estaba segura completamente de lo que hacía. El tiempo de ese hombre había llegado, prolongar su vida hubiera sido un error e incluso una tortura. Solo tenía una opción, acompañarle en sus últimos momentos procurando la más digna Muerte.
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Le expliqué brevemente la situación en la que se encontraba, tomando su mano. Barbara ya no estaba, pero no debía preocuparse por ello ni lamentarlo, pues pronto se reencontrarían. Tomé su mano, la cual el tomaba con fuerza. Al contemplar mis símbolos sagrados, llegó a comprender la situación en toda su extensión. Aceptó la realidad y, para mi recomforte, me agradeció la compañía. Le recosté cuidadosamente y Oré al Juez para que se apiadase de su Alma. Fue duro, y no son muchas veces las que he acompañado a personas en sus últimos momentos, pero he de decir que cuando ellos aceptan con naturalidad el destino, cuando el peso de la duda y el terror desaparece, yo también puedo sentir la Paz que ellos experimentan.

Así pues salimos de la casa, donde fui cargando con el cuerpo del hombre. Para desgracia nuestra, aquí no quedaría el día.



Aquellos que fallecieron trágicamente

Apenas al salir, los habitantes no fueron muy sorprendidos al verme cargar con el cuerpo del hombre, pues se temerían que ello ocurriera. Pero uno de mis compañeros vino a prisa a buscarnos, pues algo había ocurrido mientras patrullaban: el origen de los ruidos.

Dejé el cuerpo a buen recaudo y marché a prisa. Restos de No Muertos. Se trataban de Ahogados, víctimas de hundimientos o muertes de aquellos que tuvieron la mala fortuna de ser atrapados en el mar. Me sentí estresada, esta era la fuente de los extraños ruidos y la razón por la cual no podían enviar a sus muertos. Me acerqué un poco al mar para mirar (Si bien admito que fue temerario) y observe en el fondo del mar a un canino, al parecer fue arrastrado por los No Muertos. Al menos no se trató de una persona. Y cuando pensaba que podría centrarme en tratar este tema y ayudar con los ritos funerarios, una alarma saltó...

Ataque Muranita

Un guardia avisaba de un ataque inminente de muranitas, así pues salimos corriendo para enfrentarlos. Por suerte no era especialmente numeroso y pudimos derrotarlos, pero temo que los dos guardias que defendían la entrada cayeron en combate antes de que pudieramos apoyarles. El terror comenzó a extenderse por los ciudadanos del asentamiento, por lo cual fui cargando con el caído guardia.

He de decir que el comportamiento de Arthal en esta ocasión alteró mis nervios, yo ya (El trazo se vuelve algo más errático) casi no podía más. Quizá fue un error mío cargar con el cuerpo del guardia, pero innecesariamente en aquel momento Arthal comentó lo de los No Muertos, junto al recién acaecido ataque de Muran, tras el incendio del cual no se habían recuperado. ¡Claro que se extendió el miedo entre las pobres gentes! Arthal se marchó con Dan y Titanicus para mantener vigilancia por si el ataque continuaba, quedándose Arieden conmigo intentando tranquilizar a los asustados habitantes, que deseaban abandonar Kalanthyr. (Arieden sin embargo le cuesta hablar con multitudes, por lo cual no pudo hacer demasiado, no le culpo pues yo misma estaba que iba a colapsar)

Gracias a los Dioses, con el apoyo de algún ciudadano entraron en razón. Pero no acabó ahí, ¿Por qué todo continuaba empeorando? Apenas pudiendo arreglar el caos en la ciudad, Titanicus vino a decirme que había MÁS muranitas. Como pude, fui a la entrada para ver si podía solucionar aquello.

Gnolls habían venido reclamando los cuerpos de sus caídos, "rebeldes" y "traidores" los llamaban. No llevaban las armas en mano, aún así Arthal no quería que se llevasen sus cuerpos. Entendía lo que quería decir, sobretodo tras el ataque. Pero qué diablos, no era el momento ni el lugar, despertaríamos la furia de los muranitas en aquel momento frente al ya suficientemente afectado pueblo.

Les indiqué a los Gnolls que se marcharan con los cuerpos, simplemente que dejaran en paz a Kalanthyr era más que suficiente. Ya no podía más. Necesitaba un descanso, aquello fue demasiado. Por El Juez, nada más ocurrió, pues ya fue más que suficiente.

No deseo pensar que podría haber ocurrido si no fueramos ido a Kalanthyr ese día. Kélemvor, tu Sierva te afirma hizo todo lo posible en su mano, aun si siento las debilidades que a veces me plagan...


El texto termina, siendo la intensidad de este superior a los anteriores. Sin embargo, si alguien hubiese visto a la escritora terminar el relato hubiera observado que aún agotada, esto le había ayudado a deshacerse del estrés que le afectaba.

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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 08 Abr 2020, 13:36 
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Una reflexión corta se abre paso en el ya veterano diario, guardando los muchos pensamientos de la joven kelemvorita.

Brynhild

He de confesar que cedo fácilmente frente a la curiosidad. Desde que oí hablar de Brynhild de boca del propio Arkanthos la duda se ha apoderado de mí. ¿Quién era? ¿Qué hizo? ¿Por qué lo hizo? Necesitaba saberlo. Siento dejarme llevar en parte, pero no creo que sea incorrecto buscar el conocimiento y aprender de ello.

Todo lo que sabia era lo siguiente: Brynhild era una mujer aprendiz de Shamaelthalar y además Sierva del Juez de la misma forma que yo. Pero sin embargo, abacó transformándose en una vampiresa. ¿Qué puede llevar a alguien de los míos a acabar de tal forma? A mi entender, un vampiro podría buscar transpasarnos su maldición de forma hostil y vengativa... Sin embargo, por la forma que me fue contado ese no fue exactamente el caso. Su Fé y mente cayeron.

Es algo que me cuesta imaginar, pero esa parece ser la realidad.



Finalmente, decidí preguntar al respecto. No podía hacerlo con Darvin, así que recurrí a Arthal. Sé que lleva bastante tiempo en Amn, además de estar versado en temas de la No Muerte, por lo cual quizá podría explicarme más en detalles al respecto.

Conjuró Pasión (Siempre le da por llamarle así) Mansión de Modekainen para hablar del tema en privado. Ciertamente Arthal abusa de este conjuro un poco, aunque si bien es cierto que es más seguro. En cualquier caso, le pregunté si conocía de Shamaelthalar y sus aprendices. Mencionó una tal Anith, pero ni la conozco ni venía a preguntar por ella.

Al parecer, Shamaelthalar era un Sacerdote de Labelas y miembro del Azote, siendo esta organización dedicada a la lucha frente a la No Muerte. Perdió el favor de los ciudadanos de Crimmor y acabó exiliándose de Amn. Una pena que tal cosa ocurriera, ciertamente.

Cuando le mencioné a Brynhild, me dijo que se temía la pregunta. Estaba al tanto, de forma obvia. Efectivamente, era una Sacerdotisa del Juez que acabó transformandose en vampiresa... En un No Muerto, al fin y al cabo. Según Arthal, era solo una idiota y poco más que una novicia a sus ojos, sin nada más resaltable que su caida. Además parece que hubo una historia ""Romántica"" tras su caida, oirlo me provocó un gran disgusto. De todas formas Arthal remarcó que él no vio con sus ojos aquello, pues no se encontraba por Amn, aunque sí conozca las historias.

Por otra parte me añadió algo que me molestó algo, no por él sino por otros. Al parecer la tragedia de Brynhild es usada para mancillar a mis Hermanos y Hermanas, por nuestra supuesta falta de Voluntad. Es obvio que ese no era el motivo por el cual Arkanthos lo mencionó, de ello estoy segura, pero me parece cuanto menos retorcido pensar que hay quienes utilizan tal tragedia para atacar a nuestros nobles propósitos.



En cualquier caso, de igual forma que a Arthal no me interesan los detalles de la relación que tuviera la hereje con los monstruos antes de pasar a ser uno de ellos. Yo, Juez sea testigo, jamás aceptaría tal cosa. Si acabara transformada, maldita, sé lo que he de hacer. Permitir que el Sol borre mi existencia, pues temo aún no existe forma alguna de revertir el estado.

Y me niego en Cuerpo y Alma a No-Vivir como una bestia.


De forma algo abrupta acaba la página escrita por la Sacerdotisa.

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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 09 Abr 2020, 15:11 
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En una escueta nota, perdida y casi escondida en el diario...

Flores

Dan estaba buscando mi flor favorita, y tras un largo tiempo, dio con ella.

Es una preciosa flor, que él me ha regalado. Y yo pienso atesorar.

Me confesó su amor por mí. Al fin, pues yo no podía.

Yo también le quiero a él, y así le hice saber. ¿Dónde acabaré? Eso es lo único que no sé.

*Escrito con tinta más reciente, aparece...*

Y así acabó.

Aquí me llevó.

A otra parece dedicar su devoción.

¿Pero es él a quien yo dediqué todo mi corazón?


*El corto añadido termina. Por alguna razón, la tinta de esto está algo corrida*


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Última edición por Xakonero el 11 Jul 2020, 21:15, editado 1 vez en total
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 22 Abr 2020, 20:33 
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Hay varias páginas de relatos poco interesantes, resumiendo las largas y cansadas guardias frente al Hospicio. Algunos se nota que fueron escritos estando ella bastante agotada, y otros en mejores condiciones. Sin embargo, descata un altercado.

Escaramuza en el Cementerio
La Orden, junto varios aliados cómo Anskar, Mika y demás, por supuesto acompañados por nosotros, el Alba Argenta, decidió realizar una batida por el cementerio. Por la mañana, temprano, salimos.

Fue realmente un encuentro muy fortuito, al poco de acercarnos al Cementerio, una mujer llamada si no me equivoco Astrid avisó de que habían no muertos, y en tropa entramos.

Allí había un grupo peculiar. Por una parte, un tipo con máscara esquelética que nos paró en una ocasión patrullando el cementerio y acompañaba otras a Adathiel; Un hombre enfundado en armadura completa que hacían llamar castigo, un extraño tipo enmascarado que actuaba cómo si fuera un idiota, un no-muerto y otro tipo más al fondo que no pude ver con claridad.

Tuvimos una intensa conversación que no iba a ningún sitio, pues reclamaban que el cementerio "les pertenecía en la noche", algo claramente impensable y completamente falso. Su existencia no tiene cabida, pues no están vivos ya. Finalmente, ya que no aceptaban marcharse, los enfrentamos.

He de puntualizar que la batalla fue frenética, brutal y muy justa. El tipo que llamaban Castigo era inmensamente poderoso, Erik se lanzó directamente contra él y la escena me subió la adrenalina cómo pocas veces. Yo hice mi labor, apoyar con mis Plegarias al Juez a mis aliados y principalmente Sanar las heridas que se abrían en el combate.

Temí por Dan, que se juntó en el frente, atacando a Castigo, el cual de forma impresionante resistía los embites de todos. Pero cayó al final, pudo ser derrotado. Pueden ser derrotados.

Fue una desgracia el hecho de que no pudimos capturarlos, escaparon de nosotros y no podíamos perseguirles para caer en una emboscada, pues de igual forma acabaron heridos, fueran no muertos o no, les costaría sanar las heridas.

Acabé agotada tras la victoria, mis piernas temblaban y mis milagros habían sido extenuados. Pero no había mejor forma de comenzar La Cruzada.


Lilith añade algún detalle al relato, sobre cómo eran los enemigos y se desarrolló el combate, el apoyo que dio Caladhron en el frente protegiendo a los de atrás, la furia con la que avanzó Anskar, y demases...
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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 23 Abr 2020, 13:33 
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Un relato nuevo y llamativo hace aparición, siendo escrito en reclusión dentro del Hospicio frente al cementerio de Athkatla.

Maldición
Son distintas las tareas que hemos realizado en búsqueda de aumentar nuestras fuerzas y debilitar las suyas, y este día que relato fue otra más, excepto por el precio que hemos tenido que pagar.

En comitiva, apoyados por nuestros números, nos diriguimos al Campo Santo para Sacralizar la Fuente del Cementerio. Este ritual tiene una duración de veinticuato horas ininterumpidas, necesitando los Sacerdotes que la realizamos concentrarnos en comunión con nuestra deidad para ello, por lo cuál quedamos indefensos, es por ello que disponíamos de escolta para ello, consistiendo en Dan, Solair, Arkanthos, Elderask o Erik, entre otros.

Primero hicimos una batida para eliminar insepultos varios. Tras ello Roxanne y Lumen se dedicaron a Consagrar los alrededores, para velarnos de mayor protección. Así pues, los cinco Sacerdotes rodeamos la fuente, agarramos nuestro símbolo Sagrado y comenzamos con el Ritual. Fuimos Anith, Roxxane, Lumen, Adaman y yo, Lilith, quien lo realizamos en conjunto.



Por un momento casi me pareció que la estatua reaccionó, pero como mi concentración estaba dedicada al Ritual no presté mayor atención a ello. Al poco de comenzar, empecé a sentirme extraña, con mi cuerpo entumecido y mi respiración fallando, temo que perdí la concentración en el rito y... Me encontré rodeada de una extraña niebla. Era incapaz de ver más allá de ella, no sabía ni donde estaba ni qué ocurría. Poco a poco, la niebla se dispersó y fui capaz de volver a verlos, Shack se encontraba gritandome a alto volumen.

La escena no fue admirable, Lumen aparentaba ser un esqueleto y Adaman un ghoul que no paraba de expulsar agua de su boca. Por fortuna, todo aparentaba ser una ilusión...

El ritual finalizó por el resto correctamente, algunos insepultos atacaron pero poco más sucedió. Sin embargo la maldición permanecía, y yo que era incapaz de verme, también había sido maldita. Aparentaba ser un espectro a todo el que me rodeaba, aunque mi visión propia fuera normal. En el momento que descubrí eso, decidí mirar mi reflejo en el agua de la fuente. Era yo, pero a la vez no. La apariencia de un ser sin vida, etereo, horripilante. Eso era lo que ví. La imagen permanece en mi memoria hasta ahora.
(El texto recoge un hueco tras escribir aquello, pues parece que fue escrito por partes)




Antes de salir probamos varios sortilegios para arreglar la maldición. Quitar maldición, disipaciones y demás no tuvieron efecto alguno, el detectar No Muertos no nos detectaba y expulsar No Muertos tampoco. Justo antes de salir Sir Erik probó a aplicar Energía Positiva en mí, y ahí descubrimos que nos afligía, la parte de mi cuerpo en la que lo hizo fue altamente dañada, recuerdo el dolor producido por la Energía Positiva. Sinceramente, es lo que más me ha estado preocupando.

Shack nos disfrazó cómo pudo, aunque de la forma más ridícula que disponía si se me preguntara. A mí me puso una capa por encima y me dijo que me agachara cómo si fuera un mediano, a Lumen le vistió de troll y Adaman. A Adaman le puso un tambor en la cabeza, para que hiciera de bardo accidentado.



Llevo recluida desde entonces en el Hospicio, junto a los otros, hasta que encontremos la solución. Los visitantes al Hospicio se asustan al verme, aunque es comprensible, pues me ven cómo una abominación. Sinceramente, querido diario, estoy estresada a más no poder. Sé que están buscando la solución a la maldición, pero... ¿Y si no existe? ¿Me quedaré así, aparentando ser un insepulto? ¿Me iré transformando y perdiendo mi humanidad? No lo sé, y la duda me está carcomiendo por dentro, cómo ácido en mis venas.

Por una parte, Titanicus me hizo una pregunta curiosa... ¿Y si alguna vez alguien ha sido eliminado teniendo una maldición similar? Me, horrorizó pensarlo, un Alma cualquiera pasando por esta terrible forma y luego enfrentando una injusta Muerte por ello. Está plagado de terribles destinos la Vida, pero luchamos por evitarlos...

Por otra parte, Frederic me comentó que el terror que veía en aquellos que descubrían mi forma seria similar a aquel producido por verdaderos insepultos. Podía también aprender algo de esta situación. (Aunque agradecería que sus comprobaciones de nuestro estado fueran menos extrovertidas)

Por lo demás, al menos estaba acompañada, Dan, Caladhron, Anith, Adellian y muchos más, junto a Lumen y Adaman están ahí conmigo, dándome apoyo y buscando una solución. He de mantener mi fortaleza mental y no desfallecer, aunque la situación sea algo funesta.

Sin embargo, he de confesar que estoy cediendo, pocas veces he estado tan débil. Trato de mantenerme, pero no sé cómo puedo acabar.

Juez, deme fuerzas en este momento, pues esta vez verdaderamente las necesito.



En un escrito que refleja las dificultades que la autora está enfrentando, este termina en un tono triste. Pero hay más que contar al respecto, que probablemente aparezca pronto...

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 Asunto: Re: Los Mortales Tememos
NotaPublicado: 28 Abr 2020, 11:01 
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Continuan los relatos referidos a la condición que, a la hora de escribir, aún perduran en la joven kelemvorita.

Maldición y Esperanza
He estado perdiendo la cabeza con mi estado actual. Las peores situaciones posibles han cruzado por mi mente y admito mi debilidad mental frente a todo esto.

Pero sin embargo, no voy a desfallecer. Tengo todo el apoyo que necesito, quizá más del que merezco. Titanicus, aún con sus empresas en La Galdrim pasa a visitarme continuamente, y tras un tiempo pude volver a Ysiros finalmente; Sacó su arco al verme, pero no le puedo recriminar eso.
Aldien también me hizo una visita, además se lo tomó con su peculiar personalidad.
El único de mis más antiguos amigos que no he podido ver aún es a Arieden, el cual me pregunto donde puede andar. Titanicus me comentó que desgraciadamente está muy ocupado, y es poco probable que pueda verle en poco tiempo.

Por otra parte, Dan siempre está a mi lado, no me falta absolutamente nada estando en el Hospicio, siendo las Hermanas que quedan en él muy comprensivas de mi la situación de nosotros, los malditos. Adellian, Johanne, Ízaro y demás se ofrecen a levantarme la moral en este funesto momento.

No estoy sola en esta situación, nunca lo estuve.

También me resultó muy motivador la charla que pude tener con Eunice, Hermana de La Espiral de las Almas. Viendo mis dudas, me ofreció hablar en solitario durante un rato y ello fue recomfortante. Pude contarle mis miedos, expresar mis inquietudes y abandonar algo del peso que a veces siento recae sobre mí. Aún soy joven e inexperta, así pues la ayuda de una Sacerdotisa más veterana me ayuda a progresar en mi forma de actuar.

En conclusión, querido diario, estoy preparada para aguantar y perseverar. Si este es mi Destino, lo aceptaré cómo tal; En caso contrario, saldré adelante.

Juez, se Testigo de mis acciones y Juzga con imparcialidad aquello que esta novicia haga.




De tal forma, esta exposición de la Sacerdotisa concluye.

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