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Extrañas figuras se reúnen al amparo de la oscuridad, palabras pronunciadas en un lenguaje hace tiempo olvidado por casi todos. Se avecinan tiempos peligrosos...

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 13 Ago 2017, 01:39 
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Era la segunda vez que baja a aquellos túneles. La primera vez fue con el maestro Shamaelthalar cuando tras varios meses tras mi petición de que me acogiese como aprendiz aceptó, no sin ciertas reticencia. Pero era normal, ya que por aquel entonces había sufrido una reciente traición a manos de una antigua aprendiz suya, una experiencia lo suficientemente mala para que no desease a nadie más bajo su tutelaje... Por ello no dudo que en mis inicios fue algo más agresivo de lo que lo había sido con otros, queriendo mantener las distancias para evitar cualquier posibilidad de volver a sentir la traición de una pupila suya.

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La primera vez que bajé estaba a solas con él, y fue entonces donde me contó sobre Bodhi - un nombre que me provocan un gran pesar en mi alma – y las ruinas que se habrían paso frente a nosotros. Pero ahora Ainulindale nos acompañaba, teurgia de Labelas como el maestro Shamaelthalar.

- Eso que veis son ruinas ahora, la última vez que las pisé no lo eran. No tanto, al menos – nos explicaba mientras los amuletos sagrados pendían sobre nuestras manos, con la cadena enrollada alrededor de la muñeca, tal como nos habían enseñado para evitar que un golpe nos hiciera soltarlo -. Hace tres décadas algo cambió, comenzaron la construcción de otro lugar, un...santuario para no muertos.

La expresión del gran elfo solar era muy seria, hablándonos sobre ese lugar y sobre ciertos pormenores que preferíamos ignorar al tiempo que de vez en cuanto, veíamos a la lejanía las sombras de cadáveres moverse sin destino alguno, arrastrando los pies por el suelo lugar hasta que un salmo alzado al Seldarina destruía aquellos cuerpos inanimados.

- Vámonos de aquí, la clase ha acabado – sentenció Shamaelthalar cuando varios cadáveres cayeron en descomposición frente a nosotros gracias al poder divino.

Asentí al maestro y Shamaelthalar hizo un gesto para que avanzásemos, cubriendo la retagardia.

- No es algo que.....quiera confesar sobre el Pueblo.... - musitó Ainulindale tras conocer la de ese lugar mientras deshacíamos el camino.

- La última vez que confié en un discípulo... - la voz de shama pareció quebararse un instante -, terminó del lado contra lo que he jurado ser el escudo de los vivos.

Aiunulindale se acarició la mejilla con el pulgar, asintiendo, mientras Shamaelthalar volvía a sumirse en el silencio. Cruzamos un puente de piedra y pasamos por debajo del arco que conducía a los túneles, encontrándonos ante dos figuras que conversaban una frente a otra.

- En el mundo que yo represento, los muertos tienen la buena educación y costumbre de quedarse muertos. Sin acritud – escuché al hombre antes de la replica de la mujer de negro frente a ella.

- Yo no odio a nadie por lo que representa: los prejuicios y... - se calló abruptamente la mujer al escuchar nuestros pasos para terminar dando de manera inconsciente un salgo hacia uno de los lados alejándose de nsosotros.

Tanto Ainulindale como yo nos quedamos desconcertados ante aquel repentino salto, aún con los símbolos sagrados en nuestras manos. Entonces sentí como Shamaelthalar se paró en seco tras nosotras.

- Supongo que me toca presentarme de nuevo – comentó el hombre con tono sosegado y amable dirigiéndose hacia nosotros -.Soy Azhi, druida del cambio y aprendiz de la guardiana del Eldat, de los Picos y de la Costa Norte... a su servico – dijo educadamente.

Pero la actitud de la mujer, lejos de ser educada, bajó la mano derecha lentamente hasta el pomo de su espada bastarda, tensa. Algo que no le pasó desapercibido a Ainulindale.

- Shamaelthalar... ya veo que hoy es un día en el que la caza ha dado sus frutos – habló la mujer dirigiéndose hacia el elfo.

Shamaelthalar echó un rápido vistazo al hombre antes de dirigirse hacia nosotras.
- Quizá es hora de que pongáis en práctica lo aprendido – nos dijo sin apartar la mirada de la desconocida.

El ambiente era tenso, y aquel aviso de Shamaelthalar no hizo sino acrecentar esa sensación que algo no estaba bien. Azhi tamborileó los dedos sobre su arma observando a la mujer con unos ojos de un suave color verde.

- No es ninguna hora de eso... No quieres que tus alumnas practiquen tus enseñanzas conmigo – replicó la mujer echando a andar un poco en dirección al druida de manera casual -. No cuando hay nuevas que te interesan.

Pero Shama avanzó hacia Azhi de inmediato, interponiéndose en su camino. Para entonces, ya era evidente que aquella mujer que teníamos delante era una vampira, y sentí cómo mis músculos se tensaban y mi pulso se aceleraba.

- Tsk, tsk.. creo que será mejor que te quedes donde estabas – le advirtió Shama-. No queremos que de forma accidental alguien esté en una posición incómoda.

- Agradecería que mantuviésemos las distancias, agradezco el interés pero prefiero que las damas tengan la piel caliente como el sol al amanecer – añadió Azhi por su parte.

La mujer retrocedió un paso cuando Shama avanzó, sonriendo al ver la reacción del solar. - Es mucho, mucho más divertido cuando se produce una situación así contigo, 'Padre'... - dejó caer esa palabra inclinándose hacia delante -. Me conoces lo suficientemente bien como para que ésto sea un reto.

Shamaelthalar hizo caso omiso al escuchar lo de "padre", pero su ceja tembló levemente.
- Ya he oído que te gustan las fiestas, Brynhildr.

Yo permanecía con el símbolo sagrado en mi bajo, con el corazón latiéndome con tanta fuerza que incluso podía sentirlo altir en mis oidos. ¿Ella era Brynhildr? ¿La misma que momentos antes nos estaba contando sobre su traición? Y de ser así ¿Por qué un druida estaba bajo tierra hablando con una criatura así?

Ainuli miró a Shama con expresión de sorpresa desagradable, ya fuese por el comentario de las mujeres calientes o porque ya había comprendido qué era Bryn.

- ¿Os encontráis bien? - preguntó en un susurro a Azhi. Éste asintió con suavidad al elfo sin perder de vista a la vampira.

- Hhh... ya sé de dónde me sonabais... mi fría dama. Estabais donde el otro... que osó alzar la mano contra mi vigilante – Azhi siguió con sus ojos verdes sobre ella -. Me considero alguien cordial y diplomático pero no es de mi agrado el que intenten degollar a mis hermanos.

- Yo no cometí ninguna acción hostil contra nadie en esa fiesta... no me vengáis con tonterías, druida.

- Por eso estamos hablando ¿No es así?

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo, siéndome una situación algo irreal, puede que en gran medida por aquello que me enseñaron. Pero Shamaelthalar era el maestro, sabía mejor que yo cómo debía tratar esta situación, así que por el momento permanecí callada y atenta.

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- ¿Vais a bajar esos símbolos o tengo que desenvainar mi espada? - clavó su mirada en nosotros.

Pero ninguno de los tres vacilamos ante la amenaza ignorando su petición, pues sabíamos que no se podría acercar a nosotros mientras el poder de los Dioses permaneciese en alto. Además... ¿Por qué ni siquiera debíamos acceder a la petición de una criatura de la noche que había traicionado su propia mortalidad?

- Supongo que de la misma manera en la que te escudaste en Agujas de Oro con la "ley" de tu mano comprenderás, Brynhildr que no hay ley alguna que te ampare ahora aquí – dijo negando con una sonrisa. Entonces el maestro se volvió hacia nosotras -. Yo voy a bajar el símbolo pero no es para que lo hagáis vosotras, mantenedlo si queréis.

Asentí a Shamaelthalar, con mi símbolo en alto junto con Ainulindale, quien chasqueó la lengua disconforme con lo que hacía nuestro maestro.

- Que fácil cambian los términos cuando uno tiene que demostrar ante los demás que no es débil y está roto en el interior... - masculló la Bryn desenvainando la espada despacio.

Me acerqué entonces a donde estaba Shamaelthalar y Azhi en un intento de querer protegerlos con el símbolo sagrado de Sehanine.

- No levantes tu arma contra ellos, Brynhildr – le avisó el sacerdote.

- Tantos mortales que se han ido sin herida alguna tras encontrarse conmigo en estos túneles... - nos reptrochó. Con la mano libre se caló la capucha, bajándosela un poco para impedir que la luz de los símbolos la molestasen de más -, y el único pago es la intolerancia directa, sin medias tintas – miró a Shama -. No lo haré. No soy yo quien tiene sus armas listas y sus símbolos sagrados preparados para un enfrentamiento... ¿acaso crees que soy Castigo? ¿O Blake?

No sé bien cómo describir la sensación que me abordó en ese mismo momento, cuando aquel engendro de la no-muerte nos habló como un grupo de niños que no son justos con ella, reprochándonos nuestra desconfianza, que permaneciesemos protegidos bajo el poder de nuestra fé. ¿Qué diantres ocurría en esas tierras?

- Brynhildr...yo no recuerdo mucha cortesia de un encuentro anterior contigo – habló finalmente Ainu desde su posición, pues tiempo atrás, la teurgia había tenido un mal encuentro con ella junto con otro elfo en el cementerio y Bryn, fue la causante de ese mal encuentro.

- Los tiempos cambian – respondió de forma hipócrita, sonriendo tan ampliamente que dejó a la vista sus colmillos -. Supongo que la Bestia estaba desatada aquel día... pero hoy no lo está salvo que pretendáis despertarla.

- Los tiempos no cambian, solo las personas lo hacen... y para eso, hace falta estar vivo – respondió la elfa solar.

- Yo no he venido hoy aquí por ti, insepulta – dijo Azhi -. Vengo buscando a aquel que atacó a los nuestros y sigue persiguiéndola.

Azhi al parecer, tenía sus propios motivos para estar ahí abajo buscando no-muertos. Pero aún así se me hacía incomprensible que un druida, un guardian de la vida, diese conversación a un vampiro en lugar de tratar de acabar con el.

- Maestro... - llamé la atención de Shama sin alzar la voz. Mi cabella bullía de preguntas sin respuestas -. Tres clérigos frente a un aberración de la naturaleza más un siervo de la misma... -comenté mirando hacia Bryn -. ¿Son nuestros símbolos lo que le impiden huir o pensar que nuestros Dioses no desea que acabemos con su vida?

Fue una pregunta ingenua la que formulé, la cual nunca obtuve respuesta, pues para mi era evidente que estaba en clara desventaja y que muy posiblemente ese día su alma finalmente sería juzgada por su Dios... y a pesar de eso, el orgullo de ese ser le hacía, no solo permanecer dónde estaba, sino hablar con sobervia.

Y toda esa situación me extrañaba

- No digas estupideces, elfa – espetó repentinamente hacia mi con cierto desprecio -. Puedo irme cuando desee. Sólo quiero saber si Shama va a lanzar sus perros sobre mi.

- Ni son perros ni es potestad mia lanzarlos contra ti, Brynhildr – respondió éste mientras Ainulindale abrió la boca para replicar, pero cerrándola segundos después sin decir nada.

Por mi parte sentí ese pequeño orgullo de nuestra raza -no muy propio de mi que lo deje aflorar pero que la sangre de mi padre ayuda a ello -. Ser insultada por un engendro de la naturaleza y la vida cuando yo misma servía a una Diosa que combate a tales seres, no era algo que estuviese dispuesta a permitir.

- ¿La requerís para salvar a alguno de los vuestros? - pregunté hacia el druida con suavidad sin apartar la mirada de la vampira. Pues sino la necesitaba con vida, no veía necesidad de seguir esa conversación.

- No tengo nada que tratar con ella, los dioses han querido que nos crucemos hoy mientras buscaba otra cosa.

Asentí a Azhi despacio.

- No me hagáis perder más el tiempo... La decisión está en vuestra mano – nos dijo -. Podéis atacarme como harían los supuestos adalides del bien, escudándose en 'lo que es correcto' para dejarse llevar por la ira y el egoísmo... o nuestros caminos pueden separarse aquí como se han encontrado.

Shamaelthalar miró a la vampiresa un momento y terminó por envainar su alma.

- Sois libres de hacer lo que os dicte la conciencia – nos dijo a sus aprendices antes de volverse hacia Bryn -. No peques de arrogancia, huelo tu miedo a la perfección, pero igual que huelo tu miedo... conozco mi deuda. Ya está pagada. La próxima vez mi honor no me obligará.

Sentí una propulsión de adrenalina recorriendo mi cuerpo. ¿Una vampira se creía en posición de darme lecciones sobre adalides del bien? ¿Una traidora a su raza? ¿Una traidora a la vida propia? ¿Una traidora a su Dios?

- No creo que seáis la correcta para dar clases sobre el bien... - dije.

- ¿Y quién lo es?

- Vos no – respondí con seguridad en mis palabras de forma tajante -.Dejasteis de poder decir qué debe hacer la gente de bien en cuanto rechazasteis la naturaleza mortal...

- Hmmm....si te dieramos la paz podrias descansar por fin...pero Amn es una tierra...extraña, solo lucho en ella para preservar la vida.... - dijo Ainulindale para confirmar que ella tampoco lucharía. Azhi también dio un paso atrás.

- Si me atacáis... será lo peor para el resto. Yo os he advertido... - dijo la vampiresa alerta ante cualquier posible movimiento. Con una mano tenía agarrada su espada, mientras con la otra sostenía su escudo.

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Sé que Shamaelthalar hubiese preferido salir sin más incidencia que aquel encontronazo, más por propia seguridad de sus pupilas y el druida que por su propio bienestar, pero yo no podía ignorarla, pues cada centímetro de mi ser me incitaba a acabar con aquella no-vida.

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Así que cogí mi escudo, sin soltar aún el símbolo sagrado de mi mano. Shamaelthalar se tensó, apretando la empuñadura de su espada en una pose de alerta.

- No puedo dejar marchar a alguien que no pertenece a esta vida ya.... ni a este mundo – dije para mi.

Bajé el símbolo y me lancé contra ella, murmurando una plegaria hacia mi Diosa y cargando mis palmas con energía positiva justo antes dede golpearle el pecho. Saltó un fulgor plateado cuando la magia positiva chocó con la oscuridad de su alma y entonces, aproveché ese primer momento de desconcierto de la vampira para desenvainar la espada y enfrentarme a ella.

Ainulindale comenzó a entremezclar oraciones y conjuros en una letanía constante, pero no para atacarle a ella, sino para curarme y protegerme a mi, pues las heridas de la vampiresa se curaban mucho más rápidas que las mias.

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Entonces conjuró oscuridad y sentí su espada abrirme la carne con el filo así como la cálida sangre salir de las recientes heridas. Traté de curarme y golpearla, frenando sus golpes, pero su capacidad de regeneración era mucho mayor que la mia y apenas podía seguir su ritmo, sobretodo porque parecía que había olvidado la mitad de los conjuros que me hubiesen permitido protegerme de ella.

Comencé a escuchar la respiración agitada de Shamaelthalar y un grullido tras de mi según avanzaba la contienda y yo cada vez iba recibiendo más heridas. Convoqué a un aliado de piedra para que me ayudase a frenarla, pero ella no tenía intención alguna de distraerse con ese convocado, no cuando sabía que mi cuerpo era más frágil y mi capacidad de reacción era menor.

Recuerdo que los miembros me dolían de sobremanera por las incontables heridas y supe que caería sino hacía algo... Entonces Shamaelthalar comenzó a perder su forma de elfo, creciendo en tamaño dispuesto a detener a Bryn cuando ésta le soltó un terrible y doloroso golpe que apunto estuvo hacerme caer de rodillas. Así que hice lo único que se me ocurrió en ese momento...

Rezar

Recé a mi Señora de los Sueños con todas mis fuerzas y toda la fé de una sacerdotisa cuya alma sabía, nunca se doblegaría ante esas criaturas. Mi cuerpo se bañó de una tenue luz divina que creció rápidamente hasta explotar a mi alrededor. Todo el lugar se iluminó con un refulgor plateado y, cuando este ceso, Brynhildr ya no estaba. El instito de supervivencia de la vampiresa le había instado a salir huyendo del lugar y alejarse todo lo posible de mi al sentir la magia divina.

Shamaelthalar se quedó durante unos segundos confuso ante la sucesión de conjuros, habiendo crecido en medio de la oscuridad mágica en cuanto me había visto malherida. Pero ahora había visto a la vampiresa huir y yo estaba fuera de peligro, mientras mis heridas comenzaban a sanar. El solar volvió a su estatura normal e hincó una rodilla en tierra tomando el medallón de Labelas en su mano.

- Perdóname padre, porque he pecado, más la vida de esos niños bien merecen mi penitencia y castigo – susurró en élfico.

- Que el padre creador te guíe a la tumba, alzada, donde puedas encontrar el descanso verdadero – musitó Azhi cuando perdió a la vampiresa de vista.

Ainulindale cruzó la mano libre a la espalda mirando marchar a la vampira con gesto neutro observando mi estado.

- Gracias... - le dije a Ainulindale intentando recuperar el aliento tras la pelea, pues no me había pasado desapercibido su magia durante el combate para protegerme o curarme.

- Dije que solo luchaba para preservar la vida....- respondió encogiéndose de hombros.

Shamaelthalar alzó el rostro tras colocarse su medallón e inclinó la cabeza hacia mi

- Discúlpame, Anith, pues hoy no he sido el maestro que debía para ti– y entonces se alzó -. Pero te aseguro... que mis motivos eran férreos.

- No digais eso maestro – le sonreí queriendo infundirle fuerzas -. No creo que pudiese tener mejor maestro que vos, pues no solo enseñáis a luchar, sino a ser una persona con honor – tras lo cual negué despacio -. Y descuidad.... confío en vos y sé que cuando hacéis algo, es porque debéis. No necesitáis explicármelo.

- Mi deuda está pagada – dijo acariciando mi rostro al tiemp que me sonreía levemente -. Estoy muy orgulloso de ti – y después miró a Ainu -, de ambas

- Tras la clase ha quedo claro que luchar no era la respuesta maestro – dijo Ainu -. O no siempre lo es... - se encogió de hombros.

- Luchar, muchas veces, es la respuesta. Pero otras... es más difícil aprender cuáno no se ha de luchar que aprender a derrotar a un enemigo.

Marchamos hacia el exterior ante el peligro que podía suponer que la vampiresa regresase con ayuda. Yo permanecía en silencio, aún pensando en lo rápido que había pasado todo y en todas las estupideces que había cometido.

- ¿Estás bien, Anith? - me preguntó Shamaelthalar.

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- Quizás.... tratando de asimilar lo ocurrido....

- La primera vez...siempre es dura – me aseguró, y yo le asentí.

- Me cegó.... solo sentía su arma y.... traté de expulsarla con el poder de la fe.

- Pues lo has hecho genial – trató de animarme -.Lo has hecho muy bien, Anith

-Lamento haberos preocupado...

- Tranquila, que no pudiese luchar no significa que fuese a permitir que te ocurriese nada. Además, confio en tus habilidades – sonreí agradecida por sus palabras, sabiendo que posiblemente ese encuentro había sido más doloroso para él que para mi a pesar de las heridas que me llevé, pues su herida fue causada en el alma por la traición de su pupila, y ahora había tenido que presenciar como aquella a quien había enseñado en vida y terminó abrazando la no-muerte, se enfrentaba con una nueva aprendiz que no sabía si estaba prepada para semejante pelea.

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Pero ahora ya lo sabía a pesar de mis errores, y esperaba que eso le ayudase a tener la seguridad que jamás seguiría el camino de pupila y que no había mal que pudiese doblegar mi espíritu.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 30 Ago 2017, 19:32 
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La joven elfa alzó la mirada hacia su padre ante la pregunta pronunciada mientras caminaban bajo la sombra de los enormes árboles, pasando por encima de las raíces que sobresalían de la tierra.

- Sí padre – respondió la elfa con un tono suave para no alterar la paz del bosque tal como le había enseñado su progenitor tiempo atrás.

- ¿Y qué significa? - el elfo se detuvo al realizar la pregunta. El tono de su voz era grave a la vez que calmado, y sus ojos eran de color avellana. El cabello, remirecogido por dos trenzas y adornado con una pluma, le caía en cascadas castañas sobre sus hombros, donde se podía entrever el tatuaje tribal que le recorría todo el brazo.

- Tel'quessir significa Pueblo – respondió la elfa con voz queda.

- ¿Y qué significa el Pueblo? - volvió a preguntar éste.

- El Pueblo lo significa todo.

¿Y qué es todo?

Todo es lo que fuimos, lo que seremos y lo que somos.
Todo es saber de nuestros errores y nuestras victorias, de las caidas que sufrimos y las veces que nos levantamos.
Todo es perseverar ante adversidad y luchar por un futuro.
Todo es conocer y ayudar a nuestros aliados, es saber ser humilde cuando erras y orgulloso cuando traten de derribarte.
Todo es proteger el bosque, proteger a quienes amamos, proteger la vida.
Todo es conocerse, es crecer, es saber que caerás y que podrás volver a levantarse.
Todo es tener miedo pero ser valiente al tiempo, es luchar contra aquellos que desean dañar nuestros bosques, a nuestra gente.
Todo es respetar al Seldarine y sus enseñanzas.
Todo es velar por nuestra gente por encima de nuestros propios deseos.
Todo es tener la libertad de elegir y la responsabilidad de aceptar las consecuencias de tus elecciones.
Todo es ser compasivo y ser letal con nuestros enemigos.
Todo es la tener la fuerza del Padre y la delicadeza de la Hija del Cielo nocturno.

Porque Todo forma parte del Pueblo, y ser parte del Pueblo significa ser un Tel'quessir.

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El padre sonrió a la joven élfa con cierta tristeza en sus ojos, sabiendo que tan idílica respuesta tarde o temprano se tendría que desvanecer de aquella inocente mirada. Así que la rodeó con su brazo, depositó un beso sobre su coronilla y le pidió en silencio al Seldarine que la dejase creer en ello un poco más...

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 29 Nov 2017, 18:29 
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Shamaelthalar me miró con esa serenidad que caracteriza a cualquier buen maestro aguardando la pregunta de una aprendiz, dispuesto a guiarle lo mejor posible, pues él conocía perfectamente las sombras y peligros que aguardaban en cada rincón de ese país... Pero en cuanto la pregunta fue formulada su serenidad se quebró estallando en tremendas carcajadas.

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Pocas veces le había visto reirse cómo lo hizo en aquella ocasión, cuando parecía que todos los problemas y peligros que caminan libremente por Faerun y que podían dañarme, se veían reducidos a una – quizás - excesiva inocencia e incomprensión léxica de su alumna.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 14 Ene 2018, 17:38 
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Mirase donde mirase lo único que podía ver en ese momento eran paredes de piedra, enfermos tosiendo sobre camastros y la mirada de frustación y desánimo de mi maestro cuando el último intento para sanar a aquella gente no había funcionado.

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Fue entonces cuando recordé algo, algo que había olvidado tras todo el tiempo que había pasado en esas tierras… y es que sin darme cuenta había empezado a hacer las cosas como toda la gente de Amn y a no esperar más de lo que ofrecían, a aceptar que la visión a mi alrededor era lo normal, algo que no podía cambiarse ni nadie esperaba que fuese distinto a como era.

Pero yo no era humana, yo no pertenecía a esas tierras… Yo era una tel’quessir de Suldanessalar y hacía mucho tiempo que había tomado la determinación de no aceptar que esas tierras pudiesen cambiarme a mi como lo habían podido hacer con otros elfos.

Con el maletín de curaciones colgado de mi hombro y el libro con las fichas del grupo que debía atender ese día en mi diestra, me detuve en medio del hospital del puerto. Niños, adultos, ancianos… todos compartiendo el mismo miedo de morir la próxima vez que cerrasen los ojos y no volver a ver a sus seres queridos que les esperaban fuera, todos compartiendo el dolor por las llagas causadas por el hongo, todos veían pasar el tiempo entre aquellas cuatro paredes de piedra con el aire impregnado por el olor de las pomadas, ungüentos y el vinagre que se usaba tratar de mantener el hospital limpio. Los ventanales eran estrechos, cubiertos para evitar que las esporas del aire pudiesen salir al exterior, por lo que la luz del sol tampoco era algo que pudiese entrar, así que todo se iluminaba con velas y candelabros en el techo.

Había aceptado que así debía ser un hospital, pero la mirada de mi maestro aquel día provocó que se me encogiese el alma, pues no deseaba que cargase con aquel peso, pues no era justo... pero al tiempo parecía que poco o nada podía hacer salvo lo que ya estaba haciendo.

Buscar al ficha del paciente
examinar
anotar la evolución
tratar las llagas
dar el paleativo
Anotar la fecha


Pero entonces una brecha de tenue luz cruzó aquel pensamiento… ¿En qué momento había aceptado que el hospital era como era y no podía cambiarse? Tanto nos habíamos centrado en tratar aquella enfermedad sobre sus cuerpos para darles un día más de vida, que nos habíamos olvidado en darles un motivo para desear tener ese día más que les ofreciamos.


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Era un pequeño error, sobretodo cuando se tenía a tanta gente y tantas vidas dependían de los tratamientos. Pero no solo debíamos centrarnos en curar sus heridas y frenar el avance de la enfermedad, también debíamos aliviar el tormento del alma y recordarles porqué debían luchar.

(Pintemos las paredes) *pensé de pronto mirando los muros de fria piedra recordando mi hogar, ahí, mirases donde mirase el bosque se habría inmenso ante tus ojos, y los pájaros sobrevolaban el cielo con sus cánticos* (decoremos las paredes con paisajes, con puertas que se abran hacia paisajes verdes, hacia cascadas… hacia el puerto… Buscaremos a más personas para que puedan llevar las cartas que escriban a sus familiares y los que no sepan escribir, se lo redactaremos nosotros tal como se estaba haciendo. Escribiremos deseos en pergaminos para quemarlos y que el humo lleva esos deseos a los Dioses… Traigamos la risa de los niños mientras pintan o escuchan historia de aquellos con los que tanto tiempo comparten para que el alma recuerde, traeremos música para aliviar las heridas que no se ven… traeremos plantas para limpiar el aire y que sus colores apaguen el gris de la piedra. Rompamos lo que está establecido sobre lo que debe ser un hospital en aquellas tierras, pues el deseo de vivir es un remedio muy poderoso en sí mismo. Dejemos que dejen de ser sólo enfermos para recordarles que son personas que aún tienen mucho que ofrecer a otros ydémoslos un motivo para desear seguir luchando un día más)

http://youtu.be/QGJuMBdaqIw?t=185

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 17 Feb 2018, 03:06 
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No es algo que podamos decidir ni dominar, pero hubiese preferido cualquier otro recuerdo durante la ensoñación tras estos 128 años que tener que revivir nuevamente lo de aquella noche, cuando después de convencer a los dos jóvenes elfos que estaban conmigo que descendiesen de la montaña y buscasen ayuda, Alys se enfrentó con un engendro cuya maldad era palpable en el aura que desprendía y yo, me quedé para tratar de apoyarla.

Pero yo era la más fácil de abatir, así que cuando Alys se vio influenciada por el aura de esa aberración su atención recayó totalmente en mi. Lo último que recuerdo fue caer sobre la nieve tras una fuerte embestida de aquel ser y su arma bajando rápidamente para asestarme un último golpe.

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No sé el tiempo que estuve inconsciente, pero lo que sí recuerdo vívidamente es que fue el dolor el que me despertó, como mil agujas que se clavaban por todo mi cuerpo impidiéndome respirar, impidiéndome moverme o tan siquiera hablar o pensar.

Me encontraba medio sumergida en el rio helado con escarcha en mi cabello y mi rostro, tiritando sin control. Traté de salir, pero ningún músculo de mi cuerpo parecía querer responder adecuadamente y cualquier movimiento que hacía, por pequeño que fuese, causaba que esas agujas de hielo se clavasen con más fuerza entre mis músculos, pero en el fondo sabía que debía salir de aquel rio sino deseaba morir congelada, así que me sobrepuse al dolor, me arrastré hasta la orilla como pude y traté de ponerme de pie, cayendo nuevamente a la nieve y apretando los dientes para ahogar un grito de dolor, o quizás es que ni siquiera conseguía tomar aire suficiente para gritar.

Permanecí con las manos temblando de forma incontrolada sobre la nieve de la montaña, igual que el resto de mi cuerpo. El agua de mis ropas y mi cabello comenzó a cristalizarse en hielo y yo podía sentir como me costaba pensar en algo que no fuese en el punzante dolor.

Alys se acercó malherida, con una mano en las costillas para ayudarme a caminar, aunque ni siquiera podía ponerme de pie. Mis piernas no me sostenían y ni siquiera me percaté por entonces que una de ellas estaba rota, así que la sacerdotisa prácticamente tuvo que cargar conmigo montaña abajo antes de que anocheciese, momento en que sin duda, yo no tendría oportunidad alguna.

Sabía que estaba sufriendo congelación y que quizás acabaría perdiendo alguna extremidad. ¿No se me había quebrado media pierna bajando? No, no… aún podía ver ambas si miraba abajo, torpes e inservibles pero ahí estaban, dejando un surco en la nieve. Esos eran los pensamientos fugaces que me sobrevenían, incoherentes y estúpidos, pero me sentía tan frágil como el cristal, segura que el dolor era porque mi cuerpo se iba quebrando en pedazos con cada paso o cada intento de respirar ese aire helado de las montañas. ¿Pero no sería eso posible? Quizás mis orejas se rompieron en el rio… Y mi pelo… Seldarine como lo odiaba, odiaba lo frío que estaba, odiaba cómo se me pegaba al rostro quemándome mientras el agua se congelaba con cada segundo que pasaba, acompañado por el incesante castañeo de mis dientes. Odiaba que mi cuerpo no respondiese y ni siquiera poder pensar, concentrarme… No podía combatir contra los trasgos que nos salían al paso, así que Alys era quien debía encargarse de ellos mientras yo volvía al frío suelo nevado, sin poder mantenerme en pie.

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Tenía miedo y eso era algo que no podía negar, pero era ese dolor ardiente causado por la congelación lo que provocaba todos aquellos sentimientos que me golpeaban como el frio cuchillo del viento de la montaña. Deseaba que semejante agonía cesase, deseaba que los gentiles que bajaron hubiesen llegado abajo y el Seldarine hubiese querido que encontrasen a mi maestro.

Pero sabía que esa posibilidad era mínima, pues siempre estaba lejos ayudando a todos aquellos que necesitaba su ayuda, aconsejando, escuchando, mediando en los problemas y combatiendo contra los enemigos de la viva y bestias… Así que podía pasar dekhanas sin verle y era algo de lo que era consciente.

Pero en esa ocasión le odié por ello.
No era un odio real y era consciente de ello, sino era un sentimiento creado por el deseo y la necesidad de poder sentirme protegida en aquellos momentos en contraposición de lo que realmente sentía - un dolor insoportable que me veía incapaz de asimilar, como si mi propia fragilidad buscase algún culpable y él fuese el candidato idóneo - ¿Y por qué? Porque yo siempre había tratado de no involucrarme en problemas para evitar que se preocupase, había escuchado sus consejos, seguido sus enseñanzas y comprendido los motivos por el cual podía pasar dekhanas sin apenas verle, pues muchos otros requerían su ayuda, y supongo que él tenía esa seguridad que no era una aprendiz proclive a la imprudencia, por lo que podía marchar con esa tranquilidad de que nada malo me ocurriría en su ausencia. Pero había ocurrido, y yo me encontraba sola, doblegada por el impío frio de Auril sintiendo que me había abandonado justo en el momento en que necesitaba que estuviese junto a mi y escucharle decir que todo estaría bien y que el dolor pronto pasaría... todo porque siempre había alguien que requería su ayuda.

....Por la Diosa, cómo deseaba poder dejar de sentir esas afiladas punzadas en mi carne...

Alys consiguió llevarme montaña abajo donde Rokwen y Nuadha nos encontraron tras el aviso dado por Eliavel y nos ayudaron a terminar de descender, llevándonos al campamento más cercano. Yo era incapaz de dejar de temblar y tuvieron que ayudarme a deshacerme de la armadura y las ropas, dejándome cerca del fuego cubierta con una gruesa capa de lana. El fuego me hacía daño en los dedos helados mientras la escarcha de mi cuerpo se comenzaba a deshacer, más requerí varias horas hasta que recuperé el calor y aún así, me sentía débil y agotada, queriendo solamente cerrar los ojos y dormir cerca de aquel fuego.

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¿Debería avisar al maestro?

No… - me respondí a mi misma con la mirada puesta en el danzante fuego -. Si supiese que estas herida se preocuparía y otros necesitan su ayuda, no podría concentrarse en su deber y sería culpa tuya Tú estás bien, la pierna se curará, sabes lo que debes hacer para que sane… Privar a otros que necesitan de su ayuda más que tú sería egoísta Anith… Puedes encargarte de esto tu sola…

Sí, sin duda aquel pensamiento había sido egoísta por mi parte, o al menos así lo sentí y de lo que aún me avergüenzo, pues sabía lo que mi maestro cargaba sobre sus espaldas y lo que había sufrido, y no deseaba convertirme en una de esas cargas. Así que hice lo único que podía hacer en esa situación, sonreir para apaciguar la preocupación de otros ocultando mi propia debilidad.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 18 Feb 2018, 18:03 
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¡Eres un idiota! - le gritó Tärwen al Sy'tel'quessir Valandil provocando que éste junto con el resto de sus compañeros parasen en seco su camino. Valandil giró el rostro hacia la lunar. Su mirada era fría y sus recientes heridas aún sin sanar le conferían aún más, un aspecto salvaje y descuidado, al contrario que ella, con un sedoso vestido verde que si bien en Suldanessalar le otorgaba un aspecto cuidado y limpio, conforme le dio por seguirles a través del bosque, este iba quedando hechos jirones, arañado por zarzas y arbustos y manchado por el barro del camino. Valandil no entendía cómo a nadie se le podía ocurrir usar semejante ropajes para ir por el bosque.

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- ¿Cuánto tiempo más piensas seguirmos Tärwen? – preguntó entre dientes -. Lárgate a la ciudad, esto no es asunto tuyo.

-Sigues malherido ¡Todos estáis malheridos! - abrió los brazos ante la evidencia acercándose al grupo -. Así no podéis ir a luchar. Os matarán.

Los murmullos se elavaron entre los exploradores de la casa Aendyr y los guerreros de los Sultaasar. Pero lejos de ser murmullos de apoyo hacia la lunar o cuestionarse si quizás deberían esperar a estar mejor, fueron murmullos de desprecio pues bien era sabido que los números descendian día tras dias a causa de ese maldito mercenario Bunlap y su séquito. La Casa Stilmyst había quedado extinta con todas sus clanes, de la casa Tezhyr apenas se sabía si aún quedaban supervivientes entre los árboles del Weldath y, cada día, los varones y mujeres eran capturados y vendidos como esclavos en calisham, degradados como objetos para divertimento de humanos privándoles de toda libertad, y en el mejor de los casos, los gentiles eran asesinados, librados de aquella miserable existencia de esclavitud.

- Y a pesar de eso, nosotros somos ahora mismo lo único que tenéis para que no lleguen a Suldanessalar – le espetó con un destello de ira en su voz recordando lo vivido agarrándole del brazo sin muchos miramientos para alejarla unos pasos del grupo -. Y estamos derramando cada gota de nuestro cuerpo para proteger al Pueblo. Han dado la vida hermanos, decenas de clanes han desaparecido y buenos tel'quessir han marchado al Arvandor por proteger el bosque que están destruyendo a su antojo, y daremos hasta la última gota de ser necesario. Pero tú no sabes pelear – dijo fijando unos ojos verde oscuros sobre la elfa. Tärwen apretó los labios, alzando el mentón dolida en el orgullo -. Así que te agradecemos las atenciones y la preocupación Tärwen, pero deja la guerra a otros.

Tärwen se zafó del agarre de Valandil con disgusto y sin mediar palabra alguna dio la espalda al grupo de elfos salvajes y se alejó hacia Suldanessalar.

- Esperaba que los descendientes de los Shantel hubiesen aprendido la importancia de saber luchar, pero veo que no – mascullo Alÿria acercándose a su compañero mientras se limpiaba un poco de sangre de un arañazo en la mejilla que comenzaba a sangrar.

Valandil se giró a ésta. Alÿria tenía el vendaje del brazo manchado de sangre a causa de una herida reciente, pero aún así, la mujer parecía ignorar el dolor de las heridas por el último ataque. Su ojos castaños seguían manteniéndose firme y su cabello como el color de las hojas otoñales caían en cascadas trenzadas sobre sus hombros. Puede que aquellos que no la conociesen vieran en ella alguien frágil y menuda, fácilmente abatible. Pero sin duda la destreza de la elfa era reconocida en su casa, tanto con el arco como con la espada.

- Solo tiene miedo y eso es bueno – respondió ajustándose el arco cruzado en la espalda -. Eso le mantendrá alerta.

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El grupo empezó a moverse por el bosque sin problema alguno, acostumbrados a sobrevivir entre los altos robles del Weldath y a guiarse a la perfección. Su misión era regresar nuevamente con los generales, volver a reunir fuerzas y nuevamente dispersarse para localizar y abatir a cualquier humano que divisasen. Sabian que Bunlap y varios de sus mercenarios estaban en la parte oriental del bosque, talando sin control alguno su hogar para construir un puerto, pero también era consciente que el maldito mercenario había tomado como entretenimiento emboscar asentamientos élficos aprovechando que los varones estaban fuera para aniquilar a quienes habían quedado. Valandil había llegado a uno de esos asentamientos atacados dekhanas antes junto con un pequeño grupo de su casa. La risa de aquellos despreciables se clavó en su memoria mientras sus ojos se posaron sobre aquella joven elfa con lágrima en los ojos mientras su cuerpo era profanado. Había varios de los pequeños atados cual bestias, llorando y los varones que se quedaron para proteger el lugar habian sido asesinados o permanecian malheridos como venderlos cual especímenes. Un segundo más tarde, una lluvia de flechas se clavaron en cada N'tel'quessir dándole muerte, pero eran conscientes que aún habían muchos otros...

- Empiezo a pensar que los Eldreth tienen toda la maldita razón de Faerun y el único humano bueno es el muerto – masculló un miembro de su grupo. Años más tarde acabaría entre las filas de los Eldreth, pero por entonces era un explorador más.

- ¡Parad! - el grito de Terin de la casa Sultaasar hizo que el grupo de los Sy'tel'quessir se detuviese.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Alÿria acercándose al guerrero.
Terin hizo un gesto con la mano para que nadie hiciese ruido y entonces escucharon el sonido del viento pasar entre los árboles centenarios y con el, un mensaje que varios de los elfos eran capaces de entender.

- Mercenarios al oeste – murmuró girándose por el camino hacia el que habíamos venido.

- Al oeste no hay nada salvo una tribu de águilas oso... con suerte se encontrará con ellos y se los comerán – sentenció Sindarin, el más joven de nuestro grupo.

- Pues yo creo que deberiamos dar media vuelta y clavar una flecha en sus corazones – sugerió Terin sin esconder su odio. Pero eso era algo normal entre los miembros de Sultaasar, pues ellos más que nadie estaban viendo decrecer el número de su gente al confrontar a los humanos cuerpo a cuerpo.

- Pues yo creo que deberíamos seguir el camino, reunirnos con el resto y que los Gyrlass decidan – respondió Valandil. En ese momento comenzó un debate entre ambas casas sobre qué deberian hacer -. No hay tribus por ese lugar, solo bestias y animales salvajes. No hay necesidad de retroceded.

- ¡Claro que sí! -
respondió uno de los miembros de Sultaasar -. Se merecen la muerte.

- No olvides el objetivo Valunqüe – se encaró el explorador con el guerrero -. Proteger nuestro hogar, proteger al pueblo, no ir derramando sangre gratuitamente por el bosque.

- Pues te recuerdo Valandil, que tu amiga la lunar ha tomado ese mismo camino – soltó repentinamente. El Sy'tel'quessir tardó varios segundos en asimilar lo que le había dicho y rápidamente giró la cabeza hacia su espalda -. Ahora ya no te parece tan mala idea retroceded ¿A que no? - preguntó con sorna.

- Vyshaan – masculló el explorador con ira contenida -. De acuerdo, pero no iremos todos, un pequeño grupo, nada de peleas – dijo esto último hacia los guerreros -. Localizamos a Tarwën, nos aseguramos que llega a Sulda y volvemos a Sulôcauso.

- Ahora entiendo porqué los solares los tienen que tratar como niños pequeños - comentó Alÿria cogiendo su arco -. Solo saben que meterse en problemas.
- Alÿria basta...

- Yo iré
– dijo Valunqüe dando un paso al frente y junto a él Terin se apuntó.

- Yo también te acompañaré – confirmó la elfa, aunque no esperaba otra cosa de su compañera.

- De acuerdo, el resto que sigan camino, con suerte nos reuniremos dentro de poco.

El grupo se separó definitivamente y el rastreo comenzó en ese momento. Tanto Valandil como Alÿria eran buenos rastreadores, así que no les costó mucho localizar el camino tomado por la lunar y seguir sus pisadas hasta llegar a un punto en que éstas se unian con otros rastros, pisadas de un grupo de humanos... cuatro quizás, aunque posiblemente fuesen más ya que por el cuidado de las pisadas parecían ser los batidores.

- Lo siento Valandil – dijo la elfa poniendo una mano sobre el hombro de su compañero, pues era evidente la historia que contaban los rastros para ellos. Aunque la elfa había tratado de esconderse del grupo cuando les escuchó acercarse todo había sido en vano. Los hombres la apresaron a pesar de los intentos de Tärwen de zafarse de ellos y finalmente se la habian llevado. Todos los miembros del grupo sabía lo que eso podía significar para la lunar, así que todos guardaron silencio durante un momento, comprensivos.

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- Vayamos tras ellos y salvémosla – dijo Valunqüe, aunque no escondía que sus ansias iban dirigidas más a dar muerte a aquellos humanos -. No hace mucho que la cogieron y pronto anochecerá. Todo está a nuestro favor para acabar con ellos y salvarla.

- Detesto darle la razón a Valun, pero en esta ocasión estoy con él – asintió -. No vamos a permitir que un grupo de mercenarios pagados por Bunlap se lleve a nadie de los nuestros como trofeo si podemos impedirlo.

- Démosles caza como ellos hacen con nosotros – añadió Terin decido a cobrarse venganza por la sangre élfica derramada.

Valandil asintió en silencio. La protección del Weldath y del pueblo era lo primero, y estaba dispuesto a darsu vida para proteger la vida de otro tel'queessir si era necesario.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 26 Mar 2018, 23:54 
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Marcharon durante horas, siguiendo el rastro de regreso de los batidores a su campamento base. Ahora podían contar alrededor de 12 mercenarios. La gran mayoría alrededor de la fogata mientras se emborrachaban y unos pocos vigilando el lugar. Tärwen permanecía en un rincón del campamento encogida, atada de manos y pies y con los ojos vendados. La parte superior del vestido estaba roto y solo el largo cabello de la elfa ocultaba sus pechos, más era evidente por los comenterios de aquel grupo, que muy posiblemente acabaría sin prenda alguna sobre su cuerpo.

- ¡Y qué más da! Mientras la entreguemos sin rasguño no perderá valor. Además fíjate – señalo un hombre cuyo rostro sin duda nada tenía que enviar con la de un sapo viscoso a la elfa -. ¿Alguna vez has visto a una elfa así? ¿Qué importa si nos divertimos con ella?

- Quizás hayan más dónde ella... - sugerió otro hombre alzando la mirada a la elfa. Sus ojos se deslizaron por los contornos de Tärwen y Alÿria tuvo que coger e Valandil del brazo para que éste se mantuviese quieto. Negó despacio y señaló a uno de los árboles cercanos para buscar una posición ventajosa sobre sus ramas donde ellos pudiesen atacar al grupo. Valunqüe y Terin atacarian por tierra, más dados al combate cuerpo a cuerpo.

- Eso estaría bien – murmuró un enorme humano con una cicatriz en el mentón y una barba mal afeitada. Sus brazos eran fuertes y su piel era tostada. Sin lugar a duda era un experto luchador y quien guiaba a ese grupo de mercenarios -. Limpiamos el bosque de estos elfos que no dejan de dar problemas y conseguimos un extra entregándoselos a Calimsham. Quizás me quede con una... - sonrió cogiendo a la elfa del brazo para obligarla a levantarse -. A ver dime ¿dónde está tu asentamiento? - preguntó zarandeándola. Pero lo único que obtuvo como respuesta fue a Tärwen escupiéndole a la cara. Ella a su vez obtuvo como respuesta un golpe en el rostro que le partió el labio y la tiró al suelo.

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- Parece que no eres consciente de tu situación – la cogió nuevamente del brazo para levantarla y la empujón de espaldas contra el tronco de un árbol bajo la divertida mirada de sus camaradas -. Puedo hacer que tu estancia con nosotros sea agradable para todos o... - y conforme dijo esto el enorme mercenario colocó la mano a la altura de la rodilla de la elfa, subiéndola. Tärwen se revolvió sin éxito y las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas impotente -, que no sea tan agradable para ti – dijo con brusquedad. Dio la vuelta a la joven elfa y la envistió con fuerza contra el tronco arracándole un grito de dolor para después pegarse a ella y rodearla con un brazo, colocando la mano en su pecho con la boca en su oido -. Tú decides...

Un gruñido salió de las entrañas de Valandil y lanzó una flecha directamente a la cabeza de aquel humano, pero al tensar el arco la herida del costado de la última batalla se abrió lacerante, provocando una punzada de dolor cuando el explorador soltó la flecha, la cual erró en su destino, alertando al resto.

- ¡Acabad con ellos! - la orden sonó en labios de Valunqüe, quién con el arma en ristre salió junto con Terin para combatir a los mercenarios, mientras Alÿria les apoyaba desde la copa de los árboles con el arco. Valandil descendió del árbol para enfrentarse a aquel mercenario que sujetaba a Tärwen cual escudo, pero a éste no le pasó desapercibido el estado del grupo de elfos, ni de color rojizo que comenzaba a manchar la armadura del explorador.

- Sea – sonrió salvaje lanzando a la elfa a un lado desenfundando una enorme espada.

Valandil se lanzó hacia el mercenario, esquivando el primer golpe que éste profirió y ágilmente usando la espada para darle un tajo en el muslo, aunque su intención era el tendón pues así le habian enseñado: Corta los tendones y le batalla habrá acabado. Pero cada movimiento le causaba una punzada de dolor en las heridas que comenzaban a abrirse. Podía sentir el calor de la sangre saliendo de su cuerpo y la debilidad de alguien que no había podido curarse debidamente, aún así, no iba a ceder. Alÿria abatió certeramente a uno de los mercenarios que iban a atacarle por la espalda y de un salto bajó donde se encontraba Valandil, poniendo espalda contra espalda y desenfundando su espada.
- Sácala de aquí y vámonos – murmuró la elfa apremiante -. Si nos separamos nos encontraremos en Sulôcauso y más te vale no caer insensato.

Las heridas de los elfos comenzaban a hacer estragos en los elfos -tal como Tärwen había dicho que sucedería -, sobretodo entre los Sultaasar, quien no parecía tener intención de salir con vida de esa batalla, recibiendo nuevas heridas mientras atacaban a los mercenarios. Pero ese grupo había sido enviado por Bunlap, estaban entrenados, frescos y eran numerosos, al contrario que ellos... malheridos, cansados y...

Alÿria giró sobre si misma para esquivar un golpe, asestando un corte en el vientre de uno de los humanos al tiempo que corría a ayudar a Valunqüe y Terin tras la caída de este último. Valandil trató de frenar con su espada un tajo del mercenario, pero su espada era más pesada que la de él, y el impacto provocó que el elfo perdiese pie ante el calambre que le cruzó el costado, cayendo de rodillas. Otro golpe y el arma del elfo salió despedida metros más lejos.

- Creo que al final me quedaré con tu amiga... y dejaré que mis camaradas la monten tantas veces como quieran – dijo cruelmente al elfo para que esas fuesen las últimas palabras que escuchase en vida. Levantó la espada y seguidamente se escuchó un fuerte golpe acompañado de un cuerpo que caía inerte frente a Valandil.
El explorador miró a Tärwen, con una roca entre las manos, las lágrimas agolpadas a sus ojos y temblando cual hoja en otoño.

- yo... yo...yo... - Valandil reconoció rápidamente el estado de shock de la lunar, pero no tenía tiempo para eso. El golpe si bien había sido fuerte no había sido lo suficiente para matarlo. Se levantó con la mano en el costado y cogió a Tärwen de la mano.

- ¡Desapareced en el bosque! - gritó en élfico al resto de sus compañeros sin soltar a la elfa. Alÿria no tardó en desaparecer tras el tronco de un árbol, perdiéndose entre la espesura, más los otros dos gentiles no obedecieron, pues el odio que había dentro de ellos por sus compañeros caídos les hizo permaneced, dándole tiempo a Valandil a huir con Tärwen aún a sabiendas que ellos no saldrían con vida de aquel combate.

La pareja corrió tan rápido como pudo aquella noche sabiendo que por muy buenos batidores que tuviesen, nada tendrían que hacer durante la noche y para entonces, ya estarían lejos.

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- La herida se te ha abierto – pronunció Tarwen horrorizada cuando Valandil se quitó la coraza de cuero mostrando todos los vendajes rojizos.

El explorador les había conducido hasta un claro protegido por la magia de las pixies que conocía de tiempo atrás, y ahora, frente al claro estanque las pequeñas hadas curioseaban a la pareja subida en las ramas de los árboles.

- ¡Los hombres son malos! - exclamó una de ellas con vocecilla infantil.

- Pero aquí no os encontrarán ¡están ciegos! - dijo otra.

- No están ciegos, es que no saben mirar – añadió una tercera. El elenco faérico asintió conforme.

- Os agradecemos permitirnos estar aquí – dijo Valandil con cortesía, pues si algo le había enseñado vivir en el bosque, era a no enfadar a los seres faéricos ni ser irrepetuoso.

- ¡Valandil! - llamó su atención al ver que parecía más pendiente del chismorreo de las fatas que de sus heridas.

- Maldita sea Tärwen, deja de gritar – le espetó el elfo con hastio. La lunar se quedó petrificada y bajó rápidamente la mirada, apretando los puños.

-¡Así no se habla a una mujer Valandil! - le increpó una de las fatas.
- Con razón no tienes novia. ¡Eres un salvaje! - y las fatas asintieron nuevamente conformes. Quizás ese no había el mejor lugar donde esconderse.

Valandil miró de reojo a las fatas no de muy buenas formas y éstas se escondieron tras las hojas de las ramas.

- Quiero decir... - suavizó el tono -. Está bien, solo necesito descansar y me curaré. No te preocupes.

Valandil cogió su propia camiseta y la apretó contra herida, apretando los dientes. Tärwen alzó la mirada con una mezcla de preocupación y culpa. Apretó los labios y contuvo un gemido lastimero, bajando nuevamente la mirada.

- (No estoy para esto ahora) – pensó el explorador mirando a la elfa -. De verdad, estoy bien...

- Y-yo... todo...ha si-sido culpa mi-a... - tartamudeó la elfa y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

- Eso no es cierto Tärwen, tú no sabías que esos hombres estaban en tu camino.

- Pero, pero si me hubiese quedado en Suldanessalar... ahora... ahora los demás estarían... - Tärwen se llevó las manos al rostro y rompió a llorar. Su cuerpo temblaba, descargando finalmente todo lo vivido en forma de lágrimas. Valandil se incorporó un poco, amagando un gesto dolorido por las heridas.

- No pienses en eso - le dijo apoyando su mano en la mejilla de la elfa, y con suavidad le hizo levantar la mirada -. Luchamos para proteger la vida del pueblo y sabemos a qué nos exponemos. Pero si dar nuestra vida consigue que otros puedan vivir la suya, será una buena muerte. Valunqüe y Terin han dado su vida para protegerte a ti y darnos una oportunidad a los demás a huir. Ahora están en el Arvandor, donde les corresponde.

- Pero...pe-pero están muertos por mi culpa... - lloraba -. Y Alÿria y tú casi... - la lunar se abrazó así misma. Apenas le quedaba unos harapos verdes del vestido inicial, dejando su cuerpo blanco a la vista. El gesto de Valandil se tensó al recordar las manos de aquel humano sobre la piel de la elfa.

- Ninguno hubiera permitido que te hiciesen nada Tärwen - le acarició la mejilla con el pulgar, secando sus lágrimas -. Descansaremos aquí y te acompañaré a Suldanessalar. Ahí estarás segura.

Tärwen asintió incapaz de dejar de llorar. Finalmente Valandil la rodeó con un brazo tratando de que se sintiese protegida, acercándole a él. Ahora podía sentir el calor que desprendía la gentil, escuchar su respiración y oler el aroma de su cabello. Era agradable poder sentir algo que no fuese el frio de la muerte y oler los cadáveres tras una batalla, ya ni recordaba la última vez que pudo descansar en un lugar como en que se encontraba y sentir el calor de otra persona, aunque recordaba sin muchos problemas que Alÿria fue esa persona, ¿fue tras una batalla o antes de alguna emboscada? Posiblemente en ambas ocasiones y en tantas otras, pero Tärwen era aún joven, ni siquiera estaba seguro que hubiese conocido varón alguno. Ni siquiera sabía porqué demonios estaba pensando en eso mientras aún tenía la herida del costado recordándole constantemente que estaba malherido. Puede que fuese la simple necesidad de buscar algo que le recordase que la vida no estaba llena de muerte y dolor... pero no podía hacerlo eso a ella después de lo que acababa de pasar, así que le dio un beso en la frente para que supiese que estaba ahí para protegerla y que nada malo le ocurriría, más Tärwen alzó en rostro posando su mirada en la del explorador. Algo se removió en su interior cuando cruzó sus ojos con las de ella y Valandil le tomó el rostro suavemente depositando un beso en sus labios.

Esa noche las fatas tendrían de algo de qué hablar.Imagen

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 13 Abr 2018, 17:01 
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Me acerqué hacia el altar donde los dos cuerpos de las elfas permanecían cubiertos por una sábana de tela, decorada con hilo de plata y símbolos propios del Pueblo.

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Todo permanecía en silencio pues nadie además de mi presencia interrumpía la quietud de aquella noche. Con un gesto delicado alisé una pequeña arruga en una de las sábanas y tomé aire, con mi mirada puesta en la silueta de aquellos rostros cuyos nombres posiblemente nunca sabríamos, ni sus familiares sabrían qué les había ocurrido o dónde se encontraban sus restos. Y yo estaba tan cansada… que la compañía de aquellos dos cuerpos me pareció lo único real tras tantas mentiras escuchadas en las tierras humanas.

...Estaba tan cansada...
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Cansada de las mentiras y los engaños, de las falsas apariencias, del egoísmo... ¿Cómo podían vivir de esa forma? Vinerva fue la primera gentil que me mintió a la cara, lo recuerdo perfectamente pues fue entonces cuando comprendí cómo se sentía la traición y ahora, había tenido que verme sometida durante meses a escuchar mentiras de senescales contribuyendo al odio hacia mi Pueblo, sonrisas falsas de amistad que después se convertían en puñales en la espalda, a ver cómo tejian telarañas de mentiras como hace la Traidora, tergiversando la verdad, buscando cualquier excusa para conseguir lo que desean sin perder nada a cambio, exigiendo sin demostrar nada, menospreciando pero sin buscar la concordia, solo el caos y sus propios y egoístas deseos, haciéndose las víctimas pero sin asumir las consecuencias de sus propias decisiones, y siendo juzgado por aquellos cuya codicia y egoísmo era comparable al deseo de sus gobernantes por conservar y engrandecer sus riquezas. Y todo ello desde la soberbiar de quien se cree intocable.

5.000 monedas, eso era el valor de un gentil en esas tierras. 5.000 monedas por el cuerpo de una elfa, torturada, desfigurada, cuyo caso habían cerrado sin más porque una nota les decía quienes eran. ¿Tal credibilidad daban a alguien capaz de cometer tales actos? ¿A Alguien capaz de desfigurar hasta dejar irreconocible a dos almas, torturarlas, violarlas brutalmente, marcándolas como animales de ganado? Al parecer sí, era más fácil y menos trabajoso confiar en las palabras que esa gente escribió en una nota y olvidar lo sucedido que encontrar a los culpables…

5.000 por recuperar el cuerpo de una gentil echada a un pozo lleno de cadáveres sin nombres cuyas vidas habían sido olvidadas, sin ropa ni respeto alguno, como quien se deshace de algo inservible.

10.000 por los dos cuerpos.
Sentí mis lágrimas agolpándose en mis ojos y mi mano acarició el rostro oculto de la elfa. Acercé mi rostro hasta que mi frente se apoyó en la suya.

- Vuestros restos descansarán junto a vuestro Pueblo y nadie se atreverá a profanarlos más… - dije de forma confidencial a aquellas almas que descansarían al Arvandor, junto a sus antepasados. Besé la frente de ambas mientras una lágrima escapaba de mis ojos hacia mis mejillas.

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...Estaba tan cansada de la falsedad de aquellas tierras...

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 07 Ago 2018, 19:53 
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Nunca había pensado que llegaría un día en que tendría frente a mi a otro elfo y mis ojos solo viesen eso mismo, la raza de una persona que nada tenía que ver con el Pueblo Gentil, sin respeto por si mismo, ni respeto por sus raíces, alguien que aunque pareciese ser parte del Pueblo, nada tenía que ver con nosotros.

¿En qué momento mis ojos se habían acostumbrado a mirar a alguien tan similar a mi y no ver a nadie perteneciente a los tel’quessir? ¿En qué momento la palabra “elfo” me había comenzado a sonar como una raza ajena a mi propia sangre?

Recordaba cuando antaño repetía la frase que todo tel’quessir era elfo, pero no todo elfo era tel’quessir, más siempre había pensado que aquellos elfos que habían sido criado lejos de las comunidades buscaban sus raíces, saber de ellos, respetar de dónde provenían, que deseaban aprender… y los que habían marchado para descubrir el mundo, seguían respetando de dónde provenían.

Más ahora me daba cuenta que todo aquello que pensaba eran meras ilusiones, y eso me destrozaba el alma.

Ahora podía comprender porqué los venerables y las comunidades élficas no veían con buenos ojos que los gentiles marchasen de sus hogares y se adentrasen en tierras humanas, y era porque la vida de esas tierras era tan rápida que les hacía olvidar lo que eran, sumergiéndolos en un torbellino que no eran capaces de controlar. Posiblemente algunos era lo que buscaban, conocer nuevas experiencias aunque ello implicase perderse por siempre en ese estilo de vida y alejarse del resto de los gentiles hasta llegar el punto de juzgarlos, olvidando que nuestra forma de comprender la vida se debe a nuestra propia longevidad, nuestras vivencias como Pueblo, a las enseñanzas del Seldarine, a todo lo que nuestros ancestros nos han transmitido durante miles de años.

¿Pero qué podía hacer?

Esa gente olvidaba que formaban parte de una familia, que sus acciones repercutían de una forma u otra en el resto. Muchos olvidaban todo lo que habían aprendido e incluso llegaban a comportarse y pensar como lo harían otras razas, perdiendo su propia identidad, deseando vivir como los humanos pues decían que así disfrutaban más de la vida. Incluso trataban de imponer los ideales humanos en el Pueblo Gentil.

Ellos habían elegido su propio camino libremente y yo debía respetar dicha decisión la comprendiese o no.

Además, estaba agotada de escuchar excusas de porqué se habían comportado de una determinada manera, usando frases aprendidas que me sabían como un vaso de arena seca en Flamarûl, agotada de ver cómo decían desear aprender pero se ponían a la defensiva ante cualquier comentario que no les agradase. Como eran capaz de juzgarte sin ni siquiera tomarse un momento para tratar de comprender, como si tú no tuvieses sentimientos, como si tuvieses que soportar y aguantar cualquier comentario o actitud que mostrasen, perdonar cualquier afrenta… Parecía que pensaban que era mi obligación enseñarles e ir tras ellos continuamente sin ver que mi obligación era con el Pueblo Gentil, no con ellos.

¿Cuándo mi mente fue capaz de diferenciarlos? ¿Cuándo mi corazón dejó de verles como parte de mi Pueblo?

No podía continuar así… aunque realmente me negaba a continuar continuar así, pues mi padre me había enseñado a sentirme orgullosa de dónde provenía, sentirme orgullosa de mis raíces, de nuestras tradiciones y enseñanzas. Cierto es que cometimos muchos errores en el pasado, pero seguimos aquí a pesar de toda la sangre derramada y las vidas perdidas por las guerras, y yo me debo a mi Pueblo, a los tel’quessir, pues yo no olvido de dónde provengo.

Pues aunque todos somos libre de elegir nuestro propio destino, todos seremos esclavos de sus consecuencias

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 10 Ago 2018, 23:44 
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Anith marchó aquel día al Eldat, sintiendo como la lluvia calaba sus ropas y su cabello, alejándose de las tierras de los humanos y buscando la quietud del bosque, rota tan solo por el quebrado grito que salió de su garganta y las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

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Nicky : Nunca cometas el error de enemistarte con alguien que no conoces, porque no sabes si el día de mañana esa persona será tu perdición.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 15 Ago 2018, 18:53 
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Sus pies desnudos se posaron sobre la fresca hierba de los páramos del bosque mientras la luz de la luna, en todo su esplendor, se deslizaba por la blanquecina piel de la elfa, como las gotas del rocío que se posan sobre los pétalos de las adelfas antes del amanecer.

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Todo era quietud esa noche, con la brisa nocturna haciendo que sus cabellos níveos se meciesen al cantar de las hojas de los árboles y el danzar de las campanillas y las hadas, las cuales volaban sobre la plateada figura de la Seldarine reflejada en la laguna. No había nadie más que ella y un pequeño ciervo que había seguido a la sacerdotisa hasta aquella planicie.

Cometa se olisqueó el aroma con su pequeña y negra nariz antes de sentarse, con sus enormes ojos posados sobre la sacerdotisa, que con paso calmado se acercó hasta el centro de la laguna, y con un movimiento aterciopelado se retiró el vestido plateado que le cubría el cuerpo, dejando que se cayese entorno a sus pies, permaneciendo entonces con unos ropajes más modestos y livianos, pero sin perder el detalle que tanto gustaba al Clero, con sus adornos plateados.

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Hacía demasiado tiempo que la sacerdotisa no se tomaba un momento para ella sola, demasiado que las responsabilidades y problemas le habían alejado de la Seldarine, y ahora necesitaba volver a reencontrarse con la Nube Luminosa y dejar fluir todo aquello que atenazaba su alma, dejar que la luna calmase su alma y su dolor, como un bálsamo hecho con todo el amor de una madre.

Así que la sacerdotisa cerró los ojos y se dejó llevar aquella noche por la silenciosa música de la luna, dejando que sus pies se deslizasen sobre la hierba, que sus manos tocasen las invisibles ondas que se arremolinaban entorno a ella, girando sobre si, sintiendo como su cabello se movía libremente mientras sus labios parecían cantar una suave canción élfica, acompañando sus gestos con la misma.

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Y así la joven sacerdotisa bailó aquella melodía que solo ella podía escuchar en su cabeza, sin más testimonio que las hadas y un cervatillo, amparada bajo el velo misterioso de aquella que vela por los secretos de los gentiles, girando una y otra vez con sus pies desnudos, sintiendo la conexión con el bosque y con los Seldarines, abriendo los brazos a su alrededor y alzándolos hacia la radiante luna del cielo, como si pudiese sentir el poder que emanaba y tocarla con la punta de sus dedos.

Una danza que duraría hasta que su corazón se sintió libre de nuevo, hasta que las dudas y el temor se marcharon liberándola y su alma se calmó, como si hubiese sido bañada por la cálida lluvia de verano y mecida por los afectuosos brazos de quien vela por ti.

Sin duda la vida no podía ser perfecta, ni ella era inmune a todo lo que debía ver, escuchar y soportar, pero lo que sí que era seguro, es que no importaba cuan oscura pareciese el camino que tuviese que recorrer, pues cuanto más oscuro fuese, más brillaría la luna en el cielo nocturno, velando por ella, por todos los tel'quessir, recordándonos que incluso en los momentos más oscuros de un gentil, siempre existiría un tenue camino plateado que nos ayudaría a regresar a nuestro hogar, a reencontrarnos con nosotros mismos y a renacer nuevamente, pues al fin y al cabo, son esos momentos los que nos muestran quienes somos en realidad, qué somos capaces de hacer y que no, por lo que debemos aprender de ellos, comprender, mejorar, crecer... pues la única manera de elevar el alma, es conocernos a nosotros mismos.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 29 Ago 2018, 19:59 
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Tras cruzar unas pocas frases con el guardia que custodiaba la entrada del cementerio, me calé la capucha y desenfundé mi espada, dispuesta a entrar a su interior.

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Los cementerios de aquellas tierras es algo que no dejan de sorprenderme, pues parece que la corrupción que emana de las entrañas de la misma tierra provocaban una gran cantidad de no-muertos, y aquel cementerio no era la excepción.

No era la primera vez que iba sola a aquel lugar y posiblemente no sería la última, aunque conocía perfectamente hasta dónde podía internarme sin ponerme en peligro y era algo que siempre tenía presente, más en aquella noche y después de que varios esqueletos alzados cayesen con sus huesos inertes a mi alrededor por mi espada, vi moverse una extraña criatura entre las tumbas que llamó mi atención

- Máz entrañaz.. máz huezoz.. máz cozaz… -le escuché decir mientras escarbaba en la tumba.

- Dejad esa tumba... - le dije pensando que se pudiese tratar de algún profanador, pero en cuanto alzó la vista supe que no era ningún bandido en busca de las reliquias de los fallecidos. La criatura se alarmó al ser descubierta y se giró para salir corriendo, aunque sus cortas piernas no le daban para ir muy rápido.

Entonces saqué mi arco y lancé una flecha de advertencia al lado de la criatura para que se detuviese, aunque él lo tomó como un fallo.
- ¡Ja.. ellacoza falla! ¡Ja! - rio. En ese instante un grupo de alzados notaron mi presencia y se lanzaron hacia mi mientras él trataba de huir -. ¡Ellacoza a por ella! Jijij

No comprendía bien lo que decía, más tuve que centrarme en aquel grupo de no-muertos que se lanzaron contra mi antes de lanzar una segunda flecha de advertencia a la criatura.
- Os he hecho una pregunta… - dije acercándome dejando tras de mi los huesos de los alzados.
- ¿Cual ez? - preguntó deteniéndose y volviéndose a mi.
- Qué hacéis en este cementerio....
- Coger coza – respondió -. comer.. coza.. hablar con ellacoza
- ¿ellacoza? - pregunté.
- Tu ellacoza – asintió un par de veces -. O... es.. elcoza?

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Miré detenidamente a la criatura frente a mi y finalmente vislumbré que debía tratarse de algún tpo de necrófago carroñero, aunque parecía que aún conservaba alguna pizca de inteligencia por lo que se mostraba menos agresivo que el resto de sus congéneres. ¿Es posible que fuese un recién creado?

- Os alimentáis de los cadáveres, ¿es eso? - pregunté para cerciorarme, a lo que él asintió, momento en que cogi una flecha de mi carcaj y le apunté sin titubeos.

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- ¡No dañe! - me pidió alarmado escondiéndose tras una lápida -. No hice nada.. ¿s ? ¿si?
- Vos ya no pertenecéis a este mundo... - respondí -. estáis muerto.
- ¿Por que ellacoza daña a mi? ¿Ellacoza maligna? - me preguntó -. Mi.. zolo come.. muerto.. no daña..
- Vuestra propia existencia se pelea con el Seldarine, con la naturaleza y la vida... - repetí, pues sabía perfectamente que era cuestión de tiempo que la corrupción de su cuerpo corrompiera lo poco que pudiese quedar de su alma, si es que realmente aún estaba ahí dentro.
- Zolo quiere.. alimento.. no daña.. no mete con nadie.. ¿por que mi?
- Debéis marchad y proseguid vuestro camino, pero no podéis continuar en este mundo – dije. Más lo que aquella criatura entendió era que le “dejaba marchar”, cuando me refería a su alma, así que cuando trató de irse le disparé.

Intenté ser certera, pues bien me enseñaron que debía ser letal con mis enemigos pero compasiva al mismo tiempo, más la propia fortaleza de aquellas criaturas impidió que la primera flecha que lancé le diese muerte. El ghul chilló al sentir el impacto de al flecha y trató de huir torpe y lentamente. Usé una segunda flecha y éste cayó al suelo, tratando de arrastrarse para huir de mi presencia, con sus garras en el pecho.

Sus ojos eran aberrantes y deformes, sin un ápice de vida y aún así, en cuanto desenfundé la espada para poder darle paz me pareció ver …

¿miedo?

- Vuestra alma pronto se reunirá con vuestro Dios y no habrá más dolor... os lo prometo – dije como si sintiese la necesidad de calmarle -. Pero no podéis seguir en este mundo, es hora de que vuestra alma continúe su camino.
- Mi.. zolo come.. no daña.. mi.. pide fa.. favor… - me rogó una vez más con las garras temblando ante la visión de mi espada.
Entonces le di un certero corte para acabar con su no-vida rápidamente y su cuerpo pronto comenzó a pudrirse frente a mi, fundiéndose como una mancha espesa de lodo.

Suspiré y entonces escuché a mi espalda una tenue voz de un hombre, un “gracias” que pareció traer consigo algo de brisa fresca en aquel corrupto lugar, aunque cuando me volví, no había nadie.

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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 14 Oct 2018, 19:23 
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Es sabido entre el pueblo gentil, que cuando la vida de un tel'quessir está llegando a su fin experimentará dos eventos en su vida que sus más hallegados podrán reconocer fácilmente, siendo uno de estos, que en los ojos del elfo aparecerá una luna creciente, el arco lunar de la seldarine Sehanine, señal de que pronto la Nube Luminosa guiará su viaje hacia el Arvandor.

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Pero por desgracia, muchas veced la vida es arrebatada antes de tiempo de forma inesperada, por lo que los sacerdotes del Clero de Sehanine se encargan de iniciar los ritos funerarios para ayudar al alma a marchar al Arvandor.

Ese era el consuelo que tenía cuando hallamos el cuerpo del explorador de su majestad sin vida en aquel sepulcro de tiempos antiguos, que ahora su alma sería libre y podría marchar junto a los suyos al Arvandor, donde podrá reunirse con sus familiares y amigos, rodeado de fatas, del prodigioso bosque creado para nuestro Pueblo por el Seldarine... Pero cuando mis ojos se posaron sobre el rostro del explorador sentí algo que inquietó mi alma.

Al principio no supe qué podía ser, solo que algo no marchaba bien y que algo no estaba donde debía estar. Miré a mi alrededor tratando de ver algo más allá que escapase de mi comprensión y cuando volví a aproximarme al cuerpo del elfo fallecido la respuesta me vino como una puñalada que atravesó mi alma.

- ¿Dónde está su alma? - pregunté. El grupo se inquietó ante mi pregunta, otros quizás me miraron sin comprender muy bien a qué me refería y no era para menos, pues ni siquiera yo lo entendía. Aún así, estaba segura que su alma no había marchado al Arvandor, que no permanecía aún atado a su cuerpo y que tampoco había quedado ligado a aquella sala por la violenta muerta.

No había rastro de su alma y sino la localizaba, es posible que quedase atrapaso en el plano mortal y que nunca pudiese viajar al Arvandor.

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Mi primer instinto fue mirar el suelo con el corazón encogido dentro de mi pecho y buscar una gema donde quizás hubiesen atrapado su alma. ¿podían haberle asesinado en otro lugar? ¿Alguien atrapó su alma para un ritual? ¿Lo destruyeron? Mi corazón se aceleró ante cada pregunta sin respuesta que me venía a la mente, temerosa que nunca pudiese descansar y quedase su alma siendo atormentada para la eternidad, algo que como sacerdotisa de la Nube Luminosa no podía permitir.

Pero no había rastro de su alma y para empeorar la situación, un archimago, el artífice de todos aquellos levantamientos de no-muertos en el Weldath poseyó el cuerpo inerte del elfo en un alarde de poder o menosprecio delante de nosotros. Había tenido que combatir a muchos no-muertos, ya fuesen esqueletos, necrarios, algún vampiro... aberraciones en vida que rompian el equilibrio de la naturaleza y que nunca tuve problema en combatir y destruir sus cuerpos, pero ahora el cuerpo que se movía de forma grotesca frente a mi era un elfo de mi propio pueblo, lo que me provocó distintas emociones, desde la indignación de que alguien se atreviese si quiera a usar el cuerpo de un gentil como un títere hasta la frustación de saber qué si destruía el cuerpo se acabaría ese grotesco espectáculo pero al tiempo, ser incapaz de darñarlo. Fue apenas un minuto, una insignificancia para un gentil, pero cuya imagen se clavó en lo más profundo de mi pupila.

Entonces, el cuerpo cayó al suelo nuevamente sin vida y la sala donde nos encontrábamos comenzaba a requesbrajarse. No había tiempo para hacer nada más que recuperar el cuerpo y marchar y así lo hicimos.

Oyave se llevó a parte del grupo de regreso a Suldanessalar y yo me llevé a otros pocos, dejando atrás los túneles subterraneos de aquella cripta con sus centenares de guerreros caidos y posiblemente con el alma del gentil atrapado en algún lugar. No... no podía permitir eso, no podía dejar que el alma de un caído quedase en el olvido, y aunque aún no estaba segura cómo hacerlo, hallaría el alma de aquel explorador y ayudaría a su alma a viajar hasta el Bosque Sagrado del seldarine.


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 Asunto: Re: Anith Sella
NotaPublicado: 15 Oct 2018, 21:36 
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Los pequeños aceptan el mundo tal como se les muestra, aceptando las cosas tal como lo ven y tratando de imitar a sus mayores, y eso no era distinto para los más pequeños de Suldanessalar, los cuales eran capaces de ver en sus compañeros alguien de su mismo pueblo sin importar el color de su cabello o su piel, hasta que comenzaban a ser consciente de aquellas pequeñas diferencias entre las razas de los tel'quessir, su forma de proceder, sus ropajes, su tono de piel, incluso la forma que podía existir a la hora de dirigirse entre ellos ciertas razas, como aquellos de cabellos rubios y piel dorada muchas veces hablaban con cierta altivez consdescendiente a los elfos de piel pálida y cabellos plateados, como los elfos de cabellos oscuros y piel más morena decoraban sus cabellos con plumas y su piel con símbolos tribales.

Entonces solía surgir una duda entre ellos. ¿Por qué su amigo tenía el cabello blanco como los venerables cuando tenía su misma edad?

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Esa es una pregunta que había escuchado en más de una ocasión, y mi respuesta siempre era la misma, una historia donde contaba que hacía mucho mucho tiempo, antes incluso de que el Pueblo Gentil existiese, Corellón batalló con el malvado Dios Orco y que durante esa batalla, Sehanine descendió frente al Seldarine al verle malherido. Entonces, cuando sus lágrimas resbalaron por sus mejillas al verle malherido y cayeron al suelo, éstas se mezclaron con la sangre de Corellon, naciendo entonces los tel'quessir. Fueron varios quienes nacieron de tal unión, todos distintos pero con rasgos similares a sus padres. Unos nacieron con el cabello dorado y la piel luminosa del padre, otros nacieron con la tez tostada como los frondosos árboles de los bosques y el cabello oscuro como la noche que ilumina la Nube Luminosa... pero uno de aquellos gentiles, el último en nacer de tal unión, nació sin respirar.

Sus hermanos trataron que reaccionase sin éxito velando por él durante tres dias, y la noche del tercer día le cogieron en brazos y se dirigieron a una laguna cercana, donde la luz de luna se reflejaba en su ondulada superficie. Entonces, pidiendo la intercesión de Sehanine hundieron su cuerpo en el agua.

En ese momento la Seldarine insufló vida en el joven tel'quessir, pero al mismo tiempo, su cabello se tornó blanco y su piel palideció como el de la tenue luz de la luna que le mecía con su reflejo.

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Y es por eso que a los elfos lunares se nos consideran los hermanos pequeños de los cuales los solares deben cuidar y el motivo por el cual podemos nacer con el cabello blanco.

Aunque realmente es un sencillo cuento para entretener a los más pequeños.

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