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 Asunto: La Dama que al Destino obedece
NotaPublicado: 27 Ene 2020, 20:48 
Jinete ciego
Jinete ciego
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Lilith Adalar Sylfai

Descripción física:
Ante ti está una joven mujer humana, es de piel pálida pero llena de vida. De altura media, ligeramente esbelta y un físico en forma pero no especialmente curtido. Luce un pelo rubio desgastado que ha dejado llegar hasta a altura de su torso. Sus ojos son de un tono castaño que se aproximan al color dorado, comunes a la vez que llamativos.

A primera apariencia la mujer es cordial, amable y serena, aunque un tanto inquieta.

Alguien con conocimientos básicos de religión identificará que porta símbolos de Kélemvor. Un colgante e insignias por sus ropas/ armadura, además de algunos grabados en estas.

Resumen de la historia:
Lilith es hija de una noble que abandonó a su familia para acompañar al amor de su vida, un caballero seguidor de Kélemvor, el cual fue el padre de la chica. Sus dos padres, aún jóvenes, vivieron viajando con un grupo itinerante unido bajo la fé común de Kélemvor, que se dedicaban a predicar su palabra por los lugares que pasaban, además de realizar una cruzada frente a la nigromancia y por tanto los no muertos.

La joven creció en esta situación, sin conocer un hogar fijo en su vida pues viajaba desde su nacimiento. Educada en la fé y valores del grupo, consideró su familia a los creyentes con los cuales compartía su día a día. Sin embargo, crecer en un grupo tan insular como este le dificultaba relacionarse con personas distintas.

En su adolescencia tuvo un incidente traumático, los combatientes del grupo marcharon a una cripta por petición de los lugareños, pues algo que atentaba contra la vida se encontraba en el lugar. El incidente fue fatal para los kelemvoritas, y ese día Lilith perdió a su padre y otras figuras importantes de su vida, pero la muerte de su progenitor quedó en un extraño suceso que aún le carcome por dentro.

Finalmente, un último encuentro que afectó a su decisión de separse del grupo fue salvar de las garras de la muerte a un mestizo de orco y humano, con el cual compartió un tiempo antes de continuar el viaje ayudándole a poder entrar en la sociedad humana. Este choque cultural le abrió los ojos, y pidió el permiso para poder emprender un viaje por ella misma a su madre y queridos en la banda kelemvorita. Así pues, marchó a Amn, esperando volver a encontrar a aquel semiorco y más importante, descubrir qué le deparaba su destino...

Historia:
Nacida en Ormath, hija de una noble llamada Elizabeth y un caballero llamado Aeron. Las circunstancias de su nacimiento fueron peculiares, pues también lo era la forma de vida de sus padres. Elizabeth abandonó apenas a sus 17 años a su familia, nobles de baja casta, para huir a una vida más emocionante junto con Aeron, un apuesto y valiente joven de 21 años de edad. Aeron pertenecía a un grupo de viajeros, de carácter religioso, que atravesaban incansablemente todo el continente de Faerun. El factor que unía a la banda nómada era que todos servían a Kélemvor, o al menos tenían una afinidad a este. Clérigos, sacerdotes, paladines, caballeros y simples creyentes integraban el grupo, que se dedicaba a predicar allá por donde pasaban las consignas de su Dios patrón, también combatiendo en una cruzada sin fin las abominaciones que se aferran a la vida: los no muertos.

Dada la integración de sus padres en el grupo, Lilith no conoció ningún lugar como su verdadero hogar, pues Ormath fue únicamente uno de los muchos lugares que ella ha ido conociendo. Posadas, tabernas, campamentos, hospicios y por supuesto templos eran el pan de cada día desde que ella posee memoria, y se siente cómoda en ellos.

Desde joven fue adiestrada en la fé, la educación, los modales y los valores que debía fervientemente seguir, no únicamente por sus padres sino también por los compañeros de estos, a los cuales consideraba familia. De vez en cuando, algún miembro fallecía cuando los combatientes del grupo enfrentaban bandidos o no muertos, por petición de las gentes, de forma fortuita o voluntad propia, pero la muerte de los queridos era tratada no con pena ni sensación de pérdida, sino respeto y aceptación del destino: la muerte es un paso más, inevitable y final. Esto condicionó mucho la forma de entender la vida de Lilith, que daba importancia y se preocupaba por los vivos, mientras que mostraba el respeto merecido a los caídos.

A sus 10 años de edad, la joven comenzaba a seguir el ejemplo de su energético padre, aprendiendo a utilizar las armas para luchar por los valores que le habían sido inculcados, aunque no sería hasta años posteriores que utilizaría en combate real todo lo aprendido.

A sus 13 años, la banda de kelemvoritas se encontraba asentada en un campamento temporal, no muy lejos de un pueblo que les habían pedido ayuda, pues había unas criptas cercanas habitadas por seres de naturaleza malévola. Los valientes batalladores del grupo marcharon a la cripta, pero pocos fueron los que volvieron de esta. La madre de Lilith la buscó, pues ella estuvo ocupado con los quehaceres del refugio improvisado. Una vez fue encontrada, su madre le dirigió la palabra.

"Lilith, querida mía, escuchame. Nuestros valientes amigos han vuelto ya de la cripta... pero no todos, nuestro Señor ha reclamado el alma de alguno de nuestros queridos, entre ellos se encuentra vuestro padre." - Le dijo, en semblante serio, Elizabeth.

Conocer lo ocurrido hizo a Lilith soltar un respiro, alzó su mirada al cielo, y dirigió la mirada a su madre. Sin sollozar y comprendiendo que no volvería a ver a su ídolo y ejemplo a seguir, la joven aceptó lo ocurrido, o al menos ella lo creía así.

"Tendremos que despedirlos. Ayudemos a preparar todo madre."
- Respondio la joven, serena en su respuesta.

Veinticinco hombres y mujeres fueron a la cripta, de los cuales siete regresaron. El tropel de kelemvoritas realizó sus ritos y sepulcro, pero los restos del Aeron no fueron encontrados, al contrario que el del resto de víctimas de la siniestra cripta. Sin embargo, su armadura fue encontrada y entregada por un paladín que sí regresó, Kellam .

"Pequeña Lilith" - Le dijo Kellam. "Toma la armadura de Aeron, sé que tu padre querría que tu la tuvieses." - Dijo, buscando reconfortar su corazón.

"No pude encontrarle, para mi deshonor, y no sé que le ocurriría ahí dentro. Pero sé y con certeza que falleció luchando valientemente por todos nosotros." - Afirmó sin duda alguna a madre e hija.

La armadura había sido atravesada de una forma que habría pasado a través del pulmón de Aeron. Aún quedaba algo de sangre por ella, que había sido limpiada a conciencia por el paladín antes de ser entregada a la chica. Ella la aceptó con cariño, pues seguir los pasos de su padre, era lo que deseaba más que nada. Sin embargo, el quedar en misterio la muerte de su padre le continuaría persiguiendo.

A los 17 años, la clériga ya era una mujer adulta hecha y derecha, portaba con orgullo la armadura remodelada de su padre y combatía cuando hacía falta con bandidos o no muertos junto a sus experimentados compañeros. Sin embargo, viajando de forma fortuita ella encontró un día a un mestizo de orco y humano, rojo como la misma sangre, tirado cual bestia moribunda en el suelo en un lugar cualquiera. Lo recogió, al averiguar que continuaba con vida, Kélemvor todavía no había reclamado su alma, por lo cual ella creía de forma concienzuda que algo debía esperarle en su futuro. En la banda de kelemvoritas no eran partidarios de aceptar al semiorco, pero no les era fácil rechazar los deseos de Lilith, que daba todo por ellos y solo tenía buenas intenciones.

Quedaron por un tiempo en un hospicio por la zona, y les sorprendió la velocidad de aprendizaje de aquel semiorco, que sin haber tenido mucho contacto con los humanos anteriormente se hizo a su idioma y costumbres. Sin embargo, este seguía su propia forma de vida, Titanicus el semiorco rojo no parecía interesarse por las enseñanzas de kélemvor, y ya era hora de marchar a otro lugar para el grupo. Lilith por su parte había cogido cariño al semiorco, que consideraba un amigo nuevo, le asombraba su forma completamente distinta de entender la vida, incluso si a veces chocaba con su propia percepción. Se despidió del mestizo, que esperaba volver a ver en el futuro. La joven clériga nunca antes había tenido la oportunidad de entablar una relación de esa profundidad con gente fuera de su banda, pues sus estancias eran cortas y mayormente pasaba el tiempo con los suyos. Esta interacción despertó una necesidad de desprenderse de su familia, es decir su madre y el resto de compañeros que estaban con ella desde la más temprana edad.

A sus 19 años, Lilith tomó la decisión. Le contó a su madre la necesidad que tenía de ir a vivir por sí misma, de alejarse aunque fuera temporalmente del grupo, que el destino le estaba llamando. Con dudas, temor y a la vez nostalgia, Elizabeth le dio su bendición, recordando como ella misma abandonó su cómoda vida en la ciudad para irse con el amor de su vida, conocer mundo y hacer lo que deseaba.

Así pues, Lilith abandonó la vida que conocía y marchó a Amn, con varios objetivos en mente: ayudar a los habitantes del lugar, continuar enfrentando a los no muertos en la cruzada eterna y reunirse con aquel mestizo que le abrió la visión de vivir de una forma distinta.
Además, la mujer tenía otras razones que no admitiría en público: descubrir en algún momento qué pudo ocurrirle a su padre, y seguir una sensación desconocida que la atraía por alguna razón, algo a lo que ella llamaría el destino...

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Lilith : Lilith Adalar Sylfai

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Última edición por Xakonero el 21 Mar 2020, 13:10, editado 1 vez en total
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 Asunto: Re: La Dama que al Destino obedece
NotaPublicado: 09 Feb 2020, 13:19 
Jinete ciego
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Romance de unos jóvenes

Había una historia de sus padres que a Lilith le encantaba oír, esta era sobre el encuentro "destinado" de Aeron y Elizabeth. La primera vez que la oyó fue sobre los 8 años de edad, un día cualquiera disfrutando del buen tiempo en un campamento provisional...

Lilith estaba descansando con sus compañeros kelemvoritas, hablando de temas comunes, hasta que miró a sus padres y la duda le surgió, cosa que preguntó.


- ¿Cómo os conocistéis? - Dijo directamente a sus progenitores Lilith.

Esto llamó la atención de los que se encontraban en el lugar también, entre ellos el Paladín Kellam y la luchadora del Puño de Koaz, Noa.

- Esa es una buena pregunta Lilith, ¿Cómo fue Elizabeth? - Preguntó Noa.

- Cada uno de estos dos tiene su propia versión Noa, tendrás que preguntarles a ambos - Dijo, soltando una carcajada Kellam.

Elizabeth y Aeron se dedicaron una mirada cómplice entre ellos, en la cual la madre de la pequeña dedicó una sonrisa a este. La aún joven madre aclaró su garganta y comenzó a hablar.

- Lo recuerdo como si fuera ayer... Fue cuando llegásteis a mi ciudad natal hará ya nueve años, vuestra llegada alertó a toda la ciudad y más de alguno se asustó por lo que llamaron un "funesto augurio". - Elizabeth rió al decir lo último, quizá porque ella pensaba así o por la ingenuidad de los que eran sus vecinos.

- Dices eso querida, pero a nosotros nos atendieron con respeto y dignidad, ¿Verdad?
- Comentó Aeron a Kellam.

El padre dirigió la mirada al paladín esperando su complicidad. Kellam sin embargo soltó unas carcajadas y se llevó una mano a su frente. Lilith miraba curiosa la conversación, intentando seguir a lo que se referían.

- ¡Estabas ciego si no lo notaste! - Exclamó Kellam a Aeron - Más de uno me preguntó si es que venía una horda de no-muertos tras de nosotros. Y muy en serio vino a mi una pobre mujer, llena de terror. - Dándole brillo a su espada, el kelemvorita continuaba a tono algo más serio - Aquel podría haber sido el caso por lo cual no les culpo, pero de igual forma depende mucho de a donde vayamos nos tratan como héroes o una plaga.

Aeron ladeo un poco la cabeza a las palabras de su amigo, gesto que Lilith adquiriría de este posteriormente. Y Noa intervino.

- ¿Estabas demasiado cegado por amor a primera vista Aeron? Bien sé que no se te suelen escapar tales detalles. - Dijo entretenida la monje.

- Así fue. - Afirmó Elizabeth, contenta.

- Yo no diría que... - Decía Aeron antes de ser interrumpido por Kellam.

- ¡Totalmente perdido! Si hubieras seguido por más tiempo así, habría incluso afirmado que tu Fé estaba empezando a flaquear. - Comentó el paladín - Recuerdo que estuviste muy abstraido toda la dekhana que pasamos.

Durante unos minutos Aeron y Kellam discutieron en tono amistoso aunque enfrentados por cómo de cierta fue la actitud del padre de Lilith, la cual se estaba divertiendo y disfrutando la romántica aunque contradictoria historia. Noa le susurró a Lilith "Situaciones como esta son muy normales en amigos de hace tanto tiempo", con una sonrisa de oreja a oreja. Sin llegar a un acuerdo, pararon y Elizabeth retomó comentando su encuentro.

- Interesada en ver a tal grupo, salí a ver la posada en la cual os asentásteis. No solía acercame a aquel barrio, pues mi madre consideraba que aquel no era lugar para una dama - Suspiró, algo nostálgica - Y me perdí por el camino. - La mujer se llevó ambas manos al mentó y dirigió la mirada a Aeron - Tropecé, por quehaceres del Destino, con un apuesto hombre claramente extranjero. Caballeroso como nadie, me preguntó "Oh hermosa Dama, ¿Necesita alguna ayuda que servidor le pueda ofrecer" - Elizabeth imitó la forma de hablar de Aeron, dándose un aire aunque particularmente exagerada.

Lilith y Noa rieron a la imitación de Elizabeth, a la cual Aeron respondió rápidamente.

- ¡No soy tan remilgado y todos lo sabéis! - Dijo, claramente animado - De hecho querida mía, he de comentar cómo ibas por la calle. -Aeron sonrió con cierta malicia- Con un calzado exageradamente alto y levantando una falda demasiado larga, andando por unas calles repletas de barro torpemente, una escena surrealista si me preguntárais. Desde luego puedo asegurar que jamás pisaste aquel barrio en toda tu vida, presenciar a una gallina descabezada sería el mejor símil que os puedo ofrecer.

Lilith, Kellam y Nao miraron a Elizabeth al unisono, echando a reír imaginando la escena que describía Aeron. Eliabeth se sonrojó y dedicó una mirada fulminante a Aeron, el cual sintió un escalofrío.

- ¡Pero qué iba a saber yo! Quería ir de buen ver, y culpa mía no es que mis padres apenas me permitieran vagar con la gente de a pie. - Se quejó Elizabeth - Lo seguro es que te lanzaste a por mí en ese momento, embelesado.

- No, no. Eras tú quién quedó asombrada ante mi caballerosidad. - Confrontó Aeron.

- Me sorprendió tu comportamiento, particular como poco. - Devolvió Elizabeth.

Con una rivalidad cariñosa la pareja se dedicaba a llevarse la contraria entre sí. Lilith se dedicaba a observar su relación, pues pocas cosas le hacían más feliz que el disfrute de La Vida de sus seres queridos.

- Kellam - Dijo Noa - ¿Quién de los dos lleva razón? - A la pregunta, todos se giraron a ver la reacción del paladín.

- Yo únicamente puedo hablar de lo que vi, pues no presencie tan pintoresca escena. - Dejó su espada de lado, para contestar adecuadamente - Aeron entró con una bella dama a la posada, este enseñándole el lugar y tomándole de la mano con una sonrisa fuera de lugar. Y mi amiga Elizabeth, actuando cual niña que por primera vez veía mundo. Sin duda, estábais hechos el uno para el otro.

La aún niña se maravillaba. Entonces, preguntó.

- ¿Y entonces qué pasó?

- Tu padre estuvo visitandome toda la dekhana. Me estuvo hablando de sus hazañas y del duro trabajo de los kelemvoritas. - Elizabeth se llevó la mano a un colgante - Además me andaba preguntando cómo era mi vida por aquel entonces, pues parecía una chica que no conocía casi nada del exterior.

- Y así era - Dijo Aeron en tono más serio - Tu madre vivía prácticamente encerrada con tus ab... - Aeron pausó, retractándose - Una mujer con tantas ganas de vivir, recluida era algo que no soportaba. Por ello le ofrecí venir con nosotros si eso era lo que ella deseaba.

- ¿Tan mal estabas Eliza? - Preguntó Nao.

- No vivía mal, pero aquello no era lo que deseaba hacer durante el resto de mis días - La madre se toqueteaba un poco su pelo - Y Aeron me conquistó, aún recuerdo cómo al segundo día de conocernos me trajo una flor de lily - Rió un poco a lo que continuaba - no sé de donde la sacó, pero fue una sola y parecía haber atravesado una tormenta. Aún así era preciosa.

- La naturaleza no es una de mis especialidades. - Dijo a tono alegre Aeron - Subí algunas cuestas para tomarla y caí con ella, fue un milagro del mísmiso Kélemvor que la flor sobreviviera, ¡Estaba Destinado a entregartela!

- ¿Te costó mucho decidir irte con padre? - Dijo Lilith curiosa.

Elizabeth se llevó un dedo al mentón, pensando un poco.

- Esa sería otra historia Lilith, otro día te la contaré querida. Creo que deberíamos ponernos a trabajar un poco, habrá que preparar la comida pronto. - Dijo con una sonrisa Elizabeth.

- ¡Yo te ayudo! - Dijo Lilith.

- Cocinar es mi cuarta tarea preferida - Dijo Kellam poniéndose en pie, para ir a ayudar.

Nao miró un poco extrañada a Elizabeth y luego a Aeron, el cual encogió sus hombros en señal de respuesta...

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Lilith : Lilith Adalar Sylfai

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 Asunto: Re: La Dama que al Destino obedece
NotaPublicado: 21 Mar 2020, 15:37 
Jinete ciego
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La despedida

La decisión que tomó Lilith de dejar a su madre y por consiguiente a sus compañeros fue difícil. Fueron dos años los que la idea rondaba sin parar su cabeza. ¿Libertad o Destino? La duda plaga la mente de la joven, pues ¿Acaso seria Libre si únicamente sigue un camino predeterminado que desconoce? En cualquier caso, Lilith acepta aquello que sea.

Llevó algunas dekhanas a la Clériga prepararse para partir por su cuenta a Amn. Tanto mentalmente como elegir el equipamiento indispensable para viajar. Nao había contactado con una caravana que se dirigiría a la Ciudad de la Moneda, de esta forma Lilith podría llegar con buena compañia a la lejana, pues su marcha en solitario era impensable.

Fueron muchas las personas que despidió la sacerdotisa, pues prácticamente todos los de la banda tenían relaciones cercarnas entre sí. Sin embargo, fueron tres las conversaciones que mayor peso tuvieron para ella: Kellam, Nao y por supuesto su propia madre.

Kellam Guardiabasta, Paladín de Kélemvor.
Lilith escribió:
"Pues Kellam era uno de los amigos más cercanos de mi padre. Siempre con una sonrisa luminosa en su cara, tiene la capacidad de animar siempre a aquellos que acompaña. Hay quienes tachan a los Paladines de estar demasiado obcecados en sus paradigmas e ir predicando sin considerar cómo puede afectar a quienes no comparten sus ideales, pero Kellam es la prueba de que eso no es cierto. Se desvive por el bienestar de aquellos a los que acompaña, buscando mantener la moral correcta y necesaria.

Por otra parte, tiene muchas aficiones: le encanta la cocina, disfruta de la forja, aprecia la moda y disfruta en su justa medida los juegos de cartas, entre otros quehaceres que lleva con orgullo y pasión.

Pero aún así, Kellam es siempre el primero en armarse de valor y luchar por los débiles. Si la situación necesita seriedad, él la tendrá. Es alguien a quien admirar."


Lilith entró a la improvisada tienda de campaña que usaban de herrería en el campamento actual. Ahí se encontraba Kellam, esperándole mientras limpiaba con sumo cuidado las placas de la armadura de la sacerdotisa.

- Ya está lista, he tenido que adaptarla un poco, creciste en los dos últimos años y no te iba quedar bien - Rió Kellam - Toda una bella mujer eres ya, la viva imagen de Eliza.

- Gracias por el trabajo Kellam, vaya donde vaya he de continuar mi labor. - Lilith tomó asiento junto al hombre.

- Así sea. Tu padre estaría orgulloso de verte, puedo asegurartelo. Así que porta tu símbolo sagrado y su armadura como él hizo durante toda su vida. - El paladín acarició la cabeza de la joven con ternura - Aún te queda mucho por aprender, cómo a todos. Pero estás más que preparada, asi pues enfrenta sin temor las dificultades y penurias que encuentres, ¿De acuerdo?

Lilith asentió, a lo que Kellam soltó el trapo con el limpiaba las placas y le dio un fuerte abrazo durante un corto y a la vez largo tiempo.

- Ven a verme antes de que sea un anciano cascarrabias ¿De acuerdo? - Le dijo con una gran sonrisa.

- No podría imaginarte perdiendo tu espíritu joven Kellam, tienes ya tu edad y aún así pareces más joven que los de la mía. - Le contestó Lilith.

- Si me lo propongo lo consigo, ya sabes bien que nada para a este viejo toro.

Durante un rato más hablaron de temas de menor importancia, disfrutando de la que sería su última charla en muchísimo tiempo...

Nao Salchai, de la Orden del Puño Koaz
Lilith escribió:
"Nao es una fuerte doncella de combate. De mente rápida y sagaz, es una estratega nata, por lo que sé sigue y aprecia también las enseñanzas del Caballero Rojo, aunque su lealtad está con el Juez. Tiene buenos dones de gentes y capacidad de administras situaciones difíciles con la prontitud necesaria.

Es muy amable y sabia, es una persona con la cuál te sientes cómoda rápidamente, pues sientes que puede ayudarte con cualquier tema. Ha sido un pilar de apoyo no solo para mí, sino también para el resto del grupo. En especial, apoyó mucho a Elizabeth, mi madre, cuando Aeron desapareció."


Una mano se posó en el hombro de Lilith, tomando la persona asiento a su lado.

- Ya está todo cerrado, la caravana se ofrece a llevar a Athkatla bien segura, y todos tus gastos están ya pagados. - Dijo Nao - ¿Te encuentras preparada para afrontar este nuevo reto, preciosa?

- Pues estoy un tanto nerviosa Nao, pero estoy decidida a ello. He de ir y dar lo mejor de mí... Creo que puedo hacer mucho. - Los ojos de la clériga, llenos de convicción se fijaron en los azules ojos de la monje.

- Entonces no hay nada de que preocuparse. Cómo hizo Eliza, conseguirás lo que busques y más de lo que esperas. El mañana brillará para tí, puedo estar segura de ello - Nao pinzó una de las mejillas de Lilith - Y siempre puedes volver con nosotros si así lo ves necesario, ¿De acuerdo?

- Aish, no hagas esto Nao que nos está mirando todo el mundo y ya no soy una niña... - Le dijo algo enervada.

- Por favor Lilith, no te averguences de demostraciones de cariño. Tu eres casi como una hija para mi también. - Pasó su mano desde la mejilla a su mentón, y luego le colocó el pelo correctamente - Cuídate bien, ¿De acuerdo?

Lilith, algo conmovida asintió a Nao, la cuál le dió algo para picar mientras pasaron el rato...

Elizabeth Sylfai
Lilith escribió:
"Mi madre, Elizabeth, no es una guerrera, ni una paladin, ni una sacerdotisa. Ella es una creyente más, es el tipo de persona por la que luchamos. Alguien que desea disfrutar de La Vida hasta que La Muerte le reclame. Aún así, mantiene los valores en los que creemos y su labor es indispensable: mantener un apacible lugar de descanso y realizar las tareas comunes es, aunque poco apreciado, un deber más para proseguir con nuestro día a día, pues la guerra no se lucha únicamente en la frontera.

Elizabeth es un espíritu libre, aunque ya asentada, es alguien que llena de felicidad a quienes acompaña por su mera forma de ser. Lo pasó mal con la pérdida de padre, pero no se derrumbó y siguiendo las enseñanzas del Juez mantuvo el temple que se le debe a la Muerte. Es, aún no habiendo portado un arma en su vida, una de las personas más valientes que he conocido.


- Madre - Dijo Lilith, reuniéndose por última vez con Elizabeth - Gracias por apoyarme en... Todo esto.

Madre e hija se reunieron en una tienda de campaña que Elizabeth, junto a otras creyentes compartían. Elizabeth parecía estar cosiendo algo, y contestó de espaldas.

- Lilith - Mencionó Elizabeth con una muy suave voz - Seria completamente hipócrita por mi parte no ayudarte. Tus... Abuelos jamás aceptaron dejarme vivir a mí mi vida. Y aquello fue muy duro para mí, jamás querría provocar algo como aquello en tí. - Se dio la vuelta, fijando sus ojos en la ya adulta joven.

- Quiero que cumplas con lo que esperamos de tí, pero también quiero que disfrutes todo lo posible, cómo yo hice en mi juventud, ¿De acuerdo? - Sonrió ampliamente la madre, feliz - Pero ni se te ocurra olvidarnos. Es por ello que, quiero que te lleves... - La mujer se quitó su propio colgante, el cual tenía grabado la Balanza del Juez.

- ¿No es ese el colgante que...? - Fue interrumpida Lilith por Eliza.

- Así es, lo confeccioné hace muchos años con ayuda de Nao y Aeron. Pero quiero que lo lleves tú. Así que tómalo sin rechistar, que soy tu madre. - Dijo a tono alegre. - Además, con ayuda de otros del campamento, te he confeccionado un traje nuevo. Para cuando tengas que hacer tus tareas de sacerdotisa. ¡Pruebatelo!

Elizabeth se levantó y le pasó el traje, que Lilith miró iluminándose sus ojos. Estuvo ayudándo a su madre las últimas Dekhanas a confeccionar esas ropas, pero hasta ese día no descubrió que era un regalo para ella, para su marcha. Lo tomó con gran cariño, y es junto a su armadura y colgante, una de las más importantes pertenencias que posee.

De esta forma, tras despedirse de sus seres queridos, estos entre muchos más, marchó a tomar la caravana que le llevaría a Amn. Llena de dudas, esperanza y miedos, Lilith emprendería una nueva vida que no se correspondería con la anterior.

(Ropas de Sacerdotisa)
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 Asunto: Re: La Dama que al Destino obedece
NotaPublicado: 12 Ene 2021, 20:08 
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Frente a los No Muertos

Todo tiene una primera vez. El primer amigo, la primera despedida, la primera derrota... Sin embargo, no todo tiene el mismo impacto en nuestras vidas. Para Lilith, su primer combate quedaría grabado a fuego.

ImagenEl entrenamiento de la futura Sacerdotisa comenzó a su decimo invierno, pues pese a su temperamento generalmente calmado su devoción por seguir los pasos de sus modelos era excesiva. Adepta con la maza se volvió, pues aún con el deseo de su padre de enseñarle a utilizar la bastarda, siendo tan joven ella era complicado pudiera desarrollar aún la habilidad para darle un buen uso con su falta de fuerza.

Por esta razón, y la simpleza de la maza pudiendo utilizar cualquier cosa más segura para el adiestramiento, esta fue el arma con la que de niña se familiarizó más.

- Solo centrate en dos cosas Lilith, en el agarre con fuerza por el mango y en el movimiento rápido. Y cuidado de no darte con el rebote, ¿Eh? - Le decía Aeron, cuando este aún estaba con ella.

A lo que creció, sin embargo, continuó dando uso a las más simples de las armas, pues sus estudios más clericales tomaban cada vez más tiempo de ella. Sin embargo, cada vez que había una amenaza la impetuosa adolescente aún tenía que quedarse atrás en los campamentos, pues nadie de su familia aceptaba poner en peligro a una aún inexperta, menos tras la pérdida de su padre.

Pese a su testaruda insistencia, hasta estar cerca de cumplir sus 16 años no participó en su primer combate. Un día, sus compañeros marcharon a dar Descanso a una horda de insepultos menores que un desalmado había levantado. Ella quedó en el campamento, sin ir con el grupo principal, pero un contingente de esqueletos se acercaba a lento paso hacia ellos, por lo que se pertrechó la armadura de su difunto padre, su propia maza y se ajustó su casco, para detener el pequeño grupo de no muertos.

- Sigue mis órdenes y no te confíes, ¿De acuerdo, Lilith? - Le dijo Nao, a lo que vendaba sus nudillos en preparación del combate. - Puedes estar tranquila Eliza, no le ocurrirá nada junto a mí.

- Por la Voluntad del Juez, haré lo mejor en mi mano. - Dijo la joven, un tanto nerviosa, observando a lo lejos el avanzar de los que serían sus primeros enemigos.
Imagen
Nao, Lilith y un tercer kelemvorita fueron juntos para neutralizar el perdido grupo de esqueletos. Al acercarse, en un pequeño llano entre algunos árboles vieron sus fuerzas, once esqueletos mayormente desarmados y un doceavo envuelto en metal, que parecía comandar el grupo.

Como adepta también de Caballero Rojo, Nao rápidamente midió el peligro que suponían, afirmando lo siguiente.

- Podemos con ellos. Pero no despreciéis que nos superan en número. De uno a uno y juntos. - Dijo con convicción la monje.

- Descansad por mi hoja, almas perdidas. - Dijo a voz broma agarrando con fuerza su bastarda el barón que les acompañaba.

Con Nao en el centro, Lilith a su diestra y el tercer combatiente a la zurda, se acercaron a los no muertos. La clériga alzó su escudo frente a un esqueleto que torpemente se acercó a ella; Su primer rival a vencer.

Cuando vio al esqueleto frente a ella, sin vida alguna y notando el mal que le movía contra su propia voluntad, una sensación de disgusto recorrió su cuerpo. No por la criatura, inocente que era utilizada, sino por las fuerzas que le obligaban a actuar. Esto le armó de valor, pese a sus dudas y miedos. Aún así, la criatura se lanzó a darle muerte a ella misma.

Alzó su maza con la diestra mientras con la zurda propinó un golpe con el escudo en sus costillas y pulverizó de un mazazo el cráneo de este. Su primera victoria, el primer descanso que pudo dar. La adrenalina y sesanción de recoger el fruto de su esfuerzo durante años le inundaron.

Sin embargo, en el pasar de esos segundos el combate continuaba. Un segundo esqueleto avanzó, pero ella se le adelantó y de un revés con la maza le rompió la cara cayendo sus huesos bajo los pies de Lilith. Varios pasos dio, pisando los restos del segundo esqueleto para enfrentar a un tercero, al cual con el filo del escudo impactó en la columna de su cuello.

Esta vez, no fue suficiente. El esqueleto agarró el escudo con sus manos, a lo que Lilith trató de tirar sin éxito. Durante el forcejeo, notó algo que hizo un escalofrío recorriera todo su cuerpo. Notó algo le agarraba de sus piernas, el no muerto que tumbó aún tenía fuerzas y le estaba atrapando.

Otro enemigo se acerco, este armado con una espada corta por la diestra de la apurada clériga. Sin demasiadas opciones y asustada, Lilith tiró con todas sus fuerzas de su escudo, logrando que el esqueleto lo agarraba casi se desmembrara, y defenderse desviando el ataque del armado, para aprovechar su retroceso para golpear con fuerza su hombro y posteriormente el cráneo, deshaciendose de este.

Trató de aplastar desesperadamente con sus gruesas botas tras ello el no muerto que le sujetaba e intentaba clavar sus garras en sus piernas desde el suelo, con poco éxito. Hasta que otra pierna destruyó de un pisotón al aferrado alzado, siendo esta de Nao.

- Con cabeza Lilith, no pierdas los estribos en mitad de un combate. - Le dijo Nao, a lo que hizo polvo otro de los esqueletos que se aproximaba desmontandolo con sus propias manos desde la columna vertebral.

Volviendo la mirada en sus compañeros, vio que con su bastarda el kelemvorita había destruido uno de los brazos del que parecía comandar al grupo y finalmente rebanaba su cabeza deshaciendose de él. Nao fugazmente venció al par que quedaban en pie.

Tomando aire y con sus piernas temblando, alzo la mirada al nublado día. Había, aún con dificultad y errores, cumplido su primera tarea.

- Marchamos de vuelta. Ya hemos derramado el agua sagrada. ¿Te encuentras bien, Lilith? - Dijo Nao, con serenidad.

- Un poco acelerada. Necesito sentarme un poco cuando lleguemos al campamento... - Contesto Lilith.

Así pues, volvieron. Este momento, pese a la rápida victoria, hizo a la joven clériga consciente de la dificultad y crudeza del combate, que ayudaría a madurar su posterior temperamento. Al volver al campamento, se sentó a solas, retirandose su casco y reflexionando, pues para esto se había preparado y a partir de ahora tendría que repetirlo. Ya no sería únicamente proteguida, sino también protectora.

En cuanto a sus Hermanos, también ganaron ese día. Aunque para dos de ellos había llegado la hora de reunirse con el Juez.

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Lilith : Lilith Adalar Sylfai

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Fausto : ImagenFausto Alma Dracius

  • Orgulloso ciudadano de Amn
  • Antiguo Burócrata
  • Un hombre más [Trasfondo]



Caerul : 
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Caerul Saphir
  • Hoja en venta.
  • Autoproclamado estratega.
  • Leal seguidor de Caballero Rojo.






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