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 Asunto: Esquirla de Damara
NotaPublicado: 18 Oct 2021, 17:15 
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Fragmentación

Las frías calles de aquel pueblo aun revolotean en lo más profundo de mi sien. Ganado y aves que se resguardan de ventiscas traicioneras y pueblerinos abrigados hasta los mismísimos dientes que vigilan desde sus ventanas, a la espera de algún viajero les hiciese compañía en la posada del pueblo. Un agradable olor a leña se esparcía desde el gran salón hasta los primeros peldaños del local, dónde aguardaba una mujer de cabellos negros y bella armadura desgastada. Portaba unas telas rojizas que abarcaban hasta encima de sus hombros, a modo de cobijo del afilado frío. Jamás imaginé que aquella extraña fuese a transformar de percibir mi extraño poder en un hermoso don.
Muy zopenco de mi observaba desde la lejanía, anonadado por los peregrinos que entraban y salían de aquella posada que rebosaba a un olor a grasa y especias. La boca se me hacía agua y el frío no ayudaba, tan solo agrandaba mis ansias por poder sostener un buen trozo de jabato o parecido. El hambre rugía dentro de mi y no podía evitar cerrar ambos puños, notando una calidez que brotaba lentamente hacia afuera. Para cuando me percaté, unas llamas escurridizas se abrieron paso hacia todas direcciones, espantando el momento de paz que había alcanzado. La agitación vino de un momento para otro, pues pensaba que aquello que fuese a saciarse aquella noche eran mis propias llamas desatadas.

Una mano fugaz y firme me tomó del antebrazo sin dudar. Mi mirada se encontró con la de aquella extraña, de nuevo. Ahora bien pude apreciar un color jade y otro blanco que correspondía a su mirada, junto a una cicatriz que trascurría por su faz adulta. Una afable sonrisa se dibujó, tranquilizando mi alma por completo.


-No es de buena educación mirar y no venir a saludar muchacho, ven, siéntate conmigo y hazme compañía. -Añadió de manera sosegada. -

La mujer retiró la mano y me animó a pasar al interior de la posada. Al abrirse las puertas, crujieron y noté como el frescor de la calle se derretía a nuestro paso. Con una mirada nerviosa que buscaba respuestas, pisé allá dónde caminaba, tratando de no deformar más aun la nieve a mis pies.

- Si me cuentas algo de ti y del pueblo, hasta te invito a comer. – Dijo tras girarse para buscar mi paradero.


La noche se hizo amena y los nervios se consumieron al igual que las llamas que acaloraban ese lugar. Por primera vez en muchos días, disfruté de un manjar que no fuesen frutos o tubérculos. Pero no fue aquel sustento lo que me sació, sino aquella encomiable conversación que tuve con la forastera.

-Yo soy Johanne Corona de Plata, pero todo el mundo me llama Joja… ¿Cómo te llamas, muchacho? – Dijo la mujer. –

-Yo… - Alcé la mirada, incomodado. -... mi nombre es Allen, Allen Padrice Zahlei…de... -Se hizo el silencio incómodo y posé ambas manos sobre la mesa. -...Allen de Bahamut.
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 Asunto: Re: Esquirla de Damara
NotaPublicado: 31 Oct 2021, 05:14 
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Sueños

Me encuentro en un plano extraño al que llamo ‘hogar’. Mis pulmones y entrañas se llenan de pequeñas motas de aire que discurren en los cielos venideros, aquellos que arrastran nubes, estrellas y tormentas atroces. Por alguna razón que desconozco, me siento más vivo que nunca, más libre que un pájaro que extiende sus alas a sus amparos. En esta ocasión, una cálida caricia de ese atardecer me alerta de la llegada de la bella noche.

Al fin mis pies rozan lo suelos, mezclándose entre sensaciones de charcos embarrizados y hierbas seseantes, las cuales desprenden un aroma similar a los corazones más puros de los bosques. La humedad recorría mis dedos, adornando mi pálida piel con alguna que otra gota fresca, la cual me recordaba al rocío que nacía en los prados de Damara.

He aquí ante mi una majestuosa figura que se erguía hacia mi posición. Rugía sin temor alguno, retumbando en lo más adentro de mi ser, retumbando los huesos de los vivos e incluso de los muertos. La curiosidad me podía y acerqué mis manos hacia lo que parecía su zarpa, abierta como el mismísimo florecer de una rosa. El temblor se apoderó de mi y noté como el sudor tan frío como ese rocío me recorría del cuello a la espalda. Sabía lo que vendría a continuación, aquel ambiente tan siniestro y peculiar que me carcomía cada pedazo de mi alma.

Imagen

''The Golden Field #156'' por John O’Grady


Nada más entrar en contacto con la figura, un ardor que fluía momentáneamente hacia lo gélido que estalló en el tacto. Una luz que iba acompañada del viento más fresco arremetió hacia mi sin cesar. Para cuando me percaté, me veía inmerso en los cielos, sin saber muy bien donde estaba el suelo realmente. Mis manos son agraciadas e inmaduras, con más callos que pecas. Mi rostro es noble y marcado, imbuido de una mirada azul tan profunda como el lago junto a aquel poblado.

No sé hacia dónde viajan mi mirada, pues por más que me esfuerce en apartarla, siempre acabo prestándole atención a un joven desorientado. Y si acaso osase hablarle, mis palabras retumbarían en lo más profundo mi alma y en el más allá. Jamás he sentido soledad con su presencia, pues cada día que trascurría parecía conocerle un tanto más. Cuando no descanso, me preocupo por conocer y entender todo a mi alrededor. Pero cuando por fin cierro los ojos y dormía, ambos nos encontrábamos en un lugar tan íntimo y bello que a veces desearía no despertarme. Hay días en los que él lloraba y necesitaba consuelo para hacerlo calmar, y otros en los que desesperado de mí buscaba su regazo para poder encontrar la paz.

- ¿Quién eres? – Exclamé al niño desde un extremo de aquel prado invernal, divisándolo tras aquella niebla agradable.

Él sonrió y noté un atisbo de alegría que emergía de su ser. Un agite removió todos los cuerpos de trigo que acariciaban nuestras piernas. Giró y giró, y de aquella vorágine un ser majestuoso brotó, alzando el vuelo sobre todo el trayecto que habíamos recorrido. La criatura escamada se fijó en mi y redirigió su dirección hacia mí, repleto de valor.

Imagen

''Tree House'' por Tysen Johnson


Para cuando noté esa cercanía abismal, me encontraba en mi lecho, mirando hacia el techo con los ojos pletóricos de lágrimas.
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