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 Asunto: La gran exploración.
NotaPublicado: 13 Mar 2018, 01:19 
Pomo de Puerta de Baldur
Pomo de Puerta de Baldur
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Registrado: 02 Mar 2018, 01:07
Mensajes: 1609
Ubicación: Madrid
Edad: 27
Ficha de personaje.

Imagen
Nombre: Eliandor Asdrolendel.

Clase: Mago/Archimago.

Procedencia: Sildëyuir.

Raza: Elfo de las estrellas (extraplanar).

Especialidades raciales: Toque de otro mundo (Su): Entre el ocaso y el amanecer, un elfo de las estrellas confiere la habilidad "toque fantasmal" a cualquier arma cuerpo a cuerpo que empuñe y armadura que vista pero, tan solo, en tanto que mantenga el arma en la mano o vista la armadura. Los Elfos de las Estrellas tienen una afinidad mágica por la luz estelar que les da una ventaja inusual a la hora de luchar con enemigos extradimensionales.

Edad: 187 años.

Descripción física: Eliandor muestra una larga melena argéntea decorada con una modesta coleta al final. En su frente muestra una sencilla diadema metálica sin mayor valor. Sus rasgos, algo cuadriculados para los estándares de su raza, le da un aspecto algo tosco si se acompaña de su altura, un metro y setenta y cinco centímetros, común entre los elfos de mithril pero más alto que el resto de elfos.

Sus ojos del color violáceo de la amatista, están perlados con motas doradas alrededor de la pupila y, su cuerpo, no excesivamente musculoso, pero proporcionado, es suficientemente fuerte para una vida normal.

Sus dedos, largos, ágiles y nudosos brotan de una mano cuya palma es casi perfectamente cuadrada. En el dedo corazón de su mano derecha luce un sello plateado que muestra un triángulo equilátero cuyos vértices sobresalen de un círculo concéntrico a un ojo en medio de dicho triángulo.

Normalmente viste de color gris con motivos verdes y dorados.


Conjuros roleados conocidos.
Libro de Conjuros (Conjuros roleados):
Páginas: 50 - 13 = 37 (23/11/2018) - 29 = 8 - 7 = 1 (07/12/2018)

50 -13-6-12-4-15= 0 (13/03/2019)
Sistema eliminado con la EE.

Puntos de Investigación: 40 + 15 = 55 - 13 = 47 (23/11/2018) + 6 - 40 = 13 + 8 = 21 - 8 = 13 (07/12/2018) ¿Recalcular? +8 (06/03/2019) = 21 (pendiente recálculo por rehecho).

15+40+6+8+8=77 -13-10-20-7-25= 2 (13/03/2019) +10=12 -10=2 +2(1)= 4 (23/05/2019) +42=46-42=4 +4(2)=8 (12/06/2019) -3 (22/07/2019)=5 +5+58=77 -58= 19 (16/09/2019) -1 (25/09/2019) = 18.

(1). Compensación por descuento: "aprender conjuros de otro mago". Clase impartida por: Draconeo. Conjuro afectado: Permanencia.
(2). PI adquirido por tesis -> DM Fauno.


Especialización: Adivinación, conjuración y abjuración.
Dotes de Soltura: Soltura Mayor con Conjuración, Soltura con Adivinación, Soltura con Abjuración.

TRUCOS : ABJURACIÓN
ADIVINACIÓN
Detectar Magia: Detecta conjuros y objetos mágicos en 60' de radio.
Detectar Veneno: Detecta veneno en una criatura u objeto.
Leer magia: Lectura de libros de conjuros y rollos de pergamino.
CONJURACIÓN
ENCANTAMIENTO
EVOCACIÓN
Luces danzantes: Antorchas quiméricas y otras luces.
ILUSIÓN
Sonido fantasma: Sonidos quiméricos.
NIGROMANCIA
Toque de fatiga: Ataque de toque de fatiga al objetivo.
TRANSMUTACIÓN
Cuchichear mensaje: Conversación cuchicheada a distancia.
Mano del mago: Telecinesis (5 lb.).
Remendar: Reparación menor de un objeto.
Amanuense: Copia textos no mágicos.
Pegar: Pega un objeto que pese 5 lbs o menos a otro.
UNIVERSAL
Marca arcana: Inscribe una runa personal (visible o invisible).
Prestidigitación: Realización de trucos menores.

ESFERA I : 
ABJURACIÓN
Trabar portal: Atranca una entrada
Resistir alineamiento planario: El receptor puede resistir las penalizaciones por estar en un plano exterior de alineamiento contrario al suyo
ADIVINACIÓN
Detectar puertas secretas: Revela las puertas ocultas en 60' de radio.
CONJURACIÓN
Contacto corrosivo: 1 toque/nivel inflinge daño 1d8 por ácido. (Sólo el efecto corrosivo con DM presente)
ENCANTAMIENTO
Hipnotismo: Fascina a criaturas por valor de 2d4 DG.
EVOCACIÓN
Disco flotante de Tenser: Disco horizontal, del 3' de diámetro, que soporta 100 lb/nivel
ILUSIÓN
Imagen silenciosa: Crea una ilusión menor diseñada por ti
Red de sombras: Crea sombras normales que proporcionan ocultacion a todos en el área.

NIGROMANCIA
Arma traidora: Un arma golpea al esgrimidor.
TRANSMUTACIÓN
Caída de pluma: Los objetos o criaturas caen lentamente.
Mano del mago mayor: Como mano del mago, pero con alcance intermedio y hasta 40 lbs.
UNIVERSAL
Bolsillo para el familiar: Un atuendo o recipiente se convierte en un refugio extradimensional para tu familiar.

ESFERA II : 
ABJURACIÓN
Cerradura arcana: Cierra mágicamente una entrada o cofre
Obscurecer objeto: Oculta un objeto del escudiñamiento
Cerradura terrestre: Constriñe un túnel, impidiendo el acceso.
ADIVINACIÓN
Localizar objeto: Presiente en qué dirección se encuentra un objeto (concreto o tipo)
Objeto marcado: Ganas un bonificador para rastrear a un ser concreto.
Cadena de ojos: Ves a través de los ojos de otra criatura.
Descubrir cambiaformas: Descubre disfraces e identifica a criaturas cambiaformas..
CONJURACIÓN
Crear tatuaje mágico: El objetivo recibe un tatuaje mágico con varios efectos.
ENCANTAMIENTO
EVOCACIÓN
ILUSIÓN
Boca mágica: Habla una sola vez al desencadenar el efecto
Imagen menor: Como imagen silenciosa, pero con algún sonido
Imagen múltiple: Crea dobles falsos de ti mismo (1d4, + 1/3 niveles, máximo 8 )
Disfraz reflejo: Los observadores te ven como un miembro de su propia especie y sexo.
Muro de penumbra: Barrera de sombras que bloquea la visión.

NIGROMANCIA
Aliento robado: El receptor se queda sin aire.
Glifo de necrófago: Un glifo que protege una zona y paraliza a las víctimas.
Protección contra engendramiento: Te resistes a ser transformado en un engendro muerto viviente si te matan
.
TRANSMUTACIÓN
Viento susurrante: Envía un mensaje corto a una milla de distancia por nivel
Levitar: El receptor sube o baja en el aire siguiendo tus deseos.
Agarrón de la tierra: Un brazo hecho de tierra que apresa a los enemigos.

ESFERA III : ABJURACIÓN
Indetectabilidad: Esconde al receptor de la adivinación y el escudriñamiento
Anticipar teletransporte: Predices y retrasas la llegada de criaturas que se teletransportan dentro del alcance en 1 asalto.
Evitar efectos planarios: Otorga protección temporal contra los efectos planarios claramente dañinos.
ADIVINACIÓN
Don de lenguas: (En caso de interacción entre PJs el DM debe estar presente) Podrás hablar cualquier idioma.
Vista arcana: Las auras mágicas se vuelven visibles para ti
Analizar portal: Encuentra un portal cercano y descubre sus propiedades.
Danza circular: Indica la dirección hacia un objetivo conocido.
CONJURACIÓN
Impronta de la serpiente sepia: Crea un simbolo de texto que inmoviliza al lector
Tormenta de aguanieve: Estorba a la visión y movimiento.

Horda de sirvientes: Crea 2d6 sirvientes invisibles +1/nivel (maximo +15)
ENCANTAMIENTO
EVOCACIÓN
Cubículo de Leomund: Crea un cobijo para 10 criaturas
Céfiro caprichoso: Vientos con la fuerza de un vendaval empujan a las criaturas.
Relumbro: Destello de luz magica que deslumbra y ciega a las criaturas en el área
.
ILUSIÓN
Ligadura de sombras: Varias cintas de sombra que enmarañan a criaturas en una explosión de 10' de radio.
Escondrijo en la sombra: Abres un pequeño portal al plano de la Sombra a través del cual puedes guardar un objeto para recuperarlo más tarde
.
NIGROMANCIA
Apacible descanso: Conservar un cadáver
Rayo agotador: Rayo que deja exhausto al objetivo
Detener muertos vivientes: inmovilizar muertos vivientes durante 1 asalto/nivel

TRANSMUTACIÓN
Forma amorfa: El objetivo adquiere consistencia de arcilla y puede deslizarse rápidadmente por grietas.
Gravedad simulada: Viajas sobre una superficie sólida como si ésta tuvierse su propia gravedad.
Rayo oxidante: Los objetos de metal sufren daño.


ESFERA IV : 
ABJURACIÓN
Alarma de portal mejorada: El portal custodiado te alerta a ti o a un receptor designado por ti de criaturas que lo atraviesan.
Muro del bien/caos/ley/mal: Muro que bloquea a las criaturas con alineamiento opuesto. (Cada alineamiento es un conjuro por separado)
Pantalla disipadora: Disipar magia apuntado contra cualquier criatura u objeto desatendido, máx +10 en la prueba de nivel de lanzador.

ADIVINACIÓN
Detectar escudriñamiento: Te alerta del espionaje mágico.
Localizar criatura: Indica en qué dirección se encuentra una criatura con la que estés familiarizado.
Ojo arcano: Ojo flotante invisible que se mueve 30'/asalto.
Conocer las vulnerabilidades: Determina las vulnerabilidades y resistencias del objetivo.
Olor a tesoro: Detectas metales valiosos y gemas
.
CONJURACIÓN
Cobijo seguro de Leomund: Crea una solida casa
Creación menor: Crea un objeto de tela o madera
Muro de arena: Un muro de arena arremolinada que bloquea los ataques a distancia y ralentiza el movimiento a través de él.
Ola de fuerza: Embiste a todas las criaturas a menos de 10
'.
ENCANTAMIENTO
Geas menor: Dar una orden a un receptor de 7 DG como máximo
EVOCACIÓN
Alarido: (Sólo el efecto de ensordecer) Ensordece a todo aquel que se encuentre en el cono e inflige 5d6 de daño.
Disco flotante mayor: Como disco flotante, pero puedes ir sobre él.
ILUSIÓN
NIGROMANCIA
Contagio: Infecta al receptor con la enfermedad que elijas.
TRANSMUTACIÓN
Transformar piedra: Dota a la piedra de cualquier forma.
Armonizar forma: Da a los objetivos protección temporal contra rasgos planarios abiertamente dañinos.

Alas del viento mayor: La maniobrabilidad de vuelo del receptor mejora en dos categorias.
La voz del dragón: +10 a las pruebas de Engañar, Diplomacia, e Intimidar; puedes utilizar una sugestión.
Fundir metal: Funde un objeto de metal sin calor.
Inestabilidad corporal: Transformas a una criatura en una masa amorfa.
Perinarca: Ganas más control sobre la esencia mórfica del Limbo.
Retroceso: El objetivo sufre daño si usa conjuros contra otra criatura.
Sacar de las profundidades: Una criatura o barco hundido se vuelven flotantes.


ESFERA V : ABJURACIÓN
Romper encantamiento: Libera a los receptores de encantamientos, alteraciones, maldiciones y petrificaciones(Informar a DMs tras realizar este hechizo).
Sanctasanctórum privado de Mordenkainen: Impide a cualquiera ver o escrudriñar un área durante 24 horas.
Custodia en duelo: +4 a las pruebas de Conocimiento de Conjuros, contraconjuro como acción inmediata.
Muro de disipación mágica mayor: Las criaturas que pasan a través de un muro trasparente se convierten en objetivo de una disipación mágica mayor dirigida.
Símbolo de pérdida de conjuros: La runa desencadenada absorbe conjuros aun por lanzar.
Tolerancia a los planos: Otorga protección duradera contra los rasgos planarios claramente dañinos.
Zona de calma: Impide que la teleportación y efectos similares funcionen en el área

ADIVINACIÓN
Contactar con otro plano: Te permite hacer preguntas a una entidad de otro plano.
Ojos fisgones: 1d4 ojos flotantes (+1/nivel) que espían para ti.
Vínculo telepático de Rary: Vínculo que te permite comunicación entre aliados.
CONJURACIÓN
Creación mayor: Como creación menor, pero también con piedra y metal.
Mastín fiel de Morderkainen: Perro fantasmal que puede guardar y atacar (Sólo con su aptitud de alerta, no de daño).
Muro de piedra: Crea un muro de piedra al que se puede dar forma.
Puerta dimensional mayor: Puerta dimensional de corto alcance y varios usos
.
Refugio oculto: Crea una cabaña resistente camuflada para fundirse en el entorno natural.
ENCANTAMIENTO
Símbolo de Sueño: Runa desencadenada sitúa a las criaturas próximas en un sueño catatónico.
EVOCACIÓN
ILUSIÓN
Imagen persistente: Como imagen mayor, pero no precisa concentración.
Ofuscar evidencia: Engaña al escudriñamiento con una ilusión.
Mensaje onírico: Envía un mensaje a cualquiera que esté durmiendo.
Pesadilla: Envía una visión que inflige 1d10 de daño: fatiga. (Sólo el efecto de la pesadilla y la fatiga).
Difuminarse en las sombras: Abre un portal al plano de la Sombra
.
NIGROMANCIA
Olas de fatiga: Varios objetivos quedan fatigados.
Símbolo de dolor: Runa desencadenada sume a las criaturas próximas en el dolor.
Transmigración: Permite poseer otra a otra criatura.
Atormentar: Deja al enemigo indefenso de forma dolorosa.
Miasma de entropia: Pudre todos los materiales naturales dentro de una explosión conica de 30'.
Muro de espíritus: Muro de formas espirituales que causa pánico, inflinge 1d10 de daño al tocarlo y puede otorgar niveles negativos si se atraviesa.

TRANSMUTACIÓN
Elaborar: Transforma materias primas en objetos acabados.
Pasamiento: Crea un pasaje a través de un muro de madera o roca.
Poliformar funesto: Transforma al objetivo en un animal inofensivo.
Telecinesis: Mueve un objeto, ataca a una criatura o arroja un objeto o criatura (Para acción con PJs/PNJs necesario DM).

Lanza luminica: La luz ambiental forma una lanza.
UNIVERSAL
(1) Permanencia: Hace permanentes ciertos conjuros (La PX necesaria para hacer permanente un efecto se multiplica por dos).

ESFERA VI : ABJURACIÓN
Campo antimagia: Niega la magia en un radio de 10′.
Guardas y custodias: Diversos efectos mágicos protegen un área.
Rechazo: Las criaturas no pueden acercarse a ti.
Anticipar teletransporte mayor: Predices y retrasas la llegada de criaturas que se teleportan dentro del alcance en 3 asaltos.
Rayo de rubí de inversión: Niega los peligros mágicos o mundanos.
Sellar portal: Sella un portal o umbral interplanario
Signo de sellado mayor: Impronta mágica que protege una puerta, cofre o espacio abierto e inflinge 1d6 de daño/nivel (max 20d6) si se abre
Transcribir símbolo: Mueve un símbolo mágico que todavía no haya sido activado a otro lugar sin riesgo.
Sellar umbral: sella permanentemente un umbral o portal.


ADIVINACIÓN
Analizar esencia mágica: Revela los aspectos mágicos del receptor.
Sondear pensamientos: Lees los recuerdos del objetivo, una pregunta por asalto
Vinculo telepático interplanario: Conexión que permite a dos aliados comunicarse a través de los planos.


CONJURACIÓN
Muro de hierro: 30 pg/4 niveles, puede derribarse sobre enemigos.
Bruma congelante: Bruma que ralentiza a las criaturas e impide la visión y dificulta el movimiento
Muro de engranajes: Crea una barrera de engranajes móviles que infligen daño a aquellos que esten a 10′ o menos
Salto a la gema: Te teleportas donde se encuentra una gema especialmente preparada.

ENCANTAMIENTO
Geas/empeño: Como gas menor, pero afecta a cualquier criatura.
Símbolo de persuasión: Runa que desencadena hechiza a las criaturas próximas.
Sugestión en grupo: Como sugestión, más un receptor/nivel.

EVOCACIÓN
Contingencia: Entablece una condición para desencadena otro conjuro (Sólo se permitirá tener una activa).
Esfera congelante de Otiluke: Congela el agua o inflige daño por frío (Sólo el efecto de congelar el agua).
Rayo de luz: Rayo que ciega al objetivo.

ILUSIÓN
Caminar por la sombra: Viaja rápidamente entrando en las sombras.
Doble engañoso: Te hace invisible y crea un doble ilusorio.
Imagen permanente: Incluye visión, sonido y olor.
Imagen programada: Como imagen mayor, pero se desencadena cuando suceda algo.
Velo: Cambia la apariencia de un grupo de criaturas.
Apresador sombrío: Fuerza ilusoria que apresa al objetivo.
Disfraz reflejo en grupo: Los observadores ven a los receptores como miembros de su propia especie y sexo.
Foso ilusorio: Las criaturas del área son derribadas al creer que estan cayendo.
Moldear mensaje onírico: Altera los sueños del receptor para producir el efecto deseado.

NIGROMANCIA
Mirada penetrante: El objetivo queda despavorido, indispuesto y comatoso.
Símbolo de miedo: Runa desencadenada aterroriza a las criaturas cercanas.
Contagio en grupo: Como contagio, pero ocn radio de 20′
Guantelete de necrofago: Conviertes a la victima en un necrofago bajo tu control.
Mirada imperiosa: Haces que los objetivos se encojan de miedo.
Mirada opalescente: Mata a las criaturas malignas con la mirada, o las asusta mucho.
Nova incorporal: Destruyes muertos vivientes incorporales.

TRANSMUTACIÓN
Controlar las aguas: Hace subir y bajar masas de agua.
Desintegrar: Hace que una criatura u objeto desaparezca (Sólo para destruir objetos inanimados).
Remover tierra: Cava zanjas y levanta colinas.
Capa marina: Obtienes contorno borroso, libertad de movimiento y respiracion acuatica mientras estas en el agua.
Cieno marioneta: Controlas telecineticamente a un cieno.
Endurecimiento: Aumentas la dureza del objeto receptor en un punto cada 2 niveles.
Manifestación: Haces que una criatura en un plano coexistente aparezca en el tuyo.

Campo transformador de energía: área que absorbe energía mágica para suministrar energía a un conjuro predeterminado.
Cristalizar de Dhulark: convierte a un sujeto en cristal.
Endurecimiento: incrementas la dureza del objeto receptor en la 1/2 de los niveles de lanzador.
Timo de desplazamiento: tú y el objetivo intercambiáis posiciones y apariencias.
Excavar en grupo: Como excavar, pero afecta 1 objetivo/nivel.
Visión en la oscuridad en grupo: Como visión en la oscuridad, pero afecta a 1 objetivo/nivel.

UNIVERSAL


ESFERA VII : ABJURACIÓN

ADIVINACIÓN
Escudriñamiento mayor: Como escudriñamiento, pero más rápido y duradero.
Visión: Como conocimiento de leyendas, pero más rapido y extenuante (Cuesta 700 PX).
Vista arcana mayor: Como vista arcana, pero también revela los efectos mágicos sobre criatura y objetos.

CONJURACIÓN

ENCANTAMIENTO

EVOCACIÓN

ILUSIÓN

NIGROMANCIA

TRANSMUTACIÓN

UNIVERSAL


ESFERA VIII : ABJURACIÓN

ADIVINACIÓN

CONJURACIÓN

ENCANTAMIENTO

EVOCACIÓN

ILUSIÓN

NIGROMANCIA

TRANSMUTACIÓN

UNIVERSAL


ESFERA IX : ABJURACIÓN

ADIVINACIÓN

CONJURACIÓN

ENCANTAMIENTO

EVOCACIÓN

ILUSIÓN

NIGROMANCIA

TRANSMUTACIÓN

UNIVERSAL


Idiomas conocidos.
Élfico.
Dracónico.
Aglarondano.
Khondathano.
Ranura de INT libre. Pendiente Silvano.
Netherino. Aprendido el 05/08/2019
Ranura de INT libre. Pendiente alto netherino.
Ranura de INT libre. Pendiente alto élfico.

Otras aptitudes especiales.
Saber local sustituye a Saber (Otros): Historia.
Saber Historia está enfocado a historia élfica y netherina, de momento.
Saber (otros): Planos: +16.
Saber (otros): Dungeons: +6 (enfocado a aberraciones principalmente).
Saber (otros): Ingienería: +5 (enfocado a gólems, mecanismos principalmente y arquitectura élfica).


Objetos personalizados o de DM.
Ninguno.

Organizaciones.
Universidad Myrdon Salasker
Ejército del Arte de Suldanessalar - Círculo del Naur'ess.


Imagen
Familiar: Kilicia
Sexo: Macho.
Raza: búho blanco de Sildëyuir (extraplanar).
Descripción: Kilicia es un búho de una raza muy común en Sildëyuir. Su plumaje es de un blanco impoluto moteado y sus garras estás cubiertas en un plumas blancas. Su cuerpo parece voluminoso dado que sus plumas tienen un aspecto suave y esponjoso. En cambio, sus alas, son testigo del tamaño de este ser, de un metro y medio de envergadura y sesenta y cinco centímetros de altura. Sus ojos son de un color naranja intenso y parece observar con un detenimiento extraño en sus congéneres...
Kilicia siempre se encuentra cerca de Eliandor, ya sea en la rama de un árbol, en la silla de su caballo o en el mismo brazo de éste.


Imagen
Montura: Ellenderwylen.
Sexo: Macho.
Descripción: Este caballo de color blanco tiene el cuello corto, ancho y fuerte, una espalda inclinada y musculosa, un pecho ancho, profundo; de dorso firme, grupa amplia y redondeada, extremidades cortas, musculosas, cascos grandes y muy poblados cernejos; cara alargada armoniosa y expresiva con robustas mejillas aunque algo desproporcionadas, larga melena y voluminosa cola. Sus orejas se mueven mucho, siendo éstas algo cortas. Grandes ojos de color castaño. Tiene una altura de metro y medio y un un metro setenta de envergadura (visto desde el lado).

Imagen
Montura: Thi'Ari (Alas de Plata).
Sexo: Macho.
Descripción: Este grifo parece bastante joven. De hecho, un experto en la materia diría que se trata de un buen ejemplar que acaba de pasar a la edad adulta y es propio del norte de las Tierras de la Intriga. Al observarlo, lo primero que te llama la atención es un un pico grisáceo, grueso, prominente y terminado en un afilado pico manchado de negro capaz de desgarrar la carne. Sus ojos, de color verdoso, observan rodeados de un plumaje que llega hasta el inicio de sus alas, extendiéndose por éstas, y los talones de sus patas delanteras. Dichas plumas son claramente del estilo de las águilas y recorren un degradado de color desde el marrón claro hasta el marrón casi negro pasando por el pardo. El resto de su cuerpo parece cubierto por un pelo corto aunque grueso de un color marrón más claro y tirando al amarillo. Sus dos patas delanteras acaban en afiladas garras capaces de desgarrar hasta las escamas más duras. En cambio, sus patas traseras son grandes zarpas al estilo de los grandes felinos. Todas ellas tienen las uñas negras, largas y con aspecto mortal. A juzgar por como la luz incide en su cuerpo, dirías que es un animal fuerte, musculado y pesado. Sobre sus alas, largas plumas, cuya parte interior es dorada, las cubren imitando las de un águila y llegando a alcanzar una envergadura de ocho metros y medio. Unido a sus dos metros y medio de altura y doscientos veintisiete kilos de peso, la criatura parece capaz de cargar un elefante entre sus patas y devorarlo.

Afinidad: 10 de 100.

De temperamento orgulloso y agresivo, todavía no parece responder del todo a los llamados de Eliandor... (pendiente realizar entrenamientos)
.


Proyectos y objetivos personales.

Los proyectos y objetivos conocen de tres estados: pendiente; i.e. la idea aun no ha sido planteada onrol dado que falta un desencadenante que determine su procedencia onrol; planteado, i.e. se está desarrollando la idea onrol y offrol; iniciado, i.e. se está realizando la idea onrol; completo, i.e. se ha realizado con éxito o sin él la idea. Estos proyectos se organizan por cortes de nivel y están sujetos a constantes modificaciones.

Nivel 12.

- Forjarse un lugar entre los elfos de Suldanessalar -> Completo.

- Crear un artefacto mágico que sirva de ancla dimensional -> Iniciado (completable a nivel 16).

- Formular un bestiario, en principio, de aberraciones - > Completo.

- Labrarse un lugar en la Universidad Myrdon Salesker -> Completo.

- Crear un grimorio propio de un elfo de las estrellas (lágrima del rey) -> Iniciado.

- Encontrar el método de contactar con los elfos de la Puerta del Ocaso -> Completado.


Nivel 16.

- Aprender a conjurar más rápido -> Iniciado.

- Adquirir ciertos conjuros -> Iniciado .

- Adquirir cierto ser grifo como montura -> Completado .

- Investigar la situación de Myth Rynn -> Planteado.

- Aprender silvano -> Iniciado.

- Terminar los estudios en la Universidad Myrdon Salesker -> COmpletado.


Sin asignación.

- Aprender netherino -> Completado.

- Aprender alto élfico-> Iniciado.

- Aprender loross-> Iniciado.

- Buscar secretos de alta magia élfica -> Pendiente.

- Formar parte del profesorado de la Universidad Myrdon Salesker -> Completo.

- Promover una pequeña colonia de elfos de las estrellas en las Tierras de la Intriga -> Planteado.


La información contenida en este último apartado es información que no está al alcance de ningún personaje con quien Eliandor no haya interactuado en tal sentido.

_________________
Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

Anne Bross - Marinera - Brynn Ley, Athkaltha, Crimmor.

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Jarritus, si estás ahí, te queremos y queremos que vuelvas.


Última edición por Sestum el 10 Oct 2019, 23:58, editado 73 veces en total
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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 13 Mar 2018, 01:19 
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Registrado: 02 Mar 2018, 01:07
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Prolegomenos.

La noche en la Ciudadela del Ocaso comenzaba a cubrir con su manto negro el constante crepúsculo de Sildëyuir. Las vidriosas agujas de cristal que poblaban la fortaleza se desteñían del violáceo día y adquirían una oscuridad mate, una negrura que las haría confundirse con el manto nocturnal carente de estrellas si no fuera porque reflejaban las luces de las calles, aportando una suerte de astros fijos para quien alzara la mirada.

Esta ciudadela, como tantas otras, rodeaban la capital del bosque de los elfos de mithril y tenía una planta circular. Sus muros más bajos eran de una piedra blanca y brillante con un aspecto fantasmagórico teñido de tonos purpúreos durante el día. Por la noche, los muros de la ciudad tomaban un aspecto similar al granito, brillante a las luces de los caminantes y grisáceo para el resto por culpa de la oscuridad. Sobre los muros, quien alzara la vista podía observar las altivas agujas de cristal que parecían rasgar el cielo con su orgullo. Se dice que cada familia, dependiendo de los logros y meritos de sus integrantes, tenía el honor de construirla más alta y más bella siempre y cuando no rivalizara con las cinco torres del la Casa de Lorlendil.


Desde antes de que los elfos de las estrellas se apartaran de Faerûn al crear con su poderosa magia el semiplano de Sildëyuir, las mismas casas habían ocupado y cuidado los mismos territorios en una paz que era apreciada por todos. Pero incluso allí, en aquel secreto redil del cosmos, incluso la avaricia y ambición desmedidas tenían un alma en que acogerse. Se contaba a los niños, en parte para asustarles y en parte para enseñarles, sobre la creación del Reino de la Noche, sobre la tumba del gran traidor de Sildëyuir que, apoyado por seres infames y malignos, había intentando la conquista de su propia nación.

En esos momentos de tensión que, en el común imaginario de los elfos de mithril, queda entre la fantasía y la realidad, los señores de cada casa habían mostrado su carácter. Así, esta leyenda no solo servía para contar la historia de sus gentes, sino también las virtudes que se solían abrogar cada casa y los defectos, según quien la contase, que tenían el resto.


La casa de Lorlendil se decía que fue de las últimas y que con más recelo se habían adherido al proyecto de Sildëyuir hace dos mil años. Ellos, según se decía, proponían defender el bosque de Yuir, quedarse en Faêrun y luchar. Pero todo ello pareció cambiar un día, cuando el líder de la casa de Lorlendil, Ellen’Halshafir, tras escuchar el relato de su hijo sobre una visión que, se contaba, el joven Elfel'duil había tenido en un viaje.
Tras oír el relato sobre la futura destrucción entera de Yuir, la casa de Lorlendil invirtió todos los recursos de que disponía para la creación del semiplano, no tardando mucho en equipararse al resto de casas en esfuerzo y dedicación a la causa.

Por todo ello, el resto de casas tenían a ésta por una especie de locos con mucha imaginación, de oportunistas o, incluso, interesados. Empero, en ninguna de las casas de Sildëyuir llegó nunca a dudar del poder de sus hechiceros, de la belleza, un tanto oscura, de los cantos de sus bardos, ni de la prudencia, a veces excesiva, de sus líderes.

Así, cada año, cuando las diferentes casas llevaban al corazón de Sildëyuir sus bellas ofrendas, nadie ponía en duda que la Casa de Lorlendil ponía tanto esfuerzo y empeño a las mismas como las demás.


Situada al oeste del bosque de Yuir y suponiendo un baluarte de defensa frente a los humanos que, en su momento, se acercaban por el Mar de las Estrellas Fugaces, la Ciudadela del Ocaso era uno más de los dispersos núcleos de población que, como todo el bosque, cada vez veía su población más y más menguada.

Desde lo alto de la aguja mayor, donde se encontraba la corte de la Casa de Lorlendil, podían observarse los límites del bosque, densas arboledas de copas majestuosas y líquenes fosforescentes durante la noche. Hacia el oriente, por donde se supone que debería salir el sol, se encontraba el camino hacia el corazón de este Yuir, donde la gran ciudad central significaba el bastión más protegido, grande, importante e igualmente despoblado de todo Sildëyuir.

Desde su encierro, los elfos de mithril habían decrecido sin necesidad de ninguna guerra, Eliandor, vasallo de Lorlendil, como tantos otros, era consciente de la decadencia de su civilización. Sin embargo, este era un tema tabú entre cada vez menos gente, debiendo ser prudente a la hora de mostrar sus opiniones sobre la supervivencia de la raza y del plano.


Tiempo atrás, los rumores de ataques comenzaron a sucederse uno tras otro. Se contaba que seres monstruosos, cuyo cuerpo con forma de gusano se encontraba rematado por alas, tres brazos, piernas y ojos, así como de unas fauces que rezumaban unas babas tóxicas; habían irrumpido en el plano, expandiendo una plaga que alteraba la esencia del mismo.

Los rumores, que por entonces parecían cuentos de niños, se vieron realizados cuando los comerciantes empezaron a hablar de una niebla que bordeaba una especie de sustancia marrón, apestosa y densa que marchitaba los bosques y contaminaba de tierra. Además, los informes del ejército de las diferentes casas comenzaron a reportar hechos similares e incluso la desaparición, sin mucha explicación de un poblado entero de sus congéneres.


Poco hubo de tardarse hasta que se convocaron tropas regulares. El enfrentamiento abierto era inminente cuando los arcanos de las Altas Torres advirtieron que la esencia del semiplano se estaba viendo alterada por una fuerza ajena, que el gran conjuro que les servía de refugio se estaba corrompiendo por una fuerza desconocida.

Los enfrentamientos comenzaron a sucederse y los supervivientes relataban criaturas horribles con una habilidad extrema para la hechicería. Los bautizaron como nilshai. Decían que, para tumbar a alguno de estos seres, eran necesarios varios elfos conjurando y luchando en una sincronía perfecta. Desde entonces, las bellas canciones de los elfos de las estrellas comenzaron a tomar un ritmo más rápido, a complicarse con polifonías a contratempo, a introducir elementos nuevos…

Así, en un mundo en peligro y en guerra, no fueron pocos los elfos que abandonaron el mismo, que decidieron volver a sus orígenes, a Faerûn, ya fuera para vivir, para allanar el camino a otro éxodo o para recabar el poder suficiente para reconquistar su mundo.


La Casa de Lorlendil, al comprobar que el bosque de Yuir en Faêrun no se había destruido en aquella guerra entre humanos y orcos, pareció comprender que la auténtica destrucción de las visiones de Elflen’duil, descendiente de Ellen’Halshaffir, estaba venidera y, en un ánimo por enmendar el terrible error que creían haber cometido, alzaron levas y los más jóvenes fueron nombrados “tyeelam”.

Dos mil años tras del gran éxodo, bajo la luna llena, los círculos de menhires de Yuir se iluminaron otra vez y comenzaron a ser cruzados por aquellos que, en la Casa de Lorlendil, fueron llamados pioneros, aquellos que otras casas mandaron a asentarse entorno a los portales y aquellos que, mandados por el Gran Consejo, habían sido nombrados embajadores.

Todos ellos tenían diversas misiones y, quizás, la más variopinta era la de los tyeelam, enviados que, en una suerte de destierro, debían hacer todo lo posible para salvar a su gente ya fuera explorando nuevos asentamientos más allá de Yuir, estableciendo relaciones con aquellos hermanos a los que en su momento abandonaron e incluso capturar el conocimiento necesario para luchar contra los nilshai y salvar Sildëyuir.

Pertrechados con los conocimientos mínimos que los elfos de las estrellas conocían de Faerûn, no fueron pocos los pioneros que descubrieron que los nilshai también acechaban al otro lado de algunos portales. Las cadenas de mensajes se sucedieron y un segundo grupo fue enviado. Se había acordado que los primeros pioneros permanecerían en Yuir protegiendo la Puerta del Ocaso, aquella que la fortaleza de su nombre protegía y alrededor de la cual estaba construida…

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

Anne Bross - Marinera - Brynn Ley, Athkaltha, Crimmor.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 14 Mar 2018, 13:47 
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Capítulo I. La llamada.


En mi estudio, encerrado como tantas otras veces rodeado de viejos infolios de olvidados cronicones, me encontraba ante lo que podía ser la clave para uno de mis experimentos. El silencio, que solo se veía alterado por los ruidos que venían de la calle, cubría la sala con un manto tan denso como el polvo que se acumulaba en los estantes y utensilios de alquimia que no usaba ya con tanta frecuencia.

Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, mi afición por la alquimia se había visto relegada a un segundo plano. El avance de los nilshai, aquellos monstruos venidos del plano etéreo y la creciente inestabilidad de Sildëyuir, tanto como plano como reino y sociedad, habían hecho que los mercados tuvieran menos productos y, en cierto modo, que se adoptara una régimen marcial.


Habían pasado ya cuatro semanas desde que algunos de los jóvenes de la Casa de Lorlendil fueran seleccionados y entrenados para enfrentarse a los peligros de su misión: explorar el plano que abandonamos hace dos mil años para encontrar la ayuda necesaria con que luchar a nuestros invasores.

Todavía recuerdo aquella noche, todos fuimos congregados en torno al árbol de la sabiduría. La ceremonia, tan bella como mística y con grandes honores a Corellion, supuso la asignación de tareas y roles a cada uno de los aspirantes. Recuerdo observar como Wylerden tomó un arco largo con la mano derecha que determinó su papel en el viejo mundo. Recuerdo que me miró, que yo le miré, fue como si el Sildëyuir se redujese a nosotros dos por un momento y, de repente, aquellos tristes vítores que enmascaraban un miedo y un pesar disimulado con la belleza de los cantos de nuestros bardos.

No pude quitarme esos pensamientos de la cabeza, desde aquella noche había estado pensando cómo iba a poder avanzar en mis estudios si no era con su ayuda. Al final, era quien me guiaba por los bosques, quien aportaba seguridad a nuestras búsquedas y, en cierto modo, quien hacía que esta prisión interplanaria que era el Sildëyuir se hiciera menos difícil de sobrellevar con el avance de los nilshai. Pero aquellos pensamientos eran absolutamente impropios, debía censurarlos y reprimirlos a la zona más alejada de mi ser que pudiera encontrar. Tenía una misión y, esta vez, el individualismo propio de nuestra gente debía ceder ante la inmensidad de un daño que podía llevarnos a la extinción.

Las nuevas salvas y vítores que, en su momento, nuestra gente llevó a la guerra, tanto antes de abandonar Yuir como durante la batalla que supuso la Gran Traición, llamaban a la unión, a la fuerza de la unidad. Poco a poco, empezaba a sentir que estos mensajes tenían cierto calado entre mis hermanos y, ciertamente, aquella misión era una de ellas... Tan solo si el resto de casas abrieran los ojos y vieran cuan equivocadas estaban...


Recuerdo que en aquel momento a mi puerta débilmente escuché llamar. Era de noche, tan cerrada como lo eran siempre, y tan solo las luces de la calle y de los escasos caminantes de la misma, aportaban algo de luz al lugar.

Me dirigí hacia la puerta, algo temeroso de que yo fuese el próximo en ser enviado a Faerûn con todos aquellos humanos y orcos que amenazaban también con destruirnos. Alargué la mano hacia el manubrio dejando que las anchas mangas de mi túnica colgasen con cierta gracia romanticista hacia el suelo. Mis dedos comenzaron acariciando la superficie labrada de la manivela, se extendieron con lentitud, casi podía escuchar la respiración al otro lado de la puerta cuando se cerraron en torno al mismo. Apretando con fuerza, haciendo fuerza con todo mi brazo y mi hombro, sintiendo sus redondeadas formas clavarse en mi piel, cerré los ojos y accioné el mecanismo para poder abrir al mismo tiempo que tiraba hacia mí.

La luz de quien esperaba al otro lado se precipitó sobre mi estudio creando un cegador y fantasmagórico haz de luz blanca que contrastaba con la medida penumbra del cuarto. ¿Es posible que fuese cualquier miembro de mi familia? ¿Que fuese un guardia? ¿Pero hasta aquí arriba llegaría? ¿Hasta casi los últimos pisos de la aguja de mi casa?

Terminé de abrir la puerta mientras abría los ojos y tragaba saliva. Tardé un tiempo en acostumbrarme a la poderosa luz de la linterna mientras escuchaba un sentido susurro que decía mi nombre.

-¿Wylerden? - pregunté extrañado al ser de luz que me cegaba todavía y que empezaba a brillar menos conforme su portador moderaba su intensidad.

-Sí, tu hermana me ha dicho que estarías aquí - dijo con cierto tono que pude entender de broma - Déjame pasar, por favor.

-Claro, claro... - le respondí a la vez que me apartaba y cerraba tras de él. Una vez aislado del exterior pude observarle una vez más, Wylerden era un elfo de mi altura, de mi misma edad, con unos rasgos finos y bellos ojos violetas. Me acerqué a él extrañado para coger su linterna, su larga melena había desaparecido en una coleta corta que llevaba recogida en la parte trasera de su cabeza - ¿Qué le ha pasado a tu pelo?

-Partiremos al alba - me dijo sin más rodeos. Fue entonces cuando me di cuenta que vestía una armadura de cuero propia de los arqueros de casa de Lorlendil - Quería verte antes de marchar...


A la mañana siguiente, colándose la luz de amatista por los alargados ventanales de mi estancia, despertamos preparados para decirnos adiós. Un desayuno frugal, una música majestuosa que pretendía enmascarar la tristeza con la pompa y grandiosidad de nuestro reino y nuestra gente, nos acompañó hasta la Puerta del Ocaso en las profundidades más protegidas del centro de nuestra ciudadela.
Allí, bajo la aguja central en que residía y gobernaba la casa de Lorlendil, se encontraba un arco apuntado de plata labrado con runas y conjuros de antigua magia álfica. Gemas incrustadas de diferente género y tamaño se interponían en el camino de filigranas o eran el centro de figuras geométricas perfectamente detalladas.

Elevado sobre un pequeño lago de aguas cristalinas y fondo de roca, la majestuosidad y brillo de este arco se veía acrecentada al reflejarse en el agua que había a su alrededor. Congregados en palcos y alrededor de dicha charca, los miembros de la Casa de Lorlendil y demás gentes que se encontraban en la Ciudadela del Ocaso, asistían a un espectáculo que no se había visto en dos milenios enteros...
Hoy, cuando el día alcanzase su cenit y las estrellas fijas del Sildëyuir se reflejase en las aguas de la charca, nuestros hermanos volverían a Faerûn, a una tierra olvidada y desconocida para nosotros con información y mapas tan viejos como nuestro hogar.


Observé a Wylerden, habíamos llegado juntos y, sabíamos que, al cruzar el umbral de la Aguja del Ocaso, es posible que no volviéramos a vernos jamás. Él tenía una misión, un deber que aceptaba con gusto por salvar al Sildëyuir y yo, incapaz siquiera de hacer frente a un oso, tenía poco o nada que hacer en unas tierras tan hostiles como las de Faerûn.

No hablamos, no nos dijimos nada, pues el silencio es introspectivo y a veces más elocuente que el mejor de los bardos. Nos miramos. En sus ojos de amatista pude leer que también tenía miedo, que estaba azozobrado, acongojado hasta el ultimo rincón de su ser. Para muchos, volver a aquel sitio era una muerte segura, la realización de todos aquellos cuentos con que nos asustaban de niños. Yo pude ver en él, en su gesto desencajado, en su pesar gris y denso, los fantasmas de nuestra niñez, la superstición de una raza que, a la postre, se había demostrado caprichosa y descuidada de su propia suerte.

Una figura llegó, una mano en movimiento, una pesada zarpa que se desplomó sobre su hombro, que rompió el silencio, el trance místico en el que parecíamos haber caído, un compañero suyo, otro miembro de su falange. Él le miró con pesar, el otro con comprensión tierna y, finalmente, nos despedimos con un discreto abrazo.


Los preparativos ya habían comenzado en las profundidades de la Ciudadela del Ocaso que, sin duda, estaba diseñada para repeler ataques provenientes desde su interior más que de su exterior. Todos nos reunimos entorno al portal, el suelo era de suave hierba y flores, incluso algunos árboles crecían y sobresalían por huecos en la pared hacia el exterior.

El lugar era, en resumen, una fiel reproducción del otro lado del portal. Los menhires habían sido integrados en la construcción y, lo único que no era idéntico al otro lado, era el arco de plata que, en Faerûn, debía materializarse como efecto del conjuro. Era el reflejo de un espejo que devolvía una realidad mortal, desconocida y peligrosa. Un mundo de pesadilla y cuento al que se mandaba a algunos de nuestros jóvenes más competentes en una misión sin mucho futuro.

Los cánticos reverberaban en aquellas bóvedas, entre aquellos arcos de vértices tan marcados. Las bellas voces y los conjuros hacían fluir la magia en una armonía perfecta que muchos nunca habíamos presenciado. El ritual prosiguió durante horas sin que se repitiese ninguna estrofa, ninguna frase. Conforme avanzaba el tiempo, la magia iba acumulándose en el arco de plata. Las filigranas, figuras geométricas , runas y escrituras, tomaban un rubor blanquiazul mientras las gemas comenzaban a brillar con su propio color. La belleza del espectáculo era tal, que casi todos sentimos entrar en trance, embelesados por los reflejos del agua que se proyectaban en las bóvedas y las paredes.

Llegado el cenit del día, proyectándose las estrellas en las aguas de la charca, el mayor palco de todos acogió la figura del líder de la casa de Lorlendil. Todo el mundo detuvo su mirada en él. La magia hacia vibrar las aguas y el portal, esperando ser liberada. Se hizo un silencio sepulcral mezcla de expectación y miedo.
-Hoy - dijo la poderosa y solemne voz de Elfeln'Duil - Mandamos a nuestros jóvenes más prometedores - hizo una pausa mirando a los pioneros que iban a ser enviados - En coordinación con algunas otras casas del Sildëyuir - hizo otra solemne pausa mirando al portal - Para que encuentren en Faerûn las herramientas, el poder y las alianzas necesarias para llevar a nuestra gente a la victoria - alzó los brazos en cruz haciendo una pausa y alzó la voz- Hoy, nos desprendemos de seres queridos - hizo una pausa-, de hijos - hizo otra pausa -, de cónyuges -hizo otra pausa- , nietos - hizo otra pausa - y amantes. Hoy - hizo otra pausa mirando al techo, a los huecos por los que veían las estrellas - nuestros hermanos cruzan la Puerta del Ocaso, en un intento por encontrar un nuevo hogar si fuese necesario. En una búsqueda por nuestra supervivencia - hizo una pausa corta - Hoy, hacemos este sacrificio por nuestros hijos, por nuestros nietos, por nosotros, el Sildëyuir y nuestros hermanos - con el mismo tono solemne, tras una pausa, miró con sentimiento a los pioneros - Que Corellion os asista y la victoria sea vuestra palabra tanto como la nuestra.

Elfeln'Duil terminó su discurso con el mismo recogido silencio que empezó. Fue entonces, extendiendo su mano derecha hacia el portal a la vez que colgaba de él un amuleto que se había quitado del cuello, que pronunció una palabra y la magia contenida en el portal se liberó alterando el tejido de los planos. En ese momento, todos pudimos escuchar un sonido similar al del acero doblándose, un chirrido ensordecedor pero dotado de una armonía innegable. Dentro del arco pudo observarse lo que había al otro lado, el denso bosque de Yuir, donde la luna llena proyectaba un haz plateado sobre la charca.

Todos en aquella sala nos inclinamos con una curiosidad enfermiza, incluso aquellos que se encontraban en los palcos se asomaron con medio cuerpo fuera para ver que se estaba manifestando. Jamás nadie había visto que había sido de Yuir y todos lo creían extinto.


Un gesto, el susurro de las ropas al rozarse, el tintineo de armaduras y mallas, el ruido hueco de una pisada y el chapoteo en el agua de quien camina. Unas figuras, un grupo de jóvenes elfos hacia el portal. Unas sombras del pasado que observaban. En apenas quince minutos, los pesares de los elfos, que se habían visto disipados momentáneamente por el discurso escuchado, parecieron volver cuando el portal se cerró tras el último de los enviados.

Para cuando miré alrededor, estaba solo bajo la atenta mirada de uno de los magos de la Casa de Lorlendil.

-Tu pesar es más común de lo que piensas - dijo cuando se acercó a mi poniendo su mano sobre mi hombro - Todos hemos renunciado a alguien.

-Sí, maestro... Pero mucho me temo que hemos renunciado para siempre... - dije al reconocer su voz como la de Lor'Kas-we, mi maestro de magia.

Volví a mi estudio, en lo alto de la aguja de mi familia. Salí al balcón y, abrigado contra el frio viento del Sildëyuir, me tumbé sobre unos cojines a ver la noche ciega.


Los días pasaron mientras avanzaba tímidamente en mis investigaciones. La Ciudadela del Ocaso parecía recuperar la alegría de sus cánticos poco a poco, asimilando la anunciada pérdida de algunos de sus jóvenes. Los mensajeros que recorrían al galope los caminos, no cesaban de intercambiar información entre casas. Observaba desde mi balcón como venían, tanto de noche como de día, a veces incluso dos mensajeros de la misma casa en un solo día. El intercambio de información era tal, que incluso no habría sido una locura que hubiesen recurrido a medios mágicos aunque, según mi maestro, aquello era peligroso por la amenaza de los nilshai.

Estaba a punto de desentrañar como convertir a Kilicia, un búho blanco que me regalaron de pequeño para practicar una especie de cetrería, en mi familiar, una criatura mágica que me ayudaría en mis tareas. Sin duda, era la mejor elección, un ser volador nocturno, cazador y ligero.
Mi maestro, Lor'Kas-we, había considerado que ya podía abandonar la condición de estudiante y convertirme en un aprendiz, por lo que me había entregado las bases del ritual que yo debía desarrollar y adaptar.

Una tarde, después de celebrar con mi familia el nacimiento de mi hermana Sasfera, llamó a nuestra puerta un enviado de la Corte de Lorlendil que le dejó una misiva a mi padre Befarador y, sin mediar mayores palabras, se marchó. Todos nos congregamos en el salón de la casa cuando fuimos llamados por mi madre, Satyagraha.

Al encontrarnos, atónitos, observamos la cara de nuestro padre, quien sostenía un rollo de papiro entre sus manos y observaba con horror, como si mirase a la cara a un demonio. El nos miró cuando Sasfera le preguntó qué le ocurría al tiempo que Satyagraha le ayudaba a sentarse y tomaba el rollo entre sus manos.
-Hijos míos... - dijo nuestra madre cerrando el rollo mientras nuestro padre hundía su rostro en sus manos - Habéis... habéis sido llamados a las filas de la Casa de Lorlendil - dijo tras titubear un poco, nosotros la miramos sorprendidos - Como pioneros.

Aquellas palabras que añadió al final sonaron como una sentencia de muerte en mi cabeza. La pesada losa del silencio se adueñó de mí, no en cambio de Sasfera, quien encontraba fascinante la labor de los exploradores. Satyagraha tomó una de las manos de Befarador mientras mi hermana les abrazaba. Yo me quede hierático, aislado, abstraído de una realidad que parecía acercarme a la misma muerte que debían de haber alcanzado los primeros pioneros.

-¿Eliandor? - preguntó Sasfera - ¿Estás bien?

-Si... - sus palabras tiraron de mi, arrastrándome fuera de mi pensamiento - ¿Qué ha pasado con los primeros pioneros? ¿Han muerto en una semana...?

Les miré y pude observar cómo se miraban entre ellos en silencio...


Un día después, en la Aguja de la Magia, a solas con mi maestro y Kilicia, nos preparamos para iniciar un ritual cuya llegada había sido acelerada por la ausencia de ceremonia, de honores, de entrenamientos detallados y transmisión de conocimientos.

-Eliandor... - dijo Lork'Kas-we - Lamento que esto tenga que ser así - me puso una mano en el hombro al tiempo que suspiraba en silencio - ¿Tienes todo lo que necesitas? ¿Pudiste ultimar los detalles? - me preguntó y, tras una pausa levísima, siguió - Te ayudaré en lo que necesites. Tus circunstancias, como las de otros que también han sido elegidos, son especiales.

-Sí, maestro - le dije dejando que Kilicia saltase de mi brazo al pedestal que se encontraba en el centro del ritual - Pero no entiendo como si ellos han muerto, nosotros vamos a hacer más de lo que han hecho - acaricié al animal con ternura - Bueno... supongo que han muerto, de lo contrario, no entiendo nada de esto.

-Eliandor... - comenzó diciendo para hacer una pausa en la que tragar saliva - Los primeros pioneros no han muerto, no todos - yo le miré, un rayo de esperanza se dibujó en mi mirada - Verás, algunas otras casas del Sildëyuir también mandaron sus propios pioneros pero ellos, a diferencia de los nuestros, encontraron que sus Puertas se encontraban amenazadas por nilshai y orcos - abrí los ojos como platos mientras él me explicaba con paciencia y calma todo lo ocurrido - Por lo visto, esos seres se han expandido también por Faerûn y algunos accesos a nuestro plano corren peligro. La Casa de Lorlendil tuvo paso franco y los primeros pioneros no han encontrado nada... - hizo una pequeña pausa - Por eso, las casas cuyos portales se encuentran ahora bloqueados y asediados, mandarán a sus segundos pioneros a través de aquellas más cercanas que aún tienen el paso libre y, junto con los primeros pioneros, defenderán el otro lado de los accesos como nosotros hacemos aquí - mientras hablaba, se dirigió a un vértice de la sala nonagonal y extrajo, de un armarito de madera taraceada, una serie de instrumentos para preparar el ritual - Así que... al otro lado te encontrarás con los primeros pioneros y sus defensas. Por si las cosas se torciesen mucho... son nuestra única vía de escape. No creo que podamos dejar caer el Sildëyuir sobre Faerûn si las cosas... bueno. Eso - tragó saliva intentando no mencionar el aciago destino que pudiéramos sufrir y terminando la explicación.

No podía decir nada, tan apenas era capaz de imaginar el horror que otros hubieran sufrido a manos de quienes buscaban nuestra extinción. Me estaba viendo empujado a una tarea imposible, no sabía qué hacer ni cómo hacerlo. Lo único positivo que podía sacar de todo esto era que volvería a ver a Wylerden otra vez y que sería colmado con poderes y honores que, de otra manera, habría tardado en adquirir.

El ritual se desarrolló con extremo cuidado, Lor'Kas-we me explicó todo lujo de detalles, desarrolló los principios básicos que debía conocer para realizar algún ritual y me hizo entrega de varios rollos para que aprendiese todos los conjuros básicos que iba a necesitar en mi misión. Durante un día entero, sentí la magia fluir a través de mí, concentrarse en los círculos y los triángulos, fluir con un rigor matemático por Kilicia y terminar por unirnos por un vínculo vivo que había alterado nuestro ser. Lor'Kas-we me indicó sobre los peligros que podía sufrir si le ocurría algo a Kilicia y viceversa.

Tras descansar, en una discreta ceremonia al final del día, se me hizo entrega de los honores propios de mi nuevo rango y, un día después, tras despedirnos de nuestros padres, Sasfera y yo cruzamos la Puerta del Ocaso junto con otros pioneros...


Offtopic :
Escritura automática de: Satyagraha, Acto I, Tolstoy, Escena I, El campo de justicia Kuru, Glass, Phillip; y Prophecies, Koyaanisqatsi y Cloudscape, álbum Koyaanisqatsi, Glass, Phillip; inter allia.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 23 Mar 2018, 22:49 
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Capítulo II. El reflejo deforme.


La luz que nos esperaba al otro lado resultó ser cegadora y cubrirlo todo con un brillo blanco que nos hizo pensar que nos habíamos reunido con el Seldarine. Tardamos bastante tiempo en acostumbrarnos mientras escuchábamos las voces de nuestros hermanos y sentíamos como nos agarraban del brazo para movernos a una tienda de campaña.

Allí dentro, la luz del sol que inundaba aquel claro se veía filtrada por las oscuras telas de la jaima. Cuando recuperamos la vista, todavía parpadeando, empezamos a ver lo que nos rodeaba. Apenas éramos doce ruar’tel’quessir, sentados en simples taburetes de tres patas en torno a una mesa que se encontraba en el centro de la tienda. Una brisa hacía ondear levemente las telas y susurraba entre las hojas de los arboles. Se podía escuchar el trino de pájaros de distinto tipo y un silencio que tan solo se veía roto por el sonido de pisadas, la labor de artesanos o las discretas conversaciones de otros hermanos.

Si todo cuanto sabíamos no era erróneo, Sildëyuir se construyó a imagen y semejanza del Bosque de Yuir, por lo que el Pie de Relkath y el Claro del Sol debían encontrarse a la misma distancia desde la Puerta del Ocaso y, en ellos, deberían encontrarse dos de las puertas más importantes.

Recuerdo, sentado allí, todavía en silencio, acostumbrándonos incluso al cambio en la gravedad que nos había revuelto el estómago a algunos, como nos miramos entre nosotros. Estábamos solos, nadie nos vigilaba, y conocíamos las funciones que cada uno de nosotros iba a realizar de vuelta a Faerûn. Tan solo ocho pioneros, entre los que nos encontrábamos mi hermana y yo; el resto, eran dendravoces, su función consistía en forjar alianzas y resultaban ser los hijos de las familias más meritorias de la Casa de Lorlendil, una función de dificil encaje teniendo en cuenta la memoria de Gamogan, quien se opuso más que el propio Ellen'Halshafir a la creación de nuestro reino.

Gamogan, considerado el último traidor de Yuireshanyaar, se opuso ferviertemente a la creación del Sildëyuir y, en su temerario furor por mantener las incipientes alianzas con los humanos, se dirigió a un asentamiento de éstos para informar de los planes de nuestros antepasados. Como resultado, una miserable tribu de humanos que proclamaba ser aliada atacó uno de nuestros asentamientos, arrasando con todo y todos cuanto vieron, destruyendo valiosas gemas, materiales y litografías necesarias para la creación de los portales de Sildëyuir. Su traición fue penada con el destierro, una pena menor que la que recibiese Mourel Caminante del Crépusculo, el Gran Traidor del Sildëyuir y antiguo rector de la Ciudadela de Tir'in'tiral, el actual y legendario Reino de la Noche.

Mis pensamientos se interrumpieron cuando las telas de la jaima se abrieron con lentitud y una grieta de luz se proyectó por todo el lugar. Algunos apartamos la mirada, todavía molestos por la fuerza del astro rey en el plano material. Cuando volví a mirar, la figura de Wylerden, luciendo aquellos cueros repujados propios de los batidores de la Casa de Lorlendil, se dibujó entre los destellos del exterior. Él parecía buscar a alguien con la mirada y yo todavía me frotaba los ojos de incredulidad. Sus ojos se posaron primero sobre mi hermana, quien pareció hacer un gesto hacia mi persona y, finalmente, se acercó hasta donde me encontraba.

Tras fundirnos en un abrazo, al que no tardó en unirse Sasfera, caminamos fuera y nos detuvimos al observar cómo estaban avanzando las defensas. El circulo de menhires exudaba una sutil y antigua magia que vibraba con una armonía casi imperceptible. Dispuestos alrededor de una profunda charca en cuyo centro se alzaba un dolmen, podía observarse que la roca se había erosionado por el paso de los siglos y los elementos, terminando por presentar una superficie perfectamente pulida. Bajo la luz del sol, la roca parecía brillar gracias a la humedad del ambiente en las zonas que no estaban cubiertas de musgo.

Más allá del circulo se había levantado el campamento en la cara oriental del mismo, donde el claro parecía extenderse de forma un poco irregular y permitía la entrada de luz. Alrededor del claro, todavía se estaban construyendo algunas medidas defensivas, encantando algunos puntos y cavando trampas para quien se acercase sin ser invitados. Todo el lugar lucía verde, vigoroso, cubierto de una alfombra de hierba, flores y algún que otro arbusto.

La belleza del claro hacían pensar que pudiese ser una de las famosas encrucijadas del Feywild, pero la fuerza de la luz y la retornante daga del peligro, hacían que toda belleza fuese tomada con cierto recelo, con la misma suspicacia que se trata a los extranjeros.

Convocados para ser instruidos en nuestras respectivas misiones, sonaron los cuernos de alarma y, envueltos en un torbellino similar a un avispero, poco tardaron en tomar cada uno sus posiciones defensivas. Apostados en las ramas de algunos árboles, detrás de rocas o tras los escudos de la vanguardia, aguardamos la aparición de aquellas aberraciones que acosaban nuestro hogar.

El silencio invadió el claro… ni siquiera los animales, que ya habían huido, parecían atreverse a perturbar la tensa quietud del lugar. Podía sentirse que el movimiento más leve podría haber roto el frágil equilibrio que nos separaba del caos. Kilicia incluso volaba en círculos muy por encima de las copas de los árboles, vigilando cuanto pudiera acercarse.
Entonces, entre las últimas sombras del claro hacia el oriente, las formas de un caballo marrón se dibujaron montadas por lo que parecía un humanoide vestido en tonos verdosos oscuros.

Todos quienes estaban a mi alrededor intercambiaron miradas y dirigieron algunas preguntas a aquel de más rango y cercanía. Se impuso el silencio y sonaron nuevos cuernos, desconocidos para nosotros, que invadieron el claro con un tritono similar al barrito de los elefantes. En respuesta, los ánimos se tensaron y uno de los embajadores pareció responder emitiendo un sonido similar con otro cuerno, tan solo una octava más bajo. Tras ello, dos cuernos sonaron continuada y largamente. La figura del fondo se detuvo entonces a medio camino y, cogiendo otro cuerno, emitió un sonido más corto y agudo, se apeó de su montura y esperó mostrando las palmas de sus manos, hacia el campamento, por encima de los hombros.

La respuesta no se hizo esperar. Entre las filas del campamento, dos figuras ataviadas con bellas túnicas plateadas decoradas con estrellas, sobrepasaron la vanguardia y se acercaron a la mujer. Desde nuestra posición, observamos como respondieron al gesto cuando se encontraron y comenzaron a hablar. Al cabo del tiempo, quien luego nos fue identificada como una semielfa dendravoz del Pie de Relkath, tomó las riendas de su caballo y volvió por donde vino recuperando el claro una inquietante sensación de calma chicha.

La confusión se hizo con muchos de nosotros, ¿cómo podía ser? ¿semielfos? ¿en el Pie de Relkath? Aquello era una locura se mirase por donde se mirase. Uno de los lugares más sagrados y místicos del Bosque de Yuir se veía manchado por la presencia de mestizos, muy probables hijos de la violación de nuestras hermanas... Muy probables descendientes de los elfos verdes que se quedaron tras de nosotros. Ello solo podía entenderse de una manera: los tel'quessir del Bosque de Yuir murieron y Relkath no cumplió con su promesa.

Según nos comentaron nuestros dendravoces, los elfos verdes del Bosque de Yuir habían esperado durante siglos nuestro retorno y habían cuidado de los círculos de menhires con celo. No parecían tener un gobierno definido sobre todo el bosque, el cual, pocos meses tardamos en descubrir que había menguado de tamaño, pero en la antigua ciudad, un consejo tenía cierta autoridad sobre todo el bosque y era aceptado su criterio en la mayoría de los casos. También, nos comentaron que tras nuestra partida, los elfos del bosque de Yuir comenzaron a mezclarse con los humanos en la forma en que Gamogan pudiese haber querido.
Aunque el comentario se recibió con cierta jocosidad, se nos advirtió muy seriamente de no mostrar desdén por aquellos seres, de no ofenderles en manera alguna y de mostrarnos cuanto amigables pudiéramos al efecto de recabar su ayuda en la protección de nuestros portales. Pero, siempre, siempre manteniendo la infinita discreción sobre nuestro origen, nuestra historia y nuestro conocimiento.

Unos días más tarde, varios de nosotros fuimos elegidos para proteger a nuestros dendravoces en su misión al Pie de Relkath. Allí, según comentaban las leyendas, descansaban los restos de un poderoso dios que tan solo volvería a Faerûn cuando los verdaderos habitantes del bosque de Yuir precisaran su ayuda. Un dios que se decía era anterior incluso a Yuireshanyaar y a la memoria de nuestra gente.

Lo cierto es, que las profecías y los dioses no constaban entre las especialidades de los ruar'tel'quessir y, francamente, parecía demostrada la falsedad de la misma al permitir el mestizaje, la derrota y la decadencia de lo que fue nuestro reino. No obstante, podría considerársenos tan culpables como los orcos y los humanos que batallaron bajo nuestras ramas. En cualquier caso, nuestra cultura siempre fue demasiado valiosa como para arriesgarla al fragor de la batalla, al furor de quien se diluye en una multitud ignorante y la temeridad de aquellos que no ven más allá de su limitada existencia...

La llegada al Pie de Relkath supuso un inquietante contraste de emociones que fluían entre la memoria y el presente. Observé al abandonar las lindes del claro en que se encuentra, a las orillas de un meandro del río Verdinato, las diversas construcciones a ras del suelo, hechas en madera, piedra y otros materiales. Sobre ellas, a más de treinta varas de altura, el denso foliaje de los cuatro grandes árboles, que se decían crecer del propio pie de Relkath, cubría la ciudad en una agradable penumbra. Entre sus ramas se encontraban el palacio real y algunas otras dependencias importantes.

Una extraña sensación recorría la zona, cómo si la magia de nuestros antepasados siguiera ahí y sus vivencias se desdibujaran entre la mezcolanza de sangres que nos rodeaba. Allí, la gran mayoría eran semielfos y algún que otro elfo verde cuyos rasgos se dejaban ver fugazmente de vez en cuando.

Escoltados por algunos semielfos que decían ser maestros del Bosque de Yuir, fuimos llevados a una posada llamada Grifo de Raices, cuyo camino seguía hasta el templo de Silvanus, donde fuimos alojados a expensas de la ciudad y atendidos apropiadamente.

Allí, tácitamente encerrados en aquella posada mientras nuestros dendravoces se reunían con la Princesa Blindelsyn Olossyne, descendiente lejana de un tal Rey Brindor, la suspicacia de mis hermanos hacia los mestizos que se acercaban era patente. Empero, el paso del tiempo y alguna que otra vianda pareció dar paso a una curiosidad inconmensurable por mi parte.

Armado con dos copas de vino élfico, me acerqué a uno de los semielfos que nos miraba con fascinación y le invité a beber un poco. Algo suspicaz tras comentarme que no se puede invitar con aquello que no pagas, me dijo que su nombre era Raloyarus y que era cazador de Yuir. Estuvimos hablando largo y tendido mientras me contaba que una familia de dragones de canto vivían en el árbol más alto del lugar, que el trono de la princesa estaba hecho de hojas y flores siempre en su esplendor y que a las afuera había un círculo de menhires. También, me comentó sobre la existencia de una gran muralla construida por elementales de tierra y una fortaleza de obsidiana al oriente del bosque. Según me comentó, dichas defensas se encontraban protegidas por semielfos y humanos y, en ocasiones, eran atacadas por unos magos venidos de un lugar que llamaba Thay. Sus palabras me hicieron entender una gran suspicacia hacia los extranjeros que, sin duda, se encontraba rota por los rumores sobre la vuelta de los legendarios elfos de mithril.

Raloyarus no dudó en hacerme cientos de preguntas sobre Sildëyuir y mi gente, todas ellas tuve que evadirlas con una dificultad que, en ocasiones, no era capaz de superar. Lo cierto es que, a pesar de comenzar con emoción la conversación, cuando llegó el momento en que tuve que evadir responderle, pareció mostrar un temperamento inusual entre los tel'quessir, una reacción sanguínea y propia de su ascendencia equivocada.

No tuve tiempo de emitir un juicio tan funesto como mis antiguas costumbres pudieran, pues fue de gran oportunidad que fueramos llamados a la presencia del Consejo de la Princesa y su propia Coronal.

Allí, ante la presencia de la Princesa Blindelsyn, Melordianix, la matriarca de los dragones de canto en su forma humana, y el Mago Verde, cuyo verdadero nombre después descubrimos era Hamafil Sylerin, un elfo salvaje que nos insistió mucho en la preservación del bosque y el gran papel que podríamos alcanzar ambos reinos juntos, fuimos bienvenidos oficialmente a la ciudad, al bosque y a Faerûn en un escalonado fraseo que resultaba redundante.

Los dendravoces de Sildëyuir tomaron la palabra agradeciendo los gestos de hospitalidad recibidos e intercambiaron impresiones sobre los teúrgos místicos, aquella amenaza extrapalanaria que había llegado a ambos reinos y suponía un peligro más para los desdibujados restos de Yuireshanyaar.

Poco tardaron en poner a nuestra disposición mapas de Faerûn, medios y consejos para cumplir nuestra misión. Ni siquiera nuestros dirigentes quisieron retrasarlo ni un segundo y las tierras de Faerûn fueron repartidas en grandes bloques a los pioneros que habíamos abandonado la Ciudadela del Ocaso. Mi hermana, Sasfera, fue enviada a las junglas de Khult y yo a los reinos al otro lado del Mar Brillante, aquellas tierras conocidas como las Tierras de la Intriga.

Al día siguiente, me encontraba junto con el resto de pioneros viajando a través del bosque hasta la ciudad de Veliprintalar, justo al norte del Pie de Relkath, en la costa. A lo largo de nuestro camino pudimos observar las diversas ruinas de Yuireshanyaar cubiertas por la vegetación en su mayoría, las tierras pérdidas entre las lindes y la costa y los intentos del Bosque por recuperar terreno poco a poco.

Llegamos a la gran metrópolis, donde nos avisaron nuestros anfitriones que un grupo conocido como los Hijos de la Escarcha habían avivado la pesadilla del racismo. Durante toda nuestra estancia en la ciudad que, por gran fortuna, fue breve, mantuvimos nuestros rasgos ocultos en capuchas aunque nuestras ropas y armas delataran nuestra ascendencia.

Los semielfos del bosque de Yuir nos entregaron oro e indicaciones para tomar barcos y caravanas que nos llevarían a diferentes tierras al otro lado del Mar de las Estrellas Fugaces... Al otro lado del continente...

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 30 Abr 2018, 17:39 
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Iluminado por las velas y las llamas azules del fuego feérico que iluminan la Torre de Magia de Suldanessalar, Eliandor escribía con cuidado en un papiro de la máxima calidad. Manufacturado por los propios artesanos de la capital élfica, los ómfalos de madera habían sido pulcramente tallados con motivos de estrellas y flores. En una esquina de la mesa, un cilindro de madera en cuyo interior podría caber más de un rollo de dos ómfalos, se encontraba destapado.

Mi muy apreciado y loable Oyave.

Os dejo este papiro para poneros en preaviso de algunos de los temas que me gustaría tratar con vos durante el encuentro que tendremos el próximo día en la Torre de Magia de Suldanessalar.

En primer lugar, siguiendo las indicaciones de Anith Sella, me gustaría describiros una idea que me urge en la cabeza. Como ya sabréis, tengo responsabilidades para con mi pueblo y, a tal efecto reuní a varios hermanos de Suldanessalar al objeto de crear una serie de obsequios que ayudasen a estrechar los lazos entre ambos bosques.

Si bien la reunión acabó eclipsando mis humildes metas hasta casi dejarlas sin objeto, quedó de la misma un sabor muy estimulante para mis sentidos. Os pongo al día de lo ocurrido:

Reunidos en el anfiteatro de la ciudad, nos encontramos Minenyar, Delom, Tharador, Anith, Sophira y yo. Les expuse el gran problema de mi gente: la lucha contra unos seres a quienes llamamos teúrgos místicos y que encajan en la categoría que en las Tierras de la Intriga llamáis aberraciones.

La idea era conseguir algo que, simbólicamente, mostrase un apoyo a mi pueblo en su defensa, a cambio de lo cual, otra muestra de apoyo sería mostrada. Por ello me dirigí a quienes concurrieron, tras explicarles las características de los seres, para que aportasen sus ideas. De entre todas, fue Anith quien sugirió que me dirigiera directamente a vos con la información que conozco al respecto, no sin antes indicar que es conocido un acceso al plano etéreo.

Así, os digo que los teúrgos etéreos o nilshai son seres originarios del plano etéreo con cuerpo de gusano, alas de murciélago que les permiten volar, tres ojos amarillos, una boca con afilados dientes de la que rezuma una babilla corrosiva y tres brazos tras la cabeza que acaban en garras con dedos. Su piel, es dura como el hierro y, lo que es más importante, son extremadamente hábiles con la magia para la cual, suponemos, han de tener cierta habilidad innata, pues conjuran al doble de velocidad que el más hábil de los Altos Magos de mi pueblo.

Además, por si fuera poco, son capaces de teletransportarse a pequeñas distancias sin mediar cántico o gesto alguno y, gracias a sus múltiples brazos, pueden utilizar varios objetos mágicos a la vez, algunos de ellos espoliados a nuestro propio pueblo.

Sobre dichos seres me dirijo a vos en busca de consejo.

Por lo demás, conocedor de mis orígenes como sois, hay un tema que me inquieta especialmente y para el cual me gustaría contar con vuestro consejo, en el cual confío tanto como en vuestra discreción respecto del mismo.

Desde hace días me planteo crear algún artefacto con la propiedad condicionada de ancla dimensional al objeto de evitar sorpresas desagradables… No tengo claro donde aparecería.

Me dejo dos temas en sin tratar en este papiro, pero seguro que la visita de Caranthir os tiene suficientemente entretenido.

Os veo en la próxima luna nueva.

Eliandor Asdroldendel, ayudante del bibliotecario de la Universidad Myrdon Salesker.


Tras terminar de estampar sus señas sagradas en el papiro, el elfo de mithril esperó a que la tinta se secase y enrollo el papiro en ambos ómfalos. Tras ello lo depositó en el labrado cilindro de madera y lo entregó a un tel’quessir que lo dejaría en un lugar donde lo encontrase el Mago Real.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 28 May 2018, 16:55 
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Ensayo sobre la cosmología de Faerûn y la naturaleza de los convocados.

Un elegante rollo de papiro de doble ómfalo de madera taraceada presenta una letra estilizada, cursiva y elegante. Parece haberse ocupado su superficie por completo y recoger el siguiente texto.

El cosmos es un complejo ser vivo armonioso, una ingrata creación que se esconde de sus propios testigos como si se avergonzase de su perfección.

En verdad, esta afirmación parece ser muy adecuada para el comienzo de este ensayo, pues, motivado por la naturaleza de los convocados, parece preciso comenzar a tratar la realidad circundante, separarla en sus partículas más irreductibles y, tras una cuidadosa selección, hallar la causa primordial que explique la teoría final.

La naturaleza de los convocados parece proceder de un simple binomio. Dado que se tratan de la reproducción de criaturas genéricas, entre cuyas cualidades se encuentra la moral, no parece descabellado dividir el cosmos en dos planos gnoseológicos diferentes e interconectados.

Así, por un lado, impregnado por la perfección del acto creativo, el plano de las ideas parece proponerse como una teleología hacia la que debe orientarse el cosmos. Una pureza tan delicada y bella como la música entre cuyos tonos resuena la existencia, pero no fluye el cambio.

Este plano de existencia parece poder oponerse al plano material, el plano de las cosas. Un plano hecho a imitación del anterior, donde se realiza la perfección y, por la torpeza del artesano, se daña dicha armonía generando creaciones toscas, descarnadas de toda belleza, finitas, ligeras y, en todo su significado, imperfectas.

La idea de la perfección es una clave para entender la realidad circundante y una referencia para no quedar a la deriva de situaciones desconocidas. La belleza de una canción, de una armonía, no es menos que la mejor aproximación hacia la perfección y la plenitud creativa. En verdad, el plano de las ideas es un plano ligero, naturalmente denso, inmutable e infinito. Tal es la idea de perfección.
Todo aquello que es perfecto, es infinito y, en tal naturaleza, no es receptivo al cambio pues todo cambio habrá de desarrollarse en los términos de su infinitud, de su perfección. La perfección es, por tanto, un elemento inmutable, una unidad elemental y primogénita que engloba toda la potencia del universo. Es precisamente la potencia su rasgo diferencial.

Dada su potencialidad, la perfección trasciende todo cuanto existe en el plano de las cosas, es decir, todo cuanto es acto. El acto, por su naturaleza imperfecta, es un elemento finito, naturalmente líquido por su gran fragilidad al cambio, tosco y, en resumen, esencialmente imperfecto y único. La unicidad es una característica propia del acto y, a tal efecto, la música es el mejor ejemplo.

La belleza etérea de la música es capaz de trascender todos los seres, imbuyéndoles de sus efectos mediante una relación parasimpática de diversas consecuencias. En este punto es donde se debe detener la atención. Los efectos que puede producir la música en el oyente son, precisamente, la manifestación de la perfección a través del plano de las cosas.
Los efectos siempre serán los mismos pues son la idea subyacente a la realización de un acto creativo. Es decir, una armonía presta, atropellada, aguda y frenética, siempre tendrá el efecto de encender el ánimo del oyente, de clamar a su furor y nerviosismo. Sin embargo, todas y cada una de las interpretaciones de dicha armonía serán únicas e instantáneas. Nunca habrá dos iguales, el acto creativo siempre será único y la variación de su resultado la evidencia de su imperfección.


Llegados a este punto, ideas demasiado complejas han sido expuestas sin su adecuada explicación, por todo ello, este símil parece más que necesario:

La labor creativa del artesano implica una serie de fases todas ellas necesarias e importantes. En resumen, dichas fases se identifican con lo anteriormente expuesto: primero, habrá de pensar lo que va a crear y, después, canalizando la energía adecuada, dándole la forma precisa, realizar dicha idea. Así, un artesano puede dotar de vida la piedra y, su arte, su habilidad con la energía, determinarán la perfección de su creación. Para aquellos menos dotados espiritualmente, piensen en un artesano creando un gólem.

Así las cosas, puede comenzar concluyéndose una regla general necesaria para entender la cosmología circundante. Por un lado, existe el plano de las ideas, perfecto e infinito, y, por otro lado, el plano de las cosas, imperfecto y limitado. Entre ambos, fluyendo con mayor o menos control, se encuentra la energía.

La energía, lejos de las definiciones que puedan darse en el ámbito arcano, consiste en cualquier fuerza capaz de originar una medicación del cosmos, ya sea permanente o temporal, que permita realizar alguna de estas ideas, inalcanzables por la imperfección de las cosas. En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que la energía puede actuar a instancia de parte, promovida por una voluntad exógena, o de oficio, como resultado de un movimiento violento en el cosmos producido por el cambio de una idea. El cambio reflejado por esta última posibilidad será imperceptible, pues las ideas trascienden al tiempo en su infinitud y, cualquier cambio que sufran, se habrá de proyectar necesariamente durante todo el tiempo y el espacio.

A tal efecto, dado que aquellos que son imperfectos no pueden participar de la perfección de las ideas dada la infinitud de las mismas, dicha transformación deberá realizarse por un ser que si pueda participar de ella y, siendo así, siendo un ser dotado del libre albedrío suficiente, ¿acaso no será también imperfecto?

En este momento, llegamos al quid de la cuestión que enlaza con la naturaleza de los convocados y una de las Cuerdas-Ley que pueden inferirse de todo esto:

Todos los seres de este universo están hechos de materia y energía.

En verdad, la fusión de ambos elementos al servicio de una idea concreta es la única manera de explicar este fenómeno tan extraño de los convocados y encuentra muchos más ejemplos a lo largo de la cosmología faerunia.

Así, respecto al mito de la creación de Mystril, se dice que Selune creó el sol valiéndose del fuego, extraído de su propio plano elemental, para incendiar uno de los cuerpos celestes que orbitaban alrededor del mundo.

En este mito se puede encontrar una de las pruebas que respaldan esta Cuerda-Ley. Por un lado, existen planos de energía pura, los llamados planos elementales; por otro lado, la energía puede adherirse a la materia, permaneciendo en ella e impregnándola hasta el punto de fusionarse en un único ente. Hasta el punto de provocar su indistinción en el cosmos.

También, es conocido que los propios planos de Faerûn tienen una naturaleza energética concreta. Los recientes sucesos que han llevado la guerra a Misnor han aportado la evidencia de que el Plano de la Sombra tiene cierto efecto energético sobre sus inquilinos. Aquellos que, por desgracia, fueron arrastrados a semejante lugar, describieron como su ánimo fue decayendo poco a poco y se sentían cada vez más apáticos.
Estas afirmaciones están corroboradas ampliamente por diversos arcanos que han acostumbrado a viajar entre planos. Los propios planos de Faerûn parecen ser alguna suerte de representación de una parte del cosmos más cercana a la perfección que el plano intermedio. Es decir, en la rueda cosmológica de Faerûn, conforme más nos alejamos del centro, más nos acercamos a estadios más perfectos. Si bien, nadie ha sido capaz de indicar que se encuentra más allá de los planos exteriores.

A este respecto, algunos autores sugieren que el caos y la entropía cósmica reinan fuera de nuestro universo y que, intentar viajar más allá de los planos de nuestra rueda, es una locura propia de un netherino, dado que las caóticas energías serían capaces incluso de diluir a los dioses más íntegros energéticamente. No obstante, ese tema no es objeto de este ensayo.

Finalmente, cabe señalar la existencia del alma como energía que imbuye el cuerpo, la materia, de los seres inteligentes, incluidos, por desventura, los alzados. Es conocido por todos el papel que ejercen Kelemvor y su culto en este punto. En ningún rincón conocido de Faerûn, se niega la existencia de dicho juicio a un ente energético denominado alma o espíritu.


Por todo lo expuesto, puede concluirse que todo ser está hecho de materia y energía y que todo ser responde a su respectiva idea perfecta Para mayor claridad, el ejemplo de Corellon Lazheidan parece ser la luz en medio de la oscuridad.

El Padre de todos los Elfos, Líder del Seldarine, el panteón élfico, y Primer Elfo de todos encarna la perfección élfica, el eladrin ideal. No obstante, no puede predicarse del mismo que sea perfecto, infinito y trascendente, pues tales características anularían su ser, convirtiéndolo en poco más que un elemento inanimado del cosmos. No obstante, es de todo cuanto existe en el multiverso, lo más cercano a la idea de eladrin que existe.

¿Por qué decir que la perfección encarna la aniquilación del individuo y que nuestros propios dioses no son conceptos perfectos?

La respuesta a tal pregunta es muy simple: la perfección es universalidad. La perfección implica ser la causa primera de la que derivan todas sus consecuencias dentro de una misma familia de ellas. Una idea, una causa primordial, lo perfecto, será siempre potencia y, como tal, nunca podrá ser un elemento individual, sino colectivo. Es decir, ese mínimo inalterable que identifica a una pluralidad de individuos diferenciados y diferenciables. Así, todas y cada una de las razas más antiguas de Faerûn tienen unos rasgos distintivos entre ellos. Piénsese, por ejemplo, en los dragones, los eladrin o los Yuan-ti.

Entonces, tan solo cabe plantearse qué hace realmente un arcano al convocar a una criatura. La idea es tan simple como aterradora: la convocación se encuentra íntimamente relacionada con la Creación, con el Génesis. Toda criatura convocada está compuesta únicamente por energía, un elemento francamente etéreo, y es fiel reflejo de la idea de que toma forma.

Para terminar, debe señalarse que quedan en el aire muchas preguntas todavía sin respuesta: ¿cómo se determina la existencia? ¿cómo se diferencia lo que existe de lo que no? ¿qué método debe seguirse para deslindar una idea de otra? ¿las ideas son elementos estructurales del Cosmos? ¿son inmutables? Si no lo son, ¿de quién depende su mutabilidad? ¿del conjunto de los dioses, de cada dios para con su ámbito, del conjunto de los entes pensantes o de esa tercera entidad demiúrgica que se sugiere al estudiar el taumogénesis? ¿cómo pueden comprobarse todas estas teorías?

Todo ello precisará ser estudiado más adelante.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 13 Ago 2018, 21:26 
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Reparando la brújula de Lyriel.


Lo cierto es que el encargo que me había hecho Lyriel, por recomendación de Aravae, era la oportunidad perfecta para poner en práctica algunos de los nuevos poderes que había conseguido desarrollar. En principio, era un asunto sencillo, reparar gracias a la magia una antigua brújula a la que la hermana tel’quessir tenía gran aprecio.

La verdad, que, sinceramente, examinando el objeto, quizás hubiera sido mucho más fácil desmontar el artefacto, raspar el óxido y volver a montarlo, pero lo cierto es que la oportunidad que se planteaba debía ser aprovechada para futuras ocasiones.

El conjuro de remiendo, que en su momento fue conocido como la Reparación de Aska, debido a su creador, Aska el Destructor, un arcanista netherino que vivió alrededor del año dos mil ciento sesenta y ocho antes del Día del Encuentro, puede reparar una superficie pequeña de un objeto, devolviéndolo a su estado original.

Aunque hoy en día son varios los eruditos que indican que no repara objetos mágicos, ello se debe a una mala interpretación de una glosa aparecida en el Pergamino Vinthallar, en el cual, un autor posterior había glosado el texto indicando tal restricción. Nada más lejos de la verdad, lo que el glosador quería indicar es que el conjuro no devuelve la magia a los objetos mágicos, sino que tan solo repara su forma física devolviéndola a su estado original e incólume, teniendo entonces que repararse el encantamiento de ser necesario.

El citado conjuro pertenece a la escuela de transmutación, por alterar la materia de un cuerpo cierto pero el proceso es mucho mas complejo que todo eso. Se trata de un hechizo instantáneo y desplazado.

En este caso, el metal de la brújula se ha oxidado, pero no ha llegado a corroer todo el material. Por ello, se tiene una parte del mismo que se ha deteriorado hasta convertirse en materia que ya no es necesaria y que debe ser separada.

A tal efecto, se plantean dos mecanismos diferentes para el funcionamiento de este conjuro. Por un lado, el conjuro puede tomar los parámetros de la materia cuantitativamente más presente en el área de efecto y suprimir aquella diferente a la misma. Por otro lado, el conjuro puede partir de un esquema previo, un deber ser, y adecuar las materias a dicho esquema.

El primero de los planteamientos parece sencillo empero, lamentablemente, es el más peligroso de cuanto existen, por estar el artefacto construido de varios materiales en un espacio muy pequeño, se corre el riesgo de que aquellos menos presentes sean eliminados por completo. Calibrar dichas variables es, a todas luces, ineficiente.

El segundo de los planteamientos, el cual yo propongo para los conjuros de curación alternativos al uso de energía positiva, parte de un deber ser, adecuando, o mas bien armonizando, el ser al deber, devolviendo el acto a una potencialidad anterior, si es que acaso ello no es otra potencia en si misma. Es, francamente, un interesante debate la potencialidad que otorga la injerencia mágica a todo cuanto existe, pues, en verdad, se torna infinita e inconmensurable. A tal efecto, como planteamiento general, cabe proponer que la potencialidad de un acto es aquella que puede alcanzarse por los propios recursos del mismo, por su propio ser, siendo la potencialidad derivada de la acción de terceros una potencialidad diferente, agravada; confundida, definitivamente, con potencialidades de otros actos. Es así como debe distinguirse de la potencialidad propia de la impropia.

Por todo ello, es este segundo planteamiento el que debe seguirse, quedando tan solo por encontrar esos parámetros previos que debe seguir el conjuro para su correcto funcionamiento y fin.

En este punto concreto, es donde entra en juego la habilidad del erudito o innato que pruebe a usar de dicho conjuro. Los parámetros previos, ese esquema que se identifica con el deber ser, deben generarse en la propia mente del conjurador. Es él mismo, cual ilusionista que recrea las hebras de una hoja, quien debe recrear la concreta imagen del deber ser con todo lujo de detalles en su mente y mantenerla mientras dure el conjuro. En algunos casos, puede intentar contarse con múltiples apoyos pues, cuanto mayor sea el conocimiento del taumaturgo, mayor será su posibilidad de éxito.

En este caso, habiéndome decantado por el segundo modelo, realicé las modificaciones oportunas al conjuro y me dispuse a lanzarlo sobre una superficie adecuada, es decir, una losa de piedra blanca en que había dibujado un sencillo círculo con un triángulo en medio. En la cúspide: polvo de metal; a la izquierda: una astilla de madera; y a la derecha: una esquirla de cristal mineral. Dichos elementos serían mi apoyo a la hora de regenerar la materia en una suerte de parasimpatía compositiva.

Una breve letanía, unos segundos de concentración, una pequeña cantidad de energía… Al cabo de un rato de tensión, abrí los ojos y la brújula estaba reparada. Como nueva.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 04 Nov 2018, 14:48 
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Sobre los conjuros adivinatorios que actúan sobre la vista.

La escuela de adivinación es, sin duda, la más básica para todo erudito, pues su ámbito es el de la verdad, el desentrañamiento y, en cierto modo, la aplicación más pura de la inteligencia: la percepción.

A este respecto, son muchos quienes se equivocan sobre el verdadero sentido de esta escuela, identificándola con el descubrimiento de secretos, la desenmascaración de la falsedad y la verdad. Mas todo ello debe derogarse en pos de una idea más pura, más perfecta. Una idea que los englobe a todos y, para ello, no hay por menos que plantearse de nuevo la realidad del cosmos.

Como ya se indico anteriormente, el cosmos al que tienen acceso la inmensa mayoría de los mortales, sin ninguna adición a su capacidad perceptiva, es finito en consonancia con su propia naturaleza. Mas, existe ulterior a dichas realidades que se perciben como completas, un metacosmos, una existencia que transcurre más allá de lo meramente percibido. Se trata de la misma realidad que escapa de los sentidos del sujeto cognoscente.

Para comenzar con esta explicación debe plantearse un entorno controlado en que existe un sujeto cognoscente y un objeto cognoscible. Es paradójico y muy interesante la situación que se da, y es que el sujeto cognoscente es a la vez objeto cognoscible, es su propio objeto que, por la asimilación al ser que procesa, se debe identificar con el sujeto.

No obstante, estos conceptos comienzan a ser muy complicados, por lo que conviene ir paso por paso. Así, debe indicarse que la percepción, entendida como un conocimiento que busca la certeza de lo percibido, es una suerte de capacidad aprehensora de aquello que se cruza en su camino, concretamente, de objetos cognoscibles. Por tanto, la capacidad perceptiva del sujeto cognoscente lo es ad extra, es decir, hacia el entorno. Empero, nuevamente, la paradoja de la naturaleza bimembre del sujeto cognoscente nos hace indicar que el sujeto puede proyectar su percepción hacia sí mismo en una suerte de procederes que se conocen como meditación o introspección, propios del oriente del Mar de las Estrellas Fugaces.

En contra, la capacidad perceptiva del objeto cognoscible lo es ad intra, es decir, hacia sí mismo. Mas debe indicarse que lo es en una suerte de anulación de la misma, pues no podrá si no absorber y ser objeto de las capacidades de un sujeto. Aquí, en este concreto punto, se puede observar la paradoja sobre la ubicuidad del sujeto cognoscente que, a su vez, es también objeto.

La verdadera naturaleza del sujeto es la de aquel objeto que, percibido por otros sujetos, lo es también por sí mismo. Esta es una elección esencial para toda case de artificiero y debe grabarse en la memoria de todos los estudiantes: “todo ente capaz de percibirse a sí mismo y al entorno, está dotado de consciencia y, como tal, busca su perdurabilidad”. Es decir, el sujeto no solo percibe otros objetos, que a su vez pueden ser sujetos diferenciados y diferentes, sino que además se percibe a si mimo. Mas ¿cómo es tal?

La respuesta es sencilla: el contraste. Si haciendo uso de una vela proyectamos una sombra sobre un fondo blanco, nos será sencillo y no tendremos ningún esfuerzo en distinguir su contorno. Empero, si dicho fondo sobre el que se proyectase la misma sombra lo fuese negro, no podríamos sino distinguir la sombra por la ausencia de brillo en la superficie negra. A fortiri, si dicha superficie fuese tan negra y tan mate que no pudiera brillar ni aunque la luz más poderosa incidiera sobre la misma, entonces, bajo ningún concepto, podríamos distinguir nada en su superficie.

A tal efecto, el sujeto se percibe a sí mismo y, por extensión, al resto de las cosas, pues es la base de la percepción, gracias al contraste. En el espacio ocupado por el sujeto no se encuentra otra cosa que sea él; de igual forma, en el espacio ocupado por un río, no se encuentra una montaña, etc. Las ramas contrastan con el tronco, las hojas, la tierra… No solo por su color, no solo por su forma, no solo por su función, lo hacen concretamente por el seccionamiento que, artificiosamente, ha decidido el sujeto cognoscente debe realizarse para una compresión que, a sus criterios, es integra. Id est, donde unos tan solo ven un rosal, otros pueden ver un conjunto interconectado de un tallo con sus consiguientes raíces enterradas en tierra, dos espinas por cada cuatro dedos de superficie, una flor por cada palmo de tallo de un color rojo intenso con doce pétalos cada una y siete estambres con sus consiguientes partes por minúsculas e imperceptibles que nos puedan parecer.

He ahí la tesis enunciada al principio, la percepción de los mortales es un instrumento de aprehensión del conocimiento finito, coartado desde su nacimiento, configurado para fallar sistemáticamente. Ello no implicará necesariamente una percepción errónea, pero sí que la misma será siempre incompleta.
Aquí, precisamente, entran en juego los conjuros adivinatorios que tienen efecto sobre la vista, aquellos como detectar magia, visión verdadera o vista arcana. Todos ellos tienen en común que vienen a completar la capacidad perceptiva del sujeto cognoscente de forma inmediata.

Para entender el funcionamiento de estos hechizos debe comenzar clasificándose los parámetros por los cuales se perciben los objetos cognoscibles en el plano primordial material. Así, lo objetos se muestran en tres dimensiones básicas: por un lado, la anchura mide la distancia frontal de su contorno entre su lado izquierdo y su lado derecho; por otro lado, la altura mide la distancia entre los lados que se encuentran arriba y abajo del objeto y, finalmente, la profundidad medirá la distancia entre el lado delantero y el lado trasero del dibujo.

Debe mencionarse, y ello es crucial para entender ulteriores explicaciones, que la perspectiva del sujeto cognoscente es la que mide la realidad, indicando que es izquierda, derecho, delante, detrás, arriba, abajo… El sujeto es el ancla sobre la que se sustenta la percepción en medio de la inmensidad inconmensurable del cosmos donde nada indica que es arriba, ni abajo, donde no hay direcciones, ni referencias, tan solo derivas, etc. A este respecto debe tenerse en cuenta una realidad muy simple que puede contrastarse con facilidad: el experimento de la partida. Imagínese un embarcadero con dos sujetos. Uno de ellos, posicionado en el embarcadero, observa al segundo marchar, posicionado sobre la cubierta de un barco en movimiento. Desde la perspectiva de sujeto del embarcadero, es el sujeto del barco quien se mueve, pero, curiosamente, desde la perspectiva del sujeto posicionado sobre la cubierta de la embarcación, es el sujeto posicionado en el embarcadero quien se mueve. ¿Acaso solo uno de ellos se mueve? ¿Se mueven los dos? La incertidumbre que provoca esta evidencia es tal que, necesariamente, debemos asumir que ambas premisas son ciertas: ambos sujetos están moviéndose porque, simplemente, no hay ninguna referencia incontestable, ninguna referencia absoluta, que sirva de ancla para determinar que es movimiento y que no lo es.

A fortiori, el experimento puede seguir. Imaginen ese dos avezados jinetes que cabalgan a pleno galope a la par el uno junto al otro. Dado que mantienen una velocidad par, la percepción que cada uno tenga del otro será de quietud y no será sino por el contraste con el fondo que serán conscientes del movimiento y, aun así, no serán conscientes de que su compañero se mueve, sino que es el fondo el que pasa borroso a su alrededor. Empero, aquellos que se encuentren en el camino y los vean pasar, no dudaran ni un segundo en determinar que son ellos quienes se mueven.

El principio de incertidumbre nos lleva a asumir que, si introducimos un animal en una caja y la cerramos, en tanto que este no se mueva ni haga ruido, no seremos capaces de adquirir un conocimiento cierto sobre si está vivo o muerto, debiendo asumir que ambas premisas son ciertas. Por tanto, como se indicó anteriormente, debe asumirse que, en el cosmos, divorciados de toda referencia dada por un sujeto, los objetos cognoscibles se encuentran al mismo tiempo en movimiento y no, en ser y en no ser.

Pero, al margen de las discusiones sobre la perspectiva, son más las dimensiones en que se mide la realidad del plano primordial material. Así, la numerología ofrece una visión más comprensiva de estos elementos. Así, el uno es el comienzo, el tiempo; el dos es el movimiento, la velocidad, conceptos íntimamente relacionados con el tiempo; el tres es la forma, cuyas dimensiones ya hemos indicado; el cuatro es el orden, necesario para una percepción segura. No es necesario proseguir.
Estas son las dimensiones de nuestra realidad: tiempo, velocidad, anchura, profundidad, altura y orden.

No obstante, las ulteriores explicaciones se entienden mejor si nos referimos únicamente a las dimensiones relativas a la forma, pues bien sabido es que el conocimiento se percibe mejor por los ojos que por los oídos.
Así, debemos indicar que nuestra natural percepción está configurada para percibir dentro de los parámetros indicados. Es decir, nuestra auténtica limitación viene dada por la naturaleza del plano al que somos naturales.

Para mayor abundamiento, centrados en las dimensiones de la forma, imagínese un plano que transcurre solo en dos de ellas. Es decir, en anchura y altura. Al no ser capaces de percibir la profundidad, no podrías ver una esfera alejarse y acercarse, tan solo un círculo hacerse más pequeño o más grande dependiendo de la ubicación del corte sobre la figura geométrica. Debe recordarse a quien no sea tan avezado en matemática que una esfera es una figura tridimensional formada por infinitos círculos, que son figuras bidimensionales.

En cierto modo, este es el funcionamiento de estos conjuros adivinatorios, permiten al sujeto cognoscente percibir una dimensión adicional de la realidad, un elemento más que, de otra manera, no sería posible conocer. En el ejemplo anterior, un conjuro de vista arcana podría permitir a nuestros amigos bidimensionales percibir la profundidad.

Así, debe seguirse con la sucesión numerológica indicada anteriormente, pues el cinco es lo arcano, el seis el equilibrio, el siete es el misticismo, el ocho lo infinito, el nueve la magia, el diez lo irreductible… Cada conjuro de los mencionados permitirá al usuario conocer alguna de estas nuevas dimensiones de la realidad.

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 04 Nov 2018, 15:33 
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Los relojes lantaneses de Aravae.

Lo cierto es que medir el tiempo siempre me había parecido una quimera, pero… Estos instrumentos que me había dejado Aravae para su reparación eran francamente fascinantes. Sin confesárselo, me había tomado mi tiempo para observarlos con detenimiento lanzando varios conjuros sobre ellos.

La verdad, me encontraba maravillado. Decía que eran de Lantan, tierra de gnomos, que parecían compartir una extraña magia con los enanos y sus palos de la tormenta. Combinando diferentes saberes de la física del plano primordial, habían conseguido confinar explosiones capaces de lanzar mortíferos proyectiles a través de un tubo que concentraba y dirigía la energía. Pero todo ello no era nada en comparación con la maravilla que me había traído Aravae.

Estos curiosos artefactos no eran mágicos, no tenían ningún rastro de conjuro alguno, eran pura y mera matemática. Con forma de medallón, tenían una suerte de ruleta en su exterior desde la que accionarse y una de sus superficies parecía cubierta por un cristal que mostraba una esfera graduada con dos saetas. Por lo que me habían comentado, no es que midieran el tiempo como tal, guardando un registro de todos los acontecimientos ocurridos en el cosmos, pero permitía indicar el momento del día en que uno se encontraba y, seguro que, con más técnica, otros puntos temporales. Lo cierto es que, si se lo comentase a un fiel de Labelas Enoret, tengo cierto miedo de que me acusase de herejía, aunque, como Shamaelthalar me había comentado, lo herético no era un concepto propio del culto del Ocaso.

Comencé desmontando ligeramente una de las tapas, estaba francamente bien sujeta, incluso tuve que pedirle herramientas al profesor gnomo artífice de los gólems de la Universidad Myrdon Salesker. Cuando conseguí destaparlo, observé un conjunto de engranajes y ejes de lo más curioso.

No puedo extenderme indicando parte por parte los pasos del descubrimiento, pues prefiero dejar apuntados los mecanismos matemáticos que rigen este asombroso ingenio. Parece ser que la ruleta exterior transmite a través de un eje la rotación a otro eje que, en vertical, activa una carcasa dentada en su lado con una cinta metálica enrollada en su interior que he llamado torbellino de alimentación. Este torbellino se enrolla y, por sus características, busca desenrollarse, haciendo mover la carcasa dentada en dirección contraria. Esta carcasa tiene una segunda superficie dentada que mueve el eje de otra rueda dentada. Esta rueda dentada tiene una circunferencia sesenta veces mayor que el diámetro de su eje dentado y activa el eje de dentado de otro engranaje. Nuevamente se repite esta situación, habiendo tres ruedas dentadas que activan su eje gracias a la energía conservada en la carcasa dentada.

Toda esta transmisión acaba en una rueda con alarmantes dientes, que he llamado rueda de dientes de sable, que golpea sin cesar una especie de ancla conectada a un círculo con pesillos que, en su interior, tiene otro torbellino de cinta metálica, este torbellino lo he llamado de conservación del movimiento. Empero, este torbellino no mueve los engranajes anteriores, todo lo contrario, limita su movimiento. Tal y como me pude dar cuenta tras lanzar el remiendo, esta rueda gira continuamente primero en un sentido hasta frenarse por la fuerza del torbellino y girar en el contrario. Por ello, a esta rueda con pesillos la he llamado rueda de estrellas. El movimiento de la misma es transmitido al ancla por su eje, que tiene un saliente que encaja en una muesca del eje del ancla. Los brazos del ancla, en cambio, limitan el movimiento de la rueda de dientes de sable, frenando la completa transmisión que trae desde el torbellino de alimentación.

Lo cierto es que este artefacto es fascinante y está formado por piezas minúsculas cuya creación tan solo puedo asimilar a la magia o las manos de un artesano tan experto que roza la divinidad. He tenido que usar una lupa para comprobar la mayoría de lo descrito.

Estoy francamente interesado en adquirir uno de estos y espero que Aravae recuerde donde adquirió los suyos. Espero que funcionen a la perfección y Aravae disculpe el retraso…


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Encargo de PJ. Para más información sobre relojes haz click aquí.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 21 Dic 2018, 00:31 
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Capítulo III: Una nueva senda.

Lo cierto es que hacía mucho que lo había solicitado y ya casi parecía llevar camino de olvidarse, pero la naturaleza de un ar’tel’quessir es innegable y connatural a su especie. Fue allí, en los llanos que se extienden frente a la Ciudad de la Moneda donde Oyave decidió interceptarme para comenzar con la prueba final. Tal y como había anunciado Vlara de Telkárar, me convertiría en el aprendiz de Oyave para que el juzgase mi lugar en la Casa de Telkarar.

Efectivamente, habían pasado ya varias lunas desde que solicitase ingresar en dicha casa como un cantárboles más, pero Vlara, quien me recibió ante la presencia de Delom y Anith, decidió ponerme al servicio del Mago Real Oyave. Francamente, los astros del Seldarine parecían haberse alineado, pues ya había solicitado al solar su tutelaje lunas antes.

Oyave se acercó a mi instándome a dejar cuanto estaba haciendo, una interesante conversación con algunos amnianos sobre unas ruinas en la Costa Sur de Amn. Por supuesto, cualquier conversación con un tel’quessir era mucho más relevante que lo que pudiera decir un n’tel’quessir, por lo que, sin vacilar, me despedí de ellos y seguí a Oyave hacia la espesura.

Pronto dejamos los muros de la ciudad atrás mientras la naturaleza desplegaba su esplendor con cada paso. Conforme el bosque nos abrazaba con sus tupidas copas y mullidas alfombras de vegetación, la narración de Oyave tomaba matices cada vez más evidentes: se trataba de una experiencia suya.

En el primer alto, me propuso la primera y más simple de las preguntas “¿Qué harías tu?”. Estaba claro el rigor de la prueba: no solo quería comprobar mis conocimientos, sino además mi ética y mi decisión. La más subjetiva pero más común de las pruebas en cuanto a la enseñanza de magia se refería entre el Pueblo. No obstante, lo que el Mago Real desconocía es que yo ya tuve un maestro y que sus pruebas fueron similares, allá, en el sempiterno Sildëyuir, tan lejano en el tiempo como en la distancia. El hogar… ¿de verdad ayudaba esta decisión a mi pueblo? ¿de verdad la Casa de Telkárar tendría el conocimiento que tanto ansío? No hay Altos Magos en Suldanessalar, los siglos de gloria se perdieron hace mucho para los tel’quessir pero… En el fondo, no era el Alta Magia lo que perseguía, esa ya la teníamos en Sildëyuir y no bastaba, era otra cosa…

Recuerdo mirar a las estrellas cuando estas tribulaciones asaltaron mi cabeza. Quizás, en ese momento, me pareció sentir la Estrella Rutilante destellear durante un momento, como si estuviese siguiendo el camino correcto. Miré a Oyave y le respondí con sinceridad algo velada. Obviamente, no iba a decirle que habría apuñalado a ese viejo y le habría robado todo cuanto tuviese de mi interés antes que ir a hacer un turbio trabajo nada claro en lo alto de unas montañas dominadas por un dragón.

Como era de esperar, mi respuesta satisfizo las expectativas y avanzamos otro trecho remontando las lomas de los Picos de las Nubes. Allí hicimos frente a los trasgos y a otros enemigos menores para después pararnos a descansar en nuestra segunda noche. De nuevo, otra pregunta y otro acierto.

La última de las pruebas llegó a la sombra de los menhires que atribuyo al Imperio Keltomir. Allí, tras habernos encontrado con un campamento Uthgard del que nos ocultamos oportunamente, acerté la última y más intrincada de las preguntas para, finalmente, ser nombrado Aprendiz del Mago Real Oyave de Suldanessalar y recibir un antiguo báculo suyo como honor propio de mi nueva dignidad. Así, recuerdo la seriedad en el rostro de Oyave, la solemnidad propia de los Altos Elfos, tan cercana a la majestuosidad de los Eladrin, cercanía que nuestros pueblos compartían por la gracia de Corellon. En ese momento, rodeados del íntimo esplendor de la magia de nuestro pueblo, no pude por menos que preguntarme qué habría sido de los otros, de tantos tel’quessir que habían perseguido el conocimiento de formas tan dispares, de cuál sería el destino de nuestro pueblo, ¿recuperaríamos nuestro lugar en Faerûn?, ¿acabaríamos todos encerrados en Siempreunidos?

El Weldazh, el Bosque sin Espolio… El Bosque de Yuir, Sildëyuir… el Bosque Alto… Cormanthor… ¿Seguirían siendo seguros para el Pueblo durante los próximos milenios? Lo cierto es que eran dudas que debía apartar inmediatamente de mi cabeza si quería proseguir mi senda. Las dudas y las preguntas no son el camino hacía el éxito en ocasiones. Si bien es cierto, como Oyave siempre insiste, que un arcano siempre debe hacerse preguntas y hacerlas a los demás.

Así, los astros siguieron sonriéndome. Una luna más tarde, entre los muros de la Universidad Myrdon Salesker, el mismo Oyave me sometió a examen público ante las miradas de Madeleine, el hermano Aravae, Drakus y Himrick. De cada fase tan solo fallé una pregunta en cada una y, finalmente, la pequeña prueba práctica que se me planteó la resolví con facilidad. Supongo que fue accidental, quizás no, pero la pregunta sobre la escuela de encantamiento fue una de las que fallé. Precisamente, la escuela que menos me gusta.

Hoy observo el cielo en su ocaso y me pregunto, mientras observo las primeras estrellas y la luna aparecer, si, tomando todas las medidas preventivas adecuadas, un nuevo futuro podría esperar a mi gente aquí, en las Tierras de la Intriga…

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Capturas de pantalla pendientes. Escenas reunidas en un solo relato. Adquirida la condición de mentor y la de aprendiz de Oyave. Adquirida membresía de la Casa de Télkarar.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 21 Abr 2019, 17:28 
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De la gnoseología de los planos y los modelos cosmológicos.

El cosmos, lugar inimaginable pero simulado en la mente de todo erudito que engloba todo cuanto existe y cuanto no existe, ya sea en acto o en potencia.

Lo cierto es que cuando alguien se plantea la realidad del cosmos no tiene por menos que elevar la cabeza al cielo estrellado y observar en un vano intento de discernir, entre el fulgor de las estrellas y la luna, el atisbo de un límite que le dé forma a aquello de lo que todo es inquilino.

El cosmos es, grosso modo, algo tan inconmensurable que excede la capacidad de los mortales. Ni las vidas más largas podrían dar un conocimiento cierto, exacto y completo de lo qué es el cosmos, si se encuentra en algo mayor (el macrocosmos), si tiene principio o final, si se mueve o no se mueve o, incluso, si acaba o empieza…

Al rescate de esta problemática llegan los modelos cosmológicos y el debate en torno a ellos. La razón de dicho debate, ya con visos de eternidad, es el mismo o peor que el de las escuelas de magia. Nuevamente nos encontramos ante puras invenciones del intelecto que sirven para simplificar la realidad o, mejor dicho, para hacerla más digerible. Es decir, nos referimos a meras clasificaciones.

Actualmente, en Faerûn, eruditos de todos los reinos se encuentran inmersos en discutir si el modelo cosmológico del árbol es mejor que el de la rueda. A este respecto se alegan las más variadas razones, desde las más absurdas como que el árbol es un elemento natural de la creación, hasta las más interesantes como que es el único que permite entender ciertas transiciones entre planos que el modelo de la rueda no permite.

Así las cosas, por cuanto soy yo quien escribe estas líneas, conviene centrarse en las razones que hacen del modelo circular el más acertado de todos sin prestar excesiva atención a las menudencias quejicosas de quienes en un único detalle prefieren garabatear una vitela con cientos de líneas enrevesadas y poco útiles.

Siguiendo cuanto recogieron los glosadores netherinos en sus escritos respecto de los Rollos de Netheril y que ya he referido en ocasiones anteriores, “el conocimiento llega mejor por los ojos que por los oídos”, se adjunta al presente escrito un esquema básico del modelo propuesto. Ciertamente, la anterior es una afirmación muy adecuada, pues nos es más fácil y rápido entender un esquema organizado, limpio e intuitivo que leer párrafos enteros describiendo, reiterativamente, procesos genéricos pero cuyo conocimiento es necesario. Es decir, es más fácil entender la naturaleza de los planos en un adecuado esquema que en una lista monótona de sus nombres e influencias.

Conviene, no obstante, advertir al lector novel, que los modelos cosmológicos sirven al único efecto de indicar la naturaleza de los planos, pues todos y cada uno se encuentran influenciados por unas energías determinadas. En tal sentido, debe recordarse que la materia de la que están hechos los planos es la más pura de las energías mágicas. Igualmente, conviene recordar que la magia se encuentra presente en todo cuanto existe con una influencia u otra, con una potencia u otra. Lamentablemente, “la naturaleza del ser” es una cuestión que se tratará al hablar de ciertos artificios arcanos, por lo que sus detalles quedan para dicho escrito.

Los planos, en verdad, no tienen ubicación ninguna. Si viajásemos al plano astral o al etéreo, planos de naturaleza transitiva, y mirásemos alrededor, no conseguiríamos ver los planos ordenados de una forma u otra, no conseguiríamos abstraernos de La Creación como el demiurgo que observa su obra. Lo único que podríamos ver serían diferentes nieblas, algunas de un color, otras de otro, quizás algún esqueleto megalítico, los restos de algún plano segregado. Ruinas, en fin, que navegan a la deriva en entre caóticas tormentas absolutamente destructivas y los peores peligros del cosmos.

Empero, el paisaje de estos planos nos hace plantearnos cuestiones fascinantes pues ambos son planos de fondo pero son diferentes. A este respecto, el plano de la rueda viene a explicar muy fácilmente lo ocurrido. Los planos centrales, los llamados interiores en el plano de la rueda comparten un plano de fondo, el etéreo, por donde caminan fantasmas y espectros. Dicho plano nos permite observar los diferentes planos materiales, es decir, el plano primordial material o intermedio, el plano de sombra o inferior y los planos energéticos que pueden describirse con los puntos cardinales.

Todos estos planos forman un todo común, una unidad, una suerte de núcleo en el modelo cosmológico de la rueda. La razón es muy simple, todos estos planos se encuentran íntimamente relacionados. Sabemos que un cambio en el plano material intermedio podrá afectar al plano material inferior, pues es una suerte de realidad paralela. A este respecto debe decirse que, en el fondo, todos los planos son realidades diferentes pues, en el campo ontológico de las cosas, se puede existir en todos ellos en algún momento determinado, mas no es común que ocurra paralelamente.
En tal sentido, es difícil de probar, por no decir imposible, que los seres existentes en los planos centrales se encuentren replicados, al tamiz de las energías que los gobiernen, simultanea y espontáneamente en el plano de la sombra. Por tanto, en principio, nada obsta a considerarlos planos como tales.

Ciertamente, debe plantearse que, la única manera de considerarlo realidad paralela es abstrayéndolo de su propia relación, es decir, plantear la hipótesis de qué ocurriría si el plano intermedio desapareciese, ¿seguiría existiendo el plano material inferior? La hipótesis es tan impensable que resulta imposible demostrar, empíricamente o por medio de la razón, la autonomía ontológica de dicho plano.

Empero, sí que es cierto, por cuanto consta a este investigador por relato de tercero, que los esquemas generales del plano intermedio se replican en el plano material inferior de una manera u otra. Es conocido, entre quienes primero hicieron frente al Dilema del Jarrón en el Principado de Misnorran que, en el plano sombrío, existe un reflejo exacto de la villa de Edive, encontrándose en la misma una versión sombría de la Universidad Myrdon Salesker donde desviados y degenerados de diversa índole transmiten sus impíos conocimientos.

En cualquier caso, volviendo al tema central de este escrito, el modelo de la rueda debe ser entendido como el mejor de los modelos para entender la cosmología que conocemos. La facilidad que entraña a la hora de entender las energías y características de los planos es muy superior a cualquier otro sistema. Por un lado, al norte, se tiene el bien absoluto, siempre cercano a la luz y a todo cuanto la belleza refiere. Por otro lado, el sur, señala el mal absoluto, cercano a la oscuridad y sus traicioneros seres. Al occidente se encuentra la ley absoluta dado que es donde reside el astro rey, ordenador de las estrellas, los planetas y demás satélites. Al oriente se encuentra el caos absoluto, lugar que abandona el sol cada día, dejando que sus habitantes se entreguen a la anarquía y el desorden cacofónico.

Dadas estas referencias cardinales y teniendo en cuenta que el círculo es la más perfecta de las formas geométricas conocidas, el cosmos se divide en tres círculos cada uno más grande que el anterior. En el centro más interior se encuentran los planos materiales, el primordial material o intermedio y el inferior o de Sombra. En el siguiente círculo superpuesto y concéntrico al anterior se encuentran los planos energéticos, al norte el plano de energía positiva, que coincide con el aire, pues lo que une al cielo con la tierra es el aire; al sur el de energía negativa, que coincide con la tierra, pues la misma es, por sí sola, un elemento estéril; al occidente el agua, cercana a la ley, pues ambas son armonía; y, al oriente el fuego, cercano al caos, pues el desorden caracteriza a ambos.
El siguiente círculo concéntrico lo ocupan los planos exteriores ordenados según los puntos cardinales dados y, tras este círculo, se encuentra la Nada, un vacío cosmológico desconocido y ajeno a la Creación cuya existencia es una suposición necesaria dado el necesario contraste del conocimiento.

A este modelo, el de la Gran Rueda, se objeta que no explica del todo las transiciones de planos, es decir, no explica la utilidad del plano de la sombra, el plano etéreo o el astral. Debe indicarse que, como ya se indicó anteriormente, nuestra realidad es una con varias dimensiones, en la que consta la altura, la anchura y la profundidad, entre otras. Pues bien, debe decirse que este modelo no escapa de la inteligencia propia de nuestro plano. Si se dibujase al través, se podría observarse que los círculos son en verdad esferas y que cada una contiene a la anterior. Por ello, es lógico que del plano etéreo no pueda saltarse al astral, dado que se trata de esferas diferentes y fondos diferentes. Al fin y al cabo, cuando uno llega a una ciudad amurallada, se encuentra en la necesidad de encontrar una puerta para cruzar el muro.

Las esferas o círculos indicados son, precisamente, como los muros de una ciudad pues, aunque si que es cierto que los planos no se encuentran ontológicamente ordenados de una manera concreta, su configuración energética necesariamente será tal que formen un conjunto determinado, siendo así necesario suponer la existencia de barreras que protejan esa forma de ser de otras.

A fortiori, debe indicarse, como ya se dijo al principio de este escrito, que lo verdaderamente útil de un modelo cosmológico no es indicar los caminos entre plano y plano, sino relacionar el juego de energías que los caracteriza pues, en verdad, si se conoce, es accesible, si es accesible, existe y, si existe, es parte del cosmos que lo engloba todo.

Finalmente, dado que la única objeción que se hace a este modelo es referente a transiciones entre planos, poco más puede añadirse de su adecuación que no se haya dicho ya, por lo que no ha lugar a redundar sobre lo mismo. Debe concluirse, pues, que el modelo circular o de la Gran Rueda es el más acertado de todos y, aunque menos popular, el más sencillo de cuantos se puedan idear.

Esta tesis se ha visto modificada por imperativo académico.

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Última edición por Sestum el 23 May 2019, 19:09, editado 1 vez en total
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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 12 May 2019, 18:28 
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Sobre los azotamentes.

La biblioteca de la Casa de Télkarar en Suldanessalar acoge un nuevo papiro enrollado en dos amfolas de marfil tallado.

El cosmos alberga una gran cantidad de criaturas tan variadas y diferentes que sería imposible intentar conocerlas todas. No obstante, con ánimo de ilustrar al erudito y al aventurero sobre las más comunes y peligrosas especies en el plano intermedio, parece adecuado comenzar un bestiario sobre la categoría de ellas más peligrosa: las aberraciones.

Las aberraciones son un conjunto de especies de la más diversa índole, una suerte de cajón de sastre donde encajan todas aquellas criaturas con un común denominador: no encajar en la armonía de los planos interiores.

A este respecto, debe comenzarse indicando una muy abstracta apreciación sobre la organización del cosmos, y es que, en verdad, todo cuanto existe, como ya se indicó en anteriores escritos, goza de una armonía común que lo divide de “lo demás”. Es decir, los planos interiores gozan de una armonía de fondo que genera unas características comunes a la materia que se encierra en ellos. Dicha materia conocerá de otras formas en los planos exteriores y, las mismas, tendrán ciertos denominadores comunes entre sí.

Lo que se debe apuntar, al efecto de este escrito y de esta concreta categoría de criaturas es que existe un mundo más allá de la armonía del cosmos conocido. Una vasta infinidad de desconocimiento que denominamos como El Vacío, la Nada o, como algunos aventuran a decir, el Lejano Reino. Dicho espacio en el cosmos, de creación meramente hipotética, pues bien podría ser la basta infinitud del plano astral, desconoce la armonía de todo aquello cuanto se conoce entendiendo, claro está, la armonía como un orden establecido, un saber hacer, un patrón que moldea la materia de lo que conocemos.

Aunque hipotético, abstracto y de difícil prueba, la concepción de esta armonía y estos denominadores comunes a los seres del cosmos conocido es necesaria para deslindar del resto de especies la de las aberraciones. Verdaderamente, las aberraciones son todos aquellos seres que no podemos encajar en ninguna otra categoría, es decir, es una excepción, un algo residual. Como tal, como excepcionalidad, debe interpretarse de manera restrictiva y, necesariamente, por tanto, entender que las criaturas que engloba no son comunes. Todo esto, aunque de una manera un poco arriesgada, nos lleva a concluir que las aberraciones no pertenecen a ninguno de los planos conocidos y su variedad es tal que parece difícil pensar que provengan de alguno conectado directamente a los planos que conocemos, es decir, un plano alcanzable mediante los planos transitivos conocidos.

Dada la variedad existente en esta categoría, habrá de combinarse la misma con otras categorías ya conocidas para mayor precisión de los términos. Así, debe comenzarse indicando que los azotamentes, también conocidos como ilícidos, son aberraciones humanoides. Es decir, una suerte de seres antropomorfos de aspecto aberrante, es decir, caótico.

Llegados a este punto, debe indicarse al lector que, dado que cuanto conocemos está regido por una armonía, por un orden concreto, cuanto extravague al mismo debe entenderse como caótico, desordenado, carente de lógica y coherencia. Por ello, es común la advertencia de que la observación de El Vacío produciría la locura de quien se acercase a la misma. Algunos religiosos apuntan que los dioses nos crearon finitos e imperfectos, carentes de la capacidad para observar tal espacio hipotético, porque su composición nos llevaría a la extinción.

Los ilícidos, como serán referidos de ahora en adelante los azotamentes, son criaturas de aspecto humano, es decir, antropomorfas, con ciertas características propias de los llamados animales anfibios. Su cabeza, abultada por el cráneo y terminada por su parte delantera en unos largos tentáculos similares a los de un pulpo, alberga orificios para dos ojos, normalmente negros y una sola boca con anillos de dientecillos triangulares. Gozan de cuello articulado, pudiendo rotar la cabeza hasta en medio circulo, no sin esfuerzo, como si de un humano se tratase. Los tentáculos se encuentran articulados y, aun muertas las criaturas, se siguen moviendo como ciertos insectos a los que se les corta la cabeza. Por lo demás, son pocas y mínimas las dignas observaciones que se pueden hacer de sus cuerpos.
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Estos seres parecen recubiertos de un líquido viscoso que, como en ciertos anfibios, parece ser necesario para evitar su deshidratación en la superficie. Este dato parece sugerir que no se tratan de animales terrestres. A este respecto es necesario mencionar que el hábitat común de estos seres es la infraoscuridad y que solo suelen aventurarse en la superficie durante la noche. Cabe deducir, de lo indicado anteriormente, que tal gusto por la nocturnidad puede venir dado por dicha viscosa sustancia que evita su deshidratación, es decir, que una prolongada exposición al sol o cualquier otra fuente de calor, resecaría y abrasaría a estos seres hasta su muerte.

Respecto de sus huesos y órganos internos, es necesario remitirse a escritos detallados al respecto. Este investigador no ha tenido la oportunidad de examinar detalladamente ningún cadáver de estos seres, dado que siempre que ha habido un encuentro con ellos ha sido en plena batalla. No obstante, si es de advertir que gozan de estructura ósea y que la misma es similar a la de cualquier humano.

Los ilícidos son criaturas inteligentes que suelen habitar la infraoscuridad aunque, por definición de su categoría, se admite que son impropios del plano intermedio. Son capaces de comunicarse en un lenguaje articulado, colaborar, asociarse, urdir planes, hacer magia y demás características propias de un ser inteligente y elevado espiritualmente.

Su cultura, por la peligrosidad de los mismos, es ampliamente desconocida, pero se sabe que son ávidos esclavistas con grandes dotes para los poderes que afectan a la mente. Es discutido entre eruditos de toda la Costa de la Espada que estas criaturas sean todas usuarias del Arte, pues no se conoce ninguna que no sea capaz de hacer uso de aptitudes sortílegas. No obstante, si es conocido que algunos son más poderosos que otros y que gozan de poderes diferentes. Algunos eruditos de Noyvern indican que algunos azotamentes son capaces de lanzar el conjuro confusión en masa, mientras que otros afirman que pueden lanzar bolas de fuego, trombas de meteoros e incluso abrir portales interplanarios. De ello, necesariamente debe concluirse la necesidad de una sociedad extremadamente estructurada, la dotación de libre albedrío o incluso ambas.

A este respecto, es común la discusión y la mención a una categoría de capacidades sobrenaturales llamada psiónica, propia del oriente del Mar de las Estrellas Fugaces y de Kara-Tur. Respecto a la misma poco puede decirse. Los eruditos de Thesk la definen como la capacidad de proyectarse a uno mismo en el Cosmos y moldearla a través de la voluntad. En este sentido, parecen coincidir eruditos del Aglarond, de Aguasprofundas y de Candelero. En cualquier caso, lo que si se discute es que la misma haga uso de la Urdimbre como si hacen el Arte y el Poder, es decir, la magia arcana y la invocativa.

Entre los años mil cuatrocientos ochenta y mil cuatrocientos ochenta y tres, del Cómputo de los Valles, y cinco mil trescientos treinta y nueve y cinco mil trescientos cuarenta y dos del calendario netherino, se sucedieron en las Tierras de la Intriga diversos encuentros con azotamentes.

Sin poder alegar fechas concretas, el primero de ellos tuvo lugar por la huida de un grupo de estos seres de la infraoscuridad. Por cuanto se conoce, los ilícidos mandaron a la superficie una serie de criaturas de las que hacen uso como exploradores. Las mismas son llamadas devoradores de intelecto, una suerte de cerebros con patas cuyo peligro es máximo y serán tratados en otro escrito. Las desapariciones acaecidas a orillas del Rio Alandor, en el camino que discurre paralelo al mismo entre Athkaltha y Crimmor, llamaron la atención de la guardia.

Un numeroso grupo de ilícidos, devoradores de intelecto y contempladores, acabaron siendo vencidos, con la inestimable ayuda de Helena, ordenada del Muy Radiante Corazón, cuando se encontraban a punto de asaltar un semiplano cercano. Se contaron numerosas bajas, pero se pudo concluir de este encuentro que los ilícidos son capaces de formar grupos complejos con seres de otras razas igual de aberrantes, bien por dominación o por acuerdo, de los que se sirven para alcanzar objetivos comunes o propios.

Posteriormente al encuentro, se supo que este grupo de ilícidos huía de la infraoscuridad dado que, en su temeridad, habían despertado un antiguo poder que les amenazaba hasta la extinción. Concretamente, bajo las profundidades de las minas de Khazad Gromdal, el tejido planario se había desgarrado conectando la infraoscuridad con una de las capas del infierno. Un poderoso bálor de fuego asomaba sus garras al Plano Intermedio mientras los ilícidos huían tanto del mismo como de los valerosos aventureros que buscaban poner fin a su locura.

Esta sección del relato permite concluir que los ilícidos están ampliamente dotados para la magia y que tienen sentido de la preservación, pues huían de un peligro que despertó mágicamente.

El siguiente encuentro con ilícidos tuvo lugar a las puertas de la Ciudad de la Moneda. Durante el atardecer una tel’quessir fue asaltada a las orillas del Río Alandor, junto a los muros de la ciudad. La misma fue encontrada por quien suscribe estas páginas en el hospital de San Annur, cercano al lugar, gracias al aviso de Anith Sella, sacerdotisa de Sheshaine Lunarco.

La tel’quessir afectada mostraba una desmemoria total sobre su identidad y recordaba vagamente los momentos de su ataque. En concreto, recordaba ser golpeada, tumbada y, posteriormente, unos tentáculos alrededor de su cabeza y unos dientecillos que la mordisquearon. Tras un examen superficial realizado por quien suscribe y dirigido por Oyave Wa Wmilvo, Mago Real de Suldanessalar, se pudo observar que la paciente segregaba una sustancia gris y viscosa por las orejas y la boca.
La paciente, tras detallar algunos sueños que tenía y ayudada por algunos medios mágicos, pudo concentrarse en un vínculo que le permitió observar al ilícido que le había afectado de tal manera y el nexo que los unía.
Por cuanto pudo describir antes de perder la concentración, el ilícido agresor se valía de una gema roja, posiblemente un rubí, por ser la más pura y elevada de las gemas de tal color, para anclar sus memoria y obsérvala de tal manera.
Tras relatar todo lo indicado al Mago Real, se ideó un ritual concreto y determinado por el que romper el nexo y, finalmente, aunque habiendo perdido la memoria, la tel’quessir salvó la vida y se encuentra recuperándose en la Ciudadela de Suldanessalar.

Este relato permite concluir que los ilícidos están ampliamente dotados para la magia y que cuentan con ciertas aptitudes sobrenaturales propias de su extraordinaria naturaleza. En este caso, por lo que se recoge, se certifica que los poderes de estos seres están orientados a la mente y que pueden combinarse con formas de magia mucho más complejas.

Finalmente, el tercero de los encuentros a detallar tiene lugar en el Edive replicado en el Plano de la Sombra o inferior. En cierto momento de este trienio indicado, ocurrió una gran matanza en un pueblo del Principado de Misnorran. Dicha matanza parecía traer causa de un jarrón abandonado que, al ser tocado por una hin de nombre Renatha, transportó, como si de un conjuro contingente se tratara, al grupo entero al Plano de la Sombra.
Comoquiera que fuese la peripecia que estos aventureros corrieron por el indicado plano, los mismos llegaron a la réplica sombría de Edive, donde también se encuentra una universidad de magia con la peculiaridad de que, en vez de estar dirigida por un digno hombre, se encuentra liderada por un ilícido de extraordinario poder arcano, capaz de lanzar geas en masa.

Este encuentro, fugaz y conocido por relato de tercero, permite una conclusión muy importante: los ilícidos no solo existen en el plano intermedio, sino también en otros planos de los Interiores y, bien por su poder, bien por su naturaleza, tienen una gran adaptabilidad a otras condiciones ambientales y energéticas.

Por tanto, puede concluirse que los ilícidos pertenecen a la categoría de aberraciones humanoides y que su naturaleza es tan peligrosa como el poder que pueden llegar a acumular. En el mejor de los casos, exponerlos a territorios al descubierto y lejanos al agua y la humedad es una de las mejores formas de combatirlos siempre, claro está, que primero se protejan las mentes de los contendientes con fuertes custodias.

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 14 May 2019, 16:35 
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El experimento fallido.

Lánguidos, como reptantes arrastrándose por la arena recientemente mojada, los días se sucedían uno tras otro en la Torre de Magia de la orgullosa ciudadela del Pueblo. La excedencia que, tanto maestro como aprendiz, habíamos tomado de nuestras responsabilidades en la universidad, nos había permitido centrar todos nuestros esfuerzos en un único asunto: el experimento que nos iba a permitir refundar los tratados sobre cosmología, recuperar los conocimientos de Aryvandaar, aprender Seldruin en un pestañeo quizás, pero, sobre todo, dotar al Pueblo de aquella gloria que el tiempo y la perfidia de las razas inferiores habían robado.

Uno a uno, los diferentes objetos que habíamos ido acumulando a lo largo de múltiples viajes, compras, expediciones y tratos en las Tierras de la intriga habían sido desmontados, descompuestos, reducidos a su mínimo denominador. Habían sido transmutados, rearmados, encantados con bendiciones forjadas a base de tesón y ensayo. Era común vernos aparecer con baúles animados rebosando de varas, cetros, varitas, espadas y armaduras. Las alforjas de Ellenderwylen solo conocían un llenado absoluto durante algunos ciclos lunares y, en general, no había rincón de nuestras estancias privadas que no hubiese sido llenado con dichos artefactos y sus restos.
De hecho, algunos salvajes, con cierta jocosidad y claro desapego por la labor, comentaban que el solar y el estrellado se habían convertido en los basureros del Bosque y que comenzaban a acumular tantos desperdicios como un dragón rojo en su guarida.

Empero, tras unos cuantos años de mecánico y sistemático trabajo, doce cristales resultaron de su labor. Debían ser doce, única y exclusivamente doce, pues este número representa un patrón que se repite en la naturaleza. El doce puede encontrarse en el curso de algunos de los astros más importantes, en las formas geométricas más básicas que miden el espacio, la profundidad, la altura y algunas otras dimensiones. El doce, es, en general, apelar a una de las estructuras más complejas y perfectas de la creación.

Por ello, un dodecágono, coronado cada uno de sus vértices por uno de los mencionados cristales, envolvía el ritual dividiéndose su espacio en un pentágono y cuatro triángulos que, superpuestos de una determinada manera, sumaban un tridecágono encerrado en el dodecágono. Así, treinta y dos de los vértices de la figura resultante serían coronados con un símbolo a uno de los dioses del Seldarine. De esta forma, llamados todos los símbolos a una fasta armonía, tan solo restaba por depositar, en el centro del mismo, el más perfecto y puro de los elementos: agua pura en un cuenco de cristal y una gran lente encantada.

Ciertamente, fue difícil encontrar un artesano capaz de tales portentos, en Suldanessalar no es común el trabajo del cristal, pero, tras unos viajes a unas cuevas llenas de cristales de cuarzo y varios favores, el cuenco y la lente, de una braza de diámetro cada uno, y media de profundidad el cuenco, fueron terminados. Respecto del agua pura, yo mismo me encargué de destilarla adecuadamente valiéndome del extracto de unas bayas del Claro Mytharan.

El día llegó y auspiciados por la primera luna llena del verano, siguiendo las antiguas profecías, todo cuanto era necesario fue debidamente transportado por los conductos de la magia a la Universidad de Edive. Allí, en su laboratorio, protegido por toneladas de dura y gruesa roca junto con custodias de diversa índole, se congregaron ordenadamente los materiales necesarios.

La noche comenzó a cubrir el Lago Weng cuando los cánticos comenzaron a alzarse en el interior del laboratorio. Todos los profesores habían abandonado la universidad aquel día, algunos habían viajado a visitar a sus familias en el Valle Misnor, otros a comprar algunas cosas a Athkaltha. Tan solo Draconeo y yo permanecíamos en el lugar enlazando las delicadas hebras de la Urdimbre, doblegando el cuerpo de Mystra con el cariño propio del Arte y la delicadeza de un arcanista tel’quessir para que, a la postre, alcanzando la luna llena su cénit, el cosmos se abriese a nuestras demandas y el Conocimiento Antiguo retornase a sus auténticos propietarios: el Pueblo.

Debo decir que, si bien es cierto que las motivaciones de Oyave podían ser otras más poéticas, lo cierto es que la urgencia sobre Sildëyuir era un asunto que no iba a dejar al azar. Si conseguía recuperar retazos de Seldruin que me permitiesen afianzar el semiplano o encontrar un lugar seguro para mi Pueblo, ¡vive Labelas Enoret que lo haría!

Al principio la magia comenzó a acumularse al ritmo de las palabras y los gestos del Mago Real mientras yo, que permanecía fuera del círculo, vigilaba los flujos y los compensaba cuando fuese necesario. En una primera fase, la magia canalizada por Oyave correría por los trazos del dodecágono hasta los cristales, cargándose los mismos antes de que la luna alcanzase su punto álgido.
Así, los cánticos más sencillos comenzaron con un tono calmado, escalas lentas y declinaciones sencillas mientras el fulgor de la energía recorría la parte más básica del ritual como una suerte de cimientos que sustentarían la poderosa magia que se acumularía.

Me quedé observando como los doce cristales comenzaban a cargarse y refulgir. Algunos con un tono más brillante que otros, pero todos, al final, grandes faros de un tono blanquiazul que impedían distinguir bien la figura escarlata de mi maestro. El tintineo de los cristales en sus soportes comenzó como un susurro débil al principio, y, posteriormente, conforme la magia retornaba al círculo para correr por el resto de estructuras, el ruido fue atronador.

Corrí. Iba de un lado a otro conjurando las abjuraciones que debían mantener el delicado equilibrio del ritual. Tan apenas tuve tiempo de observar lo ocurría en la lente, un vendaval golpeó la sala mientras un vórtice se abría frente a una difuminada figura roja.

Los cálculos se cumplieron... Los cristales comenzaron a agitarse con violencia y algunas grietas amenazaban con resquebrajar su estructura hasta la completa destrucción. La tensión era demasiado poderosa. Las filigranas del círculo comenzaban a humear sobrecargadas por la cantidad de magia.
Fue ahí, en ese momento, mientras corría a estabilizar otro de los cristales, estando totalmente sobrepasado por los eventos, cuando un ligero rubor llamó mi atención por el rabillo del ojo. Al principio pareció no ser nada, pero, en cuanto tuve un segundo libre, observé. Era una llama plateada… surgiendo de una grieta en un cristal a unos metros.

Me apresuré en terminar la guardia que estaba realizando, corrí hacia aquella pequeña llama como si huyese de la muerte. No podía creer lo que había visto y, en ese momento, al mirar en derredor, varias llamaradas surgieron de otros cristales, también incluso de algunas filigranas de las improntas geométricas. Dirigí mi vista llena de pavor hacia el interior del círculo. Entre luces potentes distinguí un torbellino de llamas azules, la figura de Oyave en un borrón rojo y argénteo.

Era demasiada tensión, demasiado poder. El círculo y los cristales no podían soportar tanta carga mágica. Quise gritar a mi maestro, alertarle del peligro para que se detuviese y salvase la vida, pero no pude. Un cristal estalló en mil trozos, desestabilizándome su onda expansiva.
Trastabillé, caí hacia atrás apoyándome en mi báculo metálico. Tras él se sucedió otra explosión, luego dos más. El círculo era inestable, era una bomba a punto de estallar. Me llevé la mano a la cara, a mi bello rostro. Un dolor punzante, agudo, se había alojado a lo largo de mi mejilla y parecía atravesarme. Eran cristales. Era el fin de la belleza de mi ser. ¡Era el fin de la armonía!

La furia invadió mi cuerpo. Todo había fallado. La poca frustración que albergaba derivó en rencor y el rencor mutó al momento en odio. Me levanté en medio del caos y, cubierto mi rostro de sangre, impuse el báculo frente a mí en vertical, con firmeza. El sonido armonioso de la vara metálica al golpear el suelo reverberó por la sala y los gritos de Oyave se mezclaron con los de mis conjuros.
Intenté formular las abjuraciones más poderosas que conocía. Intenté desviar toda la magia al báculo con desesperación. Pero, aun así, aun con todo el esfuerzo de que era capaz, tan solo había ganado tiempo. El azote arcano del ritual comenzó a consumir el báculo que permaneció de pie cual guardián inerte. Observé como se calentaba, como sus gemas reventaban y el fuego argénteo lo consumía hasta derretirlo mientras corría en busca de Oyave.

El foco de la tormenta arcana parecía haberse desviado a un nuevo centro. El truco parecía haber funcionado y podía moverme con relativa facilidad por el laboratorio al ofrecer menor resistencia el báculo que yo.
Entonces pisé, y cada pasó crujió bajo mi peso. Corrí, y cada respiración parecía eterna. Alcancé el cuerpo de Oyave inconsciente en el suelo al tiempo que la bóveda crujía mostrando una gran grieta, ¿había muerto antes de enseñarme todo? Miré su cuerpo atónito, de rodillas, en el suelo, sintiendo los cristales clavarse en mi piel a través de la tela de mis pantalones.

Otro gran crujido llamó mi atención. Alcé mi mirada y observé la luz de la luna colarse por la grieta. Era mi oportunidad, tenía que elegir, y entre ser y no ser, yo soy. Decidido, con el ceño fruncido y con el aplomo de quien se siente ultrajado, alargué la mano hasta el cuerpo de Oyave, lo aferré con toda la fuerza que pude y comencé a conjurar nuestra vuelta a Suldanessalar. Las dudas golpeaban mi concentración desde el fondo de mi mente pues era posible que mi magia se consumiese en aquella vorágine y ardiese junto con el resto, junto con Oyave; pero debía intentarlo, pues la vida de cada tel’quessir era un tesoro para el mundo y la mía era la primera de todas.

Los gestos se sucedieron en formas circulares, la magia reverberó turbulenta por mis manos y, mientras el plano intermedio se replegaba alrededor de Oyave y de mí, en tan solo el tiempo que tarda una mariposa en batir sus alas, observé mi báculo estallar y los árboles del Claro del Cisne de la Primavera abrazar el cielo estrellado con la suave brisa que recorre el Weldazh.
La sorpresa invadió las exclamaciones de los centinelas nocturnos del lugar como respuesta a nuestros lastimeros quejidos. Oyave estaba vivo y yo también. Estábamos a salvo, quizás estábamos en el lugar más seguro para cualquier miembro del Pueblo: nuestro hogar.

El siguiente año fue de recuperación. Las heridas de mi rostro sanaron sin mácula, devolviendo la belleza y la armonía a mi ser gracias a los cuidados de amigos y conocidos, pero, respecto de Oyave, la suerte parecía haberse cebado en él. Como si se tratase de un castigo divino, el ritual fallido había robado la cordura de su ser. Fue, precisamente un año después del ritual, que abandoné la Ciudadela dispuesto a seguir mi camino. Debía encontrar la Casa de los Largos Silencios en las profundidades del Bosque de Ardeep, al sur de Aguasprofundas, donde las ruinas del viejo imperio de Illefarn se extendían largo tiempo olvidadas… allí, quizás, si tenía suerte y demostraba pericia, podría encontrar viejas pistas sobre Seldruin y aprovechar los múltiples portales mágicos del antiguo palacio.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 19 Jun 2019, 13:55 
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El bosque de Ardeep.

El trino de los pájaros componía una gentil y armoniosa melodía que acompañaba el viaje bajo las gentiles sombras de los árboles. Era un día especialmente soleado, el cielo refulgía en un azul cian por encima de las verdes hojas. En conjunto, la visión constituía el pleno esplendor de los grandes bosques de la antigüedad. Aquellos árboles que me protegían del sol, que guiaban mi búsqueda y me obsequiaban con la belleza que crecía bajo sus ramas habían visto la locura de las Guerras de la Corona, la destructiva potencia de los Antiguos Imperios, la furia desmedida de una raza superior, rencorosa y brillante tanto en sus luces como en sus sombras.

Me encontraba en el lejano y disminuido bosque de Ardeep, al sur de la metrópolis humana conocida como Aguasprofundas. Aquella urbe de pecado había crecido en medio de la destrucción y las ruinas de algo que ni siquiera eran capaces de comprender. El antiguo imperio y bosque ocupaba esta zona se extendía ininterrumpido hasta las lindes de lo que hoy se llamaba el Bosque Alto. Aquí, en esta parte del mundo, si los escritos consultados en la biblioteca de la Casa de Télkarar eran ciertos, yacían los restos olvidados del Imperio de Illefarn y el Reino de Phlaorn.

Aunque mis conocimientos sobre las ruinas que verdaderamente debían ocupar este lugar no eran del todo acertados por la escasez de información que pude encontrar, lo que sí tenía claro es que en este lugar se encontraba la Casa de los Largos Silencios, un palacio de las épocas de antaño construido por el Pueblo y dotado de una vasta red de portales mágicos cuya técnica podría replicar, cuyos destinos podría explorar en busca de respuesta y, sobre todo, cuyos conocimientos podría recuperar.

La idea era bien simple, cuando los últimos tel’quessir abandonaron este bosque siguiendo la Retirada, dejaron tras de sí poderosos guardianes y balnorns para proteger su legado y sus tumbas. Si todo marchaba como debía, podría llegar a acuerdos con los mismos, una ayuda en respuesta a una petición concreta y determinada. Era posible, por supuesto, que furibundos, trastocados por el paso de los siglos o corruptos, los guardianes se volvieran en mi contra. No obstante, confiaba y confío en la pureza de mi sangre, en la fortaleza de mi raza. Soy y siempre he sido parte del Pueblo y el Pueblo es parte de mí.

Me detuve sobre una gran raíz en medio del bosque mientras tiraba de las riendas de Ellenderwylen. El camino a pie desde Amn hasta aquí me había tomado largo tiempo, pero había merecido la pena. El camino del comercio, al que me incorporé desde las lindes del Bosque del Eldat, comenzó presentando grandes dificultades cuando traté de cruzar la Cordillera de los Picos de las Nubes, pero, tras ello, las grandes planicies del norte, la ciudad de Beregost, Candelero y las orillas de la Costa de la Espada se demostraron mucho más fáciles.

Ciertamente, aunque me cueste aceptarlo, el Camino del Comercio a esta altura de Faerûn es un lugar fascinante, un crisol de culturas lleno de comerciantes y viajeros de todas partes del mundo. A lo largo de estas semanas he observado exquisitos productos de gran calidad, licores y bebidas de la más diversa índole, seres de toda raza cuya virtud no se replicaba como un rancio cliché. He disfrutado de las torpes artes circenses de las razas inferiores, de las historias carentes de ritmo pero con cierto significado, de las comidas más insípidas y de las especias más sabrosas de esta parte del mundo. De hecho, podría decir que he desarrollado cierto gusto por una especia consistente en la corteza de unos arbolillos propios de Kara-Tur cuyo suministro se produce por las rutas comerciales que unen el Camino del Comercio con Puerta del Oeste, en las orillas del Mar de las Estrellas Fugaces. Algunos comerciantes lo llaman canela, canelo o cinamo verdadero. Su sabor es, en parte, parecido al de otra especia llamada vainilla, conocida en otras tierras como fruto de la orquídea, tan solo que el de la canela es más fuerte, tanto que una cucharada solo de dicha especia molida bien fino, sirve para atragantar a cualquier hombre de buen comer, pues no se disuelve en agua como la sal u otras especias, y anega los pulmones causando una tos que puede resultar mortal.


Sumido en mis pensamientos, alerta por los posibles y advertidos depredadores del bosque, me detuve varias veces a observar la flora del lugar. Aquí, como en Sildëyuir, los hongos y algunos líquenes también habían desarrollado cierta luminiscencia, por lo que tomé varias muestras para analizar en un laboratorio cuando tuviera oportunidad. Tenía claro que no podía ser que fuesen parecidos, pues la distancia entre ambos bosques era infinita, de hecho, inconmensurable, pues Sildëyuir es un semiplano afincado en el Feywild y adyacente al plano intermedio. Sea como fuere, tome las muestras por si éste pudiera ser un bosque adecuado como refugio para mi Pueblo, aunque, francamente, la cercanía a la gran ciudad humana sería más un problema que cualquier otra cosa. Mi Gente necesitaba un bosque grande, apartado de humanos y orcos, denso y equilibrado mágicamente, por lo que el Bosque Shimilista parecía mejor opción, no solo por su lejanía de núcleos humanos, sino por su cercanía al Weldazh.


Al cuarto día de transitar el bosque de Ardeep sin ninguna incidencia que no pudiera salvar con un círculo de invisibilidad y paciencia, siguiendo las imágenes que me reportaban los conjuros adivinatorios que usaba para guiarme, con la inestimable ayuda de Kilicia desde los cielos, llegué a un bello claro cuyas lindes eran un claro contraste con la densidad del bosque. Allí, el cielo se forraba con una alfombra de hierba brillante y verde moteada con islas de amapolas, margaritas y gladiolos. En el centro, cual efigie a la que prestar idolatría, se alzaba majestuoso un nogal de, posiblemente, un siglo de edad.

Me detuve sujetando las riendas de Ellenderwylen con la mano izquierda, imponiendo el báculo con la derecha, observando el lugar. La brisa susurraba cancioncillas elementales, el riachuelo que cruzaba el lugar aportaba una sinfonía de tranquilidad inestimable, pero, alrededor, mirase por donde mirase, no asomaban las orejas los conejos, no se frotaban los osos el lomo contra los troncos, ni siquiera los pájaros poblaban las ramas. Tan solo Kilicia ululaba desde lo alto, preguntando sobre el lugar, recibiendo silencio y sospecha de quien escuchase al exótico y desconocido animal.

Recordé los consejos de Shamaelthalar, de mi maestro, que Labelas le brindase su favor, recordé las advertencias de Anith, Delom, Minenyar… La desconfianza anidó en mi ser estrangulando mi corazón de mala manera, sentí como se erizaba el pelo de mi cabeza, como tensaba mis músculos mientras mi caballo permanecía ajeno a tales emociones. Aferré con fuerza mi báculo, hoy apenas una rama carente de excesivo poder. Fue entonces cuando Ellenderwylen dió un par de pasos al frente, dispuesto a comer la hierba del lugar. Él, a diferencia de mí, nunca parecía saciarse con el alimento que brindaba este bosque.

Entonces Kilicia me hizo partícipe de su preocupación, creía haber visto una figura acechando desde las ramas del roble, pero temía acercarse al mismo. El caballo avanzó hasta situarse a unos pasos de mí, ajeno a todo peligro. Yo me mantuve, impertérrito, manteniendo la vigilancia, posando la mano izquierda, ahora libre, en el cuerno élfico que adquirí en Suldanessalar antes de marchar.

El pesado búho real de Sildëyuir tomó altura, no sin esfuerzo, desplazándose a una de las lindes del bosque y, tras alcanzar el cénit de su vuelo, desplegó la completa envergadura de sus alas, planeando en círculos alrededor del nogal mientras descendía hasta rozar con sus garras las amapolas que crecían contrarias a la sombra del gran árbol. Realzando el vuelo con esfuerzo, en una maniobra pesada y magistral, Kilicia clavó sus afiladas garras en una de las ramas y retorció su cabeza observando alrededor, buscando esa figura que creía haber visto.

La curiosidad se encendió en la mente de ambos. Pocos seres habitarían un claro y se esconderían en tal lugar. Ahora bien… si se trataba de una dríada, cuyo poder bien podría doblegarme, lo primordial era saber si su alma se alineaba con el bien o con el mal.

El viento pareció elevarse transportando los aromas de las flores y la primavera en ebullición. Un fuerte estruendo rompió en el horizonte. Alcé la mirada a un cielo que parecía encapotado, gris. En apenas unos minutos de contemplación la tormenta se había adueñado del bosque de Ardeep y Ellenderwylen se encabritaba nervioso.

Sospechando, salí de las sombras de las lindes y me presenté a la altura de mi corcel. El tiempo había cambiado muy rápidamente, pero la inestabilidad de la primavera era común en esta zona de Faerûn. Al segundo, diversos relámpagos iluminaron el lugar haciendo a Ellenderwylen encabritarse mientras Kilicia alertaba de un peligro inminente. Los estruendos llegaron apenas en un suspiro, alertando de la cercanía de la tormenta. Decidido, así las riendas del caballo y tiré de ellas en dirección al nogal, cuyas frondosas ramas darían buen refugio de la lluvia y su grueso tronco cobertura de los vientos del poniente. Tan solo corría el peligro de incendiarse, pero también cabía la posibilidad de que un viejo mythal protegiese el lugar.


Las primeras gotas fueron breve heraldo de la poderosa lluvia que se desató en el lugar. La tormenta había llegado descargando toda la furia de Umberli en el claro. En apenas media hora era imposible divisar las lindes del bosque. Refugiados junto al grueso tronco del nogal, cubiertos del viento y de la lluvia, encajados entre dos raíces que bien me llegarían hasta la cintura, improvisé un pequeño campamento atando las telas de la tienda de campaña que siempre portaba conmigo. En principio, si el temporal duraba hasta el amanecer, el calor de Ellenderwylen sería suficiente para sobrevivir mientras Kilicia vigilaba desde las ramas.

La tormenta parecía amenazar en vendaval, las telas se abultaban y hacían un efecto vela que amenazaba con rasgarlas. Parecía imposible por todos los medios que el campamento fuese a durar mucho más, pero debía resistir, no quería usar magia y crear un refugio permanente que alterase el lugar. Si de verdad era el claro de una dríada y yo era su invitado, tenía que evitar destruir su hogar o cambiarlo de manera tan agresiva. El viento azotaba el nogal por todos lados mientras sus frutos y hojas caían merced del viento. Kilicia se agarraba y batía sus alas para mantener el equilibrio, encogido, ahuecando las alas, caminaba como mejor podía clavando sus garras en la madera hacia las ramas más gruesas y cercanas al tronco.

Tras unas horas, el temporal amainó y todo parecía volver a la normalidad. Ellenderwylen, afectado por un encantamiento básico, mantuvo la calma en todo momento mientras intentaba mantener todo en buen estado. Sin embargo, grandes porciones de provisiones se habían mojado y se arruinarían en unos días. Era necesario cazar, deporte al que jamás había tenido especial predilección.


Despejándose el cielo tras unas cuentas horas, bañado el claro por la luz de Seshaine Lunarco, me permití descansar entre las mojadas raíces tras librar a mi caballo de sus encantamientos. Kilicia, guardián eterno de mi ser, se mantuvo en las ramas hasta que, de repente, invadió mi meditación con alarma. Frente a él, según podía indicar, se encontraba una figura medio árbol y medio élfica.

Me puse en pie deduciendo que se trataba de una dríada e hice lo único que me vino a la cabeza, tocar el cuerno que compré en Suldanessalar. Manoseé entre mis cosas, lo agarré con la mano, tapé los dos agujeros para notas y, tras henchir el pecho con todo el aire que pude acaparar, apreté los labios con torpeza entorno a la boquilla y soplé.

El resultado no pudo ser más desastroso, no solo por la falta de delicadeza al soplar, que hizo que sonase estridente y doloroso, sino porque se encontraba lleno de agua, por lo que acabó sonando como una criatura moribunda. Kilicia me transmitió un peligro inminente, pues por lo visto le iba a tocar. Tiré el cuerno al suelo, alcé la mirada la escuchar las ramas agitarse por el histérico batir de alas del búho antes de verlo volar a gran velocidad hacia el suelo. Ellenderwylen, consciente del revuelo, se levantó relinchando, machacando una de las cantimploras con sus pezuñas y yo, incapaz de reaccionar de otra manera, saqué un pergamino de comprensión idiomática y recité su contenido mientras se consumía en llamas plateadas.

Mis precarios estudios de silvano apenas me aportarían ninguna ayuda al lugar, pero Kilicia volvió, posándose en mis hombreras, ululando trinos de calma, de paz y de respeto, por si la dríada pudiera comprender a los pájaros. Por mi parte, me mantuve mirando el árbol, esperando ver su figura llegar en algún momento.

Observé el tronco con detenimiento, después los alrededores. La luz plateada de la luna bañaba el lugar con un rubor que tan solo acrecentaba su belleza mientras el silencio parecía envolverlo todo. Apareció al rato un conejo de largas orejas, tras él un ciervo, una pequeña pixie, un oso pardo y, finalmente, surgiendo del árbol como quien escapa de una prisión pegajosa, la dríada que regía aquel claro de Ardeep.

A mayor o menor distancia, todos los concurrentes me rodearon quedando inmóviles y en silencio observándome. Yo giré una vuelta entera sobre mí mismo, viendo como habían quedado dispuestos y manteniendo Kilicia la mirada fija en la dríada mientras daba la vuelta. Lo cierto es que sus habilidades connaturales como búho eran de lo más útiles, aunque el peligro fuese una constante en su mente ante estas circunstancias.

Antes justo de terminar de dar la completa vuelta, la dríada intento extender su mano hacia mí, momento en que Kilicia revoloteó inquieto amenazando con irse volando. Yo la observé entonces fijamente siguiendo su cuerpo, su piel de madera y sus ojos amarillos.

-Eres muy valiente viniendo aquí en medio de la tormenta, tel’quessir – dijo ella en un perfecto élfico que me sorprendió.

- Las circunstancias me han empujado a ello. Espero ser bien recibido, guardiana – le dije con tono firme, evitando ser víctima de sus encantos y sus otras magias.

- Los miembros de tu Pueblo suelen respetar el bosque mucho más que los humanos, ogros, trolls y orcos que pueblan estas tierras… ¿Qué te trae a mi claro? – sentí como la dríada clavaba sus ojos en mí, atravesándome con ellos de una manera que me recordaban a la de cierta dragona de plata conocida en Suldanessalar.

- Vengo en búsqueda de conocimiento, de respuestas. Tengo muchas preguntas que resolver en este bosque, pero me he perdido y he acabado aquí – me apoyé en el bastón de madera simple demostrando mi sinceridad abriendo mi postura. Entonces se hizo el silencio y ella me miró de arriba abajo, como evaluándome.

- Conocimiento, respuestas… No pareces un gran buscador si te has perdido intentando llegar a tu destino – volvió a mirarme a los ojos – Dime, tel’quessir, ¿A dónde te diriges? – la miré en un largo silencio, intentando evaluar si se trataba de alguien a quien pudiera confiarle mis intenciones o no.

- Busco unas ruinas de mi pueblo conocidas como La Casa de los Largos Silencios – dije finalmente, al fin y al cabo, poco tenía que perder.

- ¿Y por qué debería confiarte una orientación correcta, caminante? – la dríada me miró fijamente con sus ambarinos ojos - ¿Qué te hace diferente a ti del resto de los aventureros?

-Lo ignoro, no los conocí – le dije con una lógica innegable ante lo que me pareció una pregunta estúpida.

- Sin duda, si lo hicieras tendría que desconfiar de ti – la dríada ladeó la cabeza en un gesto juguetón mirándome con lo que parecía una sonrisa – Entonces, cuéntame ¿qué te hace tan especial que has ganado mi cobijo y ahora pretendes irte antes de que nos divirtamos? – ella dio unos pasos atrás y se quedó mirándome a escaso medio metro.

-Yo porto el poder de las estrellas – dije concentrándome en el poder de mi pueblo y comenzando a brillar con un fulgor cerúleo – Y tanto el bosque como el cielo nocturnal son mis aliados. ¿No es eso suficientemente especial? – le pregunté con una sonrisa irónica mientras la miraba.

- Sin duda lo es… - dijo ella maquillando su admiración – Especial e inusual, aunque suelen ser sinónimos. Yo soy muy especial, como todos mis amigos aquí presentes en el Claro – ella hizo un gesto amplio, refiriéndose a los alrededores. Al momento en que me dispuse a mirar, pude observar que en el Claro ya no estábamos solos, eran cuantiosas las pixies que habían acudido, las sílfides y otras criaturitas feéricas. Lo cierto es que me quedé maravillado de ver tantos animales y seres del bosque juntos. Maravillado y algo desolado por no tener posibilidad de comunicarme con ellos.

- Veo que este Claro es un fuerte enclave del bosque. Me siento seguro en este lugar – le dije tras mirar alrededor.

- Sin duda lo es – afirmó ella con gesto cansado – Pero la fuerza no la hacen los números, sino la sabiduría y la inteligencia – añadió finalmente.

- Tienes toda la razón. La cuestión es… si me ayudarás a encontrar mi destino y me permitirás refugiarme esta noche en tu claro – pregunté temeroso de la respuesta.

- ¿No te vas a quedar? – preguntó ella – La verdad que no me vendría mal un poco de compañía – dijo con un tono sibilino – Sería divertido ¿no te lo parece?

- Podría serlo – dije tras una pausa – Pero yo también tengo un hogar que proteger y una gente que vive en él – le dije mirando al resto de los presentes – No puedo quedarme, aunque me gustase y me guste este claro. Debo marchar – añadí finalmente en tono firme tras una breve pausa para darle cierto dramatismo y solemnidad al discurso.

-Oh… - exclamó con fastidio – Bueno, si es así, entonces no te retendré ¡Pero deberás hacerme un favor! – dijo ella como si la idea acabase de saltarle a la cabeza, yo la miré con cierto desconcierto.

-Cuéntame – comencé diciendo lentamente - ¿De qué se trata? Te escucho – dije con gran sospecha en mi voz, podían ser muchas las cosas que me pidiera y tantas otras las que me dejasen encerrado en aquel lugar de ensueño.

Observé la figura femenina, ella me miraba con unos ojos cuya naturaleza no terminaba de comprender. Los músculos de su cara se tensaron, comenzando a abrir la boca para hablar, su gesto, casi inmóvil, demostraba una confianza absoluta en el entorno cuando, de repente, un sonido rasgó la quietud de la noche. Un sonido amortiguado, húmedo y, a la vez, metálico. Un golpe seco, luego otro, ambos como de hierba aplastándose y crujiendo. El continuo golpear de algo que rueda ladera abajo cuyo contenido es macizo, pero con la sonoridad de un coco.

Fruncí el ceño al notar la sorpresa y el horror en el rostro de la dríada y me giré hacia donde miraba. En apenas un segundo, el claro entero se había revuelto, todos los concurrentes habían entrado en una suerte de caos mientras tambores retumbaban en los límites del bosque. Aullidos y silbidos comenzaron a surcar el aíre, eran jabalinas, largas lanzas propulsadas por los brazos de seres de antaño: trolls.

Los animales se disgregaron al tiempo que la dríada desapareció de mi vista, corrí a tomar refugio entre las raíces del gran árbol mientras buscaba con la mirada mi caballo. Kilicia alzó presto el vuelo, tomando unas alturas que los trolls no podrían alcanzar. Su pesado y silencioso vuelo fue cobertura suficiente para hacernos una idea de la magnitud del problema: estábamos rodeados.

Algunos de los concurrentes se perdieron por las lindes de los bosques presentando batalla contra dichos seres mientras las fatas se arremolinaban entorno al árbol. Poderosas canciones comenzaron a escucharse, a entretejerse con las voces de aquellos seres, uniéndose, momentáneamente, algunos conjuros de invocación y protección que lancé sobre mí mismo.

Alcé la cabeza levemente mientras algunas lanzas se clavaban en la madera con sonoridad, algunas de aquellas bestias ya habían traspasado las lindes y avanzaban su cerco a línea de a uno contra el árbol del centro. Lo cierto es que la táctica era extraña, pero, tras de sí, no parecía quedar rastro de aquellos animales que habían marchado en defensa del claro.

Tan solo dos opciones se pasaron por mi mente, o ésta era su manera de cazar o, por alguna razón, tenían el imperioso deseo de destruir el enclave natural en que se había asentado esta dríada. Cinco segundos, ese era el tiempo que pude dedicar a mis pensamientos antes de que una lanza se clavase frente a mí atravesando mi capa. Roté sobre mí mismo con fuerza rasgando la tela de la capa, de la que tan solo quedaron girones.

Di la vuelta para encarar el claro. Un musculado troll, de ojos oscuros, piel verde y deforme musculatura se acercaba hacía mí con el terrorífico griterío propio de su género. Sus desordenados movimientos eran testigo de la inferioridad de su sangre. No podía dudar demasiado, no podía detenerme a estudiar la ausencia absoluta de belleza en su deformidad, necesitaba reaccionar y, evadiéndome del cansancio y las distracciones, comencé a conjurar un poderoso orbe de ácido que lo paralizase.

La sulfurosa bola de líquido transparente brotó de mis manos saliendo disparada contra el ser. Impacto en su cabeza, haciéndole gemir de dolor y paralizándolo al momento en convulsiones terribles. No me detuve, concatené otro conjuro tras el mismo y la figura de un gran sátiro se materializó a mi lado, señalé al troll y pronuncié una simple palabra, una orden: la muerte. Las flechas comenzaron a sucederse una tras otra y el troll terminó por morir entre saetas cuya estela era de fuego y su contacto incendiario gracias a la magia que imbuí en el arco del sátiro.

Uno a uno, los trolls fueron cayendo bajo el acoso de mi convocado, cuya puntería y mortalidad se veía acrecentada con cada conjuro. Pocos fueron, verdaderamente, los trolls que cayeron por mi propia magia, mas, en verdad, habría sido menos efectivo consumir un conjuro por enemigo que mostrar la furia del bosque en todo su esplendor con tan solo unos pocos.


La reyerta apenas duró unos minutos, pero el destrozo era notable. Los cuerpos de los invasores permanecían en la hierba mientras los supervivientes se aseguraban de que los moribundos dejasen de estarlo. Los cuerpos de algunos animales lucían mutilados y, en general, la alegría y belleza que animaba el lugar se había desvanecido por completo, tornándose en un horror innegable. Empero, urgía comprobar que la dríada y las ninfas se encontrase bien. A lo largo del combate las plantas parecían haber hecho prisioneros a algunos trolls y espinas afiladas y venenosas habían surcado el aire acribillando a los deformes seres.

Apenas había caminado unos metros apartándome de las últimas raíces que había tomado como refugio cuando, dando una vuelta al perímetro del árbol, encontré de nuevo la figura de la dríada. Rodeada de hadas y otros seres feéricos, la mujer mantenía un gesto de cansancio innegable con la mano en el vientre. La observé, ella me miró a mí y, antes de que pudiéramos cruzar ninguna palabra, su figura comenzó a hundirse en la madera de la raíz sobre la que se encontraba.

No hubo ni una sola despedida, ni una palabra de furia o de agradecimiento, tan solo silencio. El último resquicio de su ser había desaparecido cuando Kilicia se posó en una rama cercana y, tras mirar alrededor, observé que el claro había vuelto a recuperar la belleza, la quietud. Los cuerpos permanecían ahí, el sentimiento de la batalla todavía acompañaba mi ser y, quizás, por ello entendí que ese lugar ya nunca volvería a ser tan bello como lo fue.

Mi familiar extendió las alas y retornó a los cielos mientras yo suspiraba de cansancio. Supuse que ya todo había acabado, que por fin podría descansar. Lo cierto es que necesitaba estar quieto un momento, ensoñar, unirme a esa gran canción que nos une a todos los elfos gracias al misticismo de Seshaine Lunarco.

Volví donde había montado mi discreto campamento, ahora rodeado por lanzas clavadas en la madera y la roca. Ellenderwylen se encontraba bien, por suerte había salvado la salud, esquivado las lanzas. Así, volvimos a acurrucarnos entre las nudosas formas de las raíces bajo la sempiterna vigilancia de Kilicia.


Las horas pasaron en un claro totalmente silencioso, no se escucharon grillos, ni pájaros nocturnos. Nada. Parecía que solo estuviéramos nosotros.
El sol comenzaba a despuntar por los límites del claro proyectando alargadas sombras. Aves deformes decoraban el suelo en un esplendor anaranjado acompañado de los trinos mañaneros del bosque.
Todo parecía haber vuelto a la normalidad, como si el bosque hubiese engullido en su infinita potencia los restos de una escaramuza que, aunque corta, fue notoria y desconcertante.

Abrí los ojos al tiempo que Kilicia brotaba su frente contra mi mejilla para despertarme. Al menos, esta vez, sus garras no se me habían clavado a través de la ropa, ni su notorio peso me había aplastado el pecho.

Apenas había abierto los ojos que un crujido llamó mi atención acompañado de un zumbido. Sonaba a madera, madera golpeando contra madera, como si estuviera a punto de astillarse. Miré alrededor por si acaso se me estuviera cayendo una rama encima y fruncí el ceño al encontrarlo.

Una de las muchas lanzas de los trolls, hechas de madera, había mutado. Su cuerpo se había transformado en una rama nudosa de madera clara y veteada, perfectamente pulida, brillante. Tomando formas armónicas, la lanza ahora presentaba inscripciones en espruuar a lo largo de su cuerpo y símbolos extraños en sus nudos. Su cúspide, como si fuese posterior en el tiempo, se componía de una rama retorcida y curva sobre sí misma, de madera más mate y repleta de nudos y huecos, parecía emerger del cuerpo del bastón como un brote verde en la tierra seca. Empero, no era este detalle lo más fascinante. Entre los nudos y huecos de esta parte unos curiosos escarabajos de forma acampanada correteaban por la madera. Intenté hacer sombra con la mano para verlos mejor y, entonces, observé como la forma acampanada de sus cuerpos tomaba cierto rubor brillante: eran luciérnagas.

Me aparté intrigado y miré alrededor. Aquello era muy extraño, la lanza se había convertido en una vara de la cual crecían dos flores y albergaba un nido de luciérnagas. Fruncí el ceño y lancé un sencillo conjuro adivinatorio. Cerré los ojos para concentrarme en el conjuro, pude sentir la magia del lugar, diferentes fuerzas en derredor, pero, sobre todo, centrándome en la vara, una sutil aura procedía de ella. Volví a conjurar, esta vez un conjuro un poco más poderoso, sentí la identidad de la vara. Antes de ser vara, fue lanza, y antes de ser lanza, fue un nogal. Volví a concentrarme, insatisfecho con la poca información y lancé un conjuro aún más poderoso. Abrí los ojos tras pronunciar las palabras y observé el color de las auras que me rodeaban.

El mundo se cubrió de una diversidad de colores y luces que lo tintaban todo. A mi alrededor el morado, el verde y el azul eran constantes, pero, principalmente, un color lila, un tanto purpúreo, recubría y envolvía con sutilidad la vara nudosa de madera. Lo que fuera que lo transformó ya había sido consumido y un leve palpitar hacía que se mantuviese un encanto sobre las luciérnagas y la vara.

Sonreí levemente, lo cierto es que la belleza del artefacto era grande. Alargué la mano para acariciar su superficie y, justo cuando iba a tocarlo, la madera crujió, cayendo la vara la suelo, siendo seguida, cual estela, por las luciérnagas de la cúspide. Lo recogí sin dudarlo, temiendo que se hubiera roto. Miré alrededor, aguardé esperando unas palabras, hasta pregunté si la dríada seguía ahí…. La nada fue mi respuesta, tan solo el silencio me recibió.

Suspiré con desazón, una vez más tendría que seguir el camino gracias a Kilicia y a mi magia. Así que me encaré hacia el sol, recordé como mejor pude las indicaciones que tenía que seguir, usé danza circular con un péndulo de cuarzo y plata, recogí mis cosas y reemprendí la marcha hacia las ruinas de la Casa de los Largos Silencios.

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

Anne Bross - Marinera - Brynn Ley, Athkaltha, Crimmor.

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 Asunto: Re: La gran exploración.
NotaPublicado: 19 Ago 2019, 17:33 
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Sobre los contempladores o tiranos del ojo.

Los contempladores son, a buen seguro, una de las razas mayores de aberraciones más peligrosa, destructiva de cuantas existen y, definitivamente, son la raza más famosa de todos ellos. Junto con aboleths e ilícidos, los contempladores constituyen la segunda pata de esta triada exógena a la armonía de nuestro sistema que compone el cajón de sastre que son las aberraciones.

Los contempladores pertenecen a la subespecie de aberraciones monstruosas pues, a pesar de sus ojos, su anatomía no tiene nada que ver con la de un humanoide, un animal o cualquier otro ser que nos podamos imaginar.

A este respecto, debe señalarse, que la información aquí contenida fue obtenida durante la disección de uno de estos seres en la Universidad Myrdon Salesker, cuerpo donado por Saliant Colt, paladín del Alba Argéntea. En la disección participaron diversos alumnos, entre ellos el tel’quessir Arthal, bajo la dirección del Maestro Draconeo y siendo yo mentor. El cuerpo fue mantenido con un conjuro de apacible descanso para evitar el deterioro de la podredumbre.

Hablar de contempladores implica hablar de sus ojos. Según las referencias de algunos autores al Codex Anathema, la mayoría tienen la apariencia una esfera de carne cuya piel es dura como el acero y, en cuyo centro, constituyendo la cara de la criatura, se encuentra un gran ojo que ocupa la mayor parte del círculo. Este ojo no es el único de estas criaturas, pues, coronando diversos tentáculos, se encuentran otros tantos ojos mucho más pequeños.
Todos y cada uno de estos ojos tienen aptitudes sobrenaturales claramente mágicas y pueden ser usados simultáneamente. Además, los contempladores tienen una gran boca rodeada de afilados dientes inclinados hacia el interior, perfectos para desgarrar y arrancar carne.

Bajo su piel puede encontrarse su esqueleto o, más bien, su exoesqueleto. Como cabría esperar, se trata de un cráneo gigante, por lo que cumple con lo que promete.
Respecto de sus órganos internos, a primera vista son relativamente lógicos. Quiere decir esta afirmación que se encuentran dentro de las funcionalidades que cualquiera encontraría en un ser de este plano. Hay pulmones, estómago, intestino, cerebro… no obstante, los mismos están dotados de una complejidad, unos colores y unas formas extrañas que desafían el intelecto de cualquiera.

Lo primero que debe mencionarse sobre los mismos es, como muchos sabios de Faerûn indican, que los órganos de los contempladores flotan incluso después de muertos, como si la levitación fuese parte de su naturaleza. En tal sentido, debe indicarse que, de ser así, y al no tener alas, un contemplador se mueve gracias al aire que expulsa por ciertos orificios que le rodean. Esta es una idea popular aunque, como es lógico por el comportamiento de estos seres, con poca base empírica.

Como dato curioso de su sistema digestivo, puede indicarse que los deshechos del mismo se expulsan por su boca, concretamente, en un constante goteo de una sustancia líquida y apestosa. Por lo demás, este sistema parece conectado de alguna manera con los pulmones y con el resto del cuerpo a través de vasos sanguíneos como los de cualquier otro mamífero.

Se sabe que se reproducen, que no tienen género, que respiran aire y que solo son fértiles una vez en la vida. Pero, sobretodo, se sabe que su cuerpo está preparado naturalmente para acumular energía mágica que luego utilizar en sus terribles ataques de rayo, los cuales manan de sus múltiples ojos.

Sus ojos son el tema que más páginas ocupa entre los sabios de Faerûn. Como tantos otros estudios sobre estos seres, los ojos menores deben separarse del ojo central, pues cumplen funciones diferentes. Nótese que, al ser éstos los grandes órganos sensitivos del contemplador, cabe deducir que la vista, el olfato, el gusto, el oído y el tacto son capacidades meramente testimoniales o suficientes en el caso del oído.

El ojo central de los contempladores es mucho más duro de lo que cabría esperar, algo lógico si observamos la gran superficie que ocupa. El iris ocupa gran parte de la superficie del globo ocular y puede adoptar la forma que deseen los contempladores dado que se encuentra fraccionado en diferentes piezas móviles. Lo más fascinante de estos ojos centrales es que no tienen una única lente como podría encontrarse en otros seres, si no todo un grupo de las mismas que se mueven de diferente manera llegando a actuar de forma similar a la de un artilugio llamado catalejo. Es por ello que los contempladores pueden ver detalles minúsculos a grandes distancias. Hasta donde pudimos observar, cada lente es diferente en forma y tamaño y, por lo que refieren algunos otros sabios, son capaces de moverse de manera independiente.

También, debe destacarse que, gracias al movimiento de estas lentes y del iris,así como de la energía mágica acumulada en algunos órganos internos del contemplador, estos seres son capaces de disparar sus mortales rayos. Estos órganos son llamados por la mejor doctrina como evocularios y hacen la función de acumular y transmitir energía mágica, luz y cierto movimiento. Debe señalarse que este ojo central tiene la habilidad de absorber magia, mecanismo por el cual cargan sus evocularios para después lanzar sus ataques de rayo.
El resto de ojos, es decir, los ojos menores, también sirven para ver y lanzar sus peligrosos poderes. Los mismos siguen la misma anatomía que el central pero a menor escala.

Respecto a su cerebro, se dice que está dividido en tres partes. Por un lado, se tiene un lóbulo racional, frío y categórico y, por otro lado, un lóbulo emocional, intuitivo y desorganizado. Es común acuerdo entre los mayores sabios de esta parte del mundo que el conflicto generado por ambos lóbulos produce una intensa locura en estos seres, traduciéndose en comportamientos que entendemos como paranoicos y profundamente xenófobos, pues también se odian entre ellos.

Se dice que pueden llegar a vivir hasta medio milenio pero, dado su atropeyado pensamiento y su ausencia absoluta por la conciencia de grupo, los contempladores tienen una vida corta y marcada por la dominación y destrucción de otros seres.

Debe indicarse que los contempladores son capaces de organizarse en grupos de varios pero, a pesar de lo que pudiera uno esperar, son incapaces de hacerlo por una bondad asociativa específica. Todo lo contrario. Los contempladores no se unen, sino que, en los estrictos términos de la palabra, se encuentran sometidos a un ser superior que, salvo alguna excepción rocambolesca, será siempre un contemplador de una subraza superior.

Así, deben indicarse cuales son las variantes de contemplador a las que uno puede enfrentarse y sus habilidades principales.

Lo mas perfectos de todos los contempladores, cosa que nunca admitirán ellos pues se odian y desprecian entre si, son los Orbes Ancianos. Estos peculiares contempladores están dotados de una gran longevidad y, se dice que, encarnan la pureza racial de la Gran Madre, una suerte de entidad cuasidivina de la que parecen haber tenido origen todos los contempladores. Son pocos los sabios que han conseguido enfrentarse a un de estos, pero es común a todos ellos afirmar que son capaces de conjurar siempre que mantengan su ojo central cerrado.

Algunos de los contempladores mas peligrosos y poderosos son las Madres de Colmena. Lejos de lo que pudiera uno pensar, estos seres son también de género neutro y son los responsables de la organización de varios contempladores en un grupos organizados con un mismo objetivo. Algunos de estos grupos son tan numerosos que forman extrañas ciudades.

Tiranos de la muerte fue la subraza de contempladores que hizo que saltaran las alarmas en todo el Misnorran. Estos seres son similares a los liches, es decir, contempladores que retienen todas sus habilidades y peligros como tales que, al abrazar la no muerte, ganan además todos los peligros y peculiaridades de los no muertos. Estos seres son considerados horrores por el resto de contempladores y fue la razón de que el problema cerca de Purskull fuese tan grave, pues una Madre de Colmena estaba creando un ejército de Tiranos de la Muerte, lo que podía acabar resultando en una necrópolis de insepultos entera marchando sobre el Lago Weng.

La Prole de Contemplador son una suerte de seres cercanos a la raza de que tratan estas líneas pero sin llegar a su auténtica magnificencia. Es decir, no son auténticos contempladores. Son considerados abominaciones al ser una raza inferior pero, lógicamente, a nuestros ojos, son una subraza más de contempladores e igualmente peligrosa. La prole de los contempladores no se encuentra tan enloquecida por el odio y la paranoia que caracteriza a sus superiores y se dividen a su vez en un buen grupo de diferentes seres. A valor meramente enumerativo se llaman:

Beso de la muerte, en lugar de ojos tienen tentáculos que absorben la sangre.

Directores, son parte de una colmena de contempladores y asisten a una Madre de Colmena o un supervisor en sus funciones.

Ojo de las profundidades, es una variación acuática de los contempladores.

Globo ocular, suelen ser adoptados como familiares de algunos magos o hechiceros. Nunca hay que fiarse de quien los tome en tal calidad, con toda seguridad será un degenerado part de algún culto que les rinde pleitesía.

Gauth, el más común de toda la prole de contemplador. Tiene seis ojos menores y un ojo central capaz de atontar.

Evaluadores, sus ojos menores no tienen poder mágico alguno. Su ojo central mantiene todos sus poderes. Tienen piernas.

Supervisores, es el más peligroso de toda la Prole de Contemplador, rivalizando su poder con el de una Madre de Colmena. Dirige grupos menores de otros miembros de su subraza aunque nunca otro supervisor.

Espectadores, se trata de miembros extraplanares de esta subraza. Se dice que pueden ser amistosos.

Finalmente cabe hablar de los contempladores y el uso de la magia arcana. A este respecto debe decirse que los contempladores no tienen manos y que su ojo central es capaz de absorber cualquier magia que observen. En tal sentido, algunos de estos seres han conseguido imitar el componente somático de los conjuros usando sus tentáculos coronados por ojos, pero, respecto del ojo central, la solución que parecen haber encontrado es mucho mas drástica pues, estos contempladores, sacrifican su ojo centran mediante rituales desconocidos, dejando su ojo en un estado que, si no es de muerte, es prácticamente similar al mismo.

Por lo demás, cabe destacar que el mayor de los odios los guardan para su propia especie, es decir, otros contempladores y la prole de estos. Es conocido que hablan el común a la perfección y que tienen un idioma propio. Algunos eruditos indican que existen contempladores que no están locos y, ciertamente, es lógico pensar que alguno podrá haberse salvado de su propia naturaleza, pero, en cualquier caso, la prudencia es el mejor consejo a seguir.

Esta es la segunda de las razas mayores de aberraciones parte de este estudio, habrá de continuarse con los aboleths y seguir con las razas menores.

Eliandor Asdrolendel, Tyeelam tel'Lorlendil, Tel'Télkarar, Akh'Faern tel'Suldanessalar, mentor y bibliotecario de la Universidad Myrdon Salesker.

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril tel'Télkarar - Mago - Akh'faerna del Naur'ess - Maestro de Adivinación en la Universidad Myrdon Salesker - Weldath, Edive, Valle Minsor.

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