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 Asunto: Alxea Durtor
NotaPublicado: 20 Sep 2021, 20:28 
Cuenta secreta evidente
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Registrado: 05 Sep 2021, 15:43
Mensajes: 5
Edad: 35
Nombre : Alxea
Apellido: Durtor
Edad: 20 años
Lugar de nacimiento: Ciudadela Adbar.
Linaje: Enano escudo, Errante.
Altura: 1.4m
Peso: 72kg
Idiomas: Común y Enano.
Deidad: Gond.

Aspecto físico

Una enana joven con los ojos color miel y el pelo pelirrojo, en las trenzas lleva anillos con decoraciones en forma de ruedas de madera.
Tiene una gran nariz con pecas rojas y marrones, de complexión fuerte y robusta, de altura un poco más alta de lo normal.
Lleva una cicatriz de quemadura que le ocupa la mejilla izquierda que le hace ser aún menos agraciada de lo que es.
Su ropa y armadura la encontrarás sucia y descuidada, en sus manos siempre tiene pequeños moratones, pequeños cortes, pequeñas heridas y algún dedo vendado.


Historia

- No puedes, es demasiado peligroso.
- Pero padre, ya tengo una edad para decidir que debo hacer.
- He dicho que no!
- Pero no entiendes que no es solo por mí?!
Dentro de la familia existía ya una rutina creada por la discusión y la guerra entre dos bandos, cada bando formado por una sola persona. Tanto su padre cómo ella se negaban a entender la postura que se encontraba delante de su mismo espejo.
Alxea heredó gran parte del carácter, el mal carácter, de su padre, mientras su madre se resignaba a un segundo puesto donde su única opción era la resignación de ver el deterioro de la familia, aunque no siempre fue así. Aún tenia recuerdos de cuando Alxea era pequeña y le gustaba pasar el tiempo en la herrería de su padre, creando pequeños juguetes con las virutas de metal. Su padre, Tropnik Durtor, que siempre había sido un herrero respetado en la ciudadela de Adbar, no pasaba su mejor momento en los tiempos modernos donde otros herreros más jóvenes e innovadores trabajaban sin tregua y con unos conocimientos que les permitían crear material único.
Alxea ya empezaba a ser una enana con decisiones y pensamiento propio y sabía que su padre no podría aguantar el peso de la familia solo.
- No puedes irte sin más, tienes que atender la casa, tu madre no se encuentra bien.
Era la frase que más repetía su padre, sin embargo Alxea no se conformaba, seguía queriendo aprender nuevas técnicas de herrería y llegar a ser una de las mejores herreras de su tierra para ganarse la vida y ayudar a su familia. Sin embargo, mantener a su familia no era un trabajo fácil, eran 7 hermanos, y Alxea era la mayor.
- Salir de la ciudadela y adentrarse en las tierras extranjeras es peligroso, nunca hemos salido de la Marca y tú deberías hacer lo mismo. ¡Por Gond que tengo razón!
- Padre, si seguimos así pronto no podremos pagar ni el metal para seguir fabricando, y si no podemos pagar el metal pronto estaremos en bancarrota!
A pesar de que su padre sabía que tenia razón, Tropnik Durtor se negaba a que su hija saliera a buscarse la vida más allá de la Ciudadela Adbar. Muchos habían hecho lo mismo y no habían vuelto.
- Los caminos son seguros y las caravanas pasan a menudo, llegaré de una pieza y así os haría llegar algunas monedas cada cierto tiempo para que podáis vivir mejor.
- De momento estamos bien, tu hermano Gimpli está aprendiendo también el oficio y pronto podrá ayudarnos con trabajos más difíciles.
- Padre, Gimbli tiene 16 años y con el martillo todavía se da más en la mano que al hierro.


Alxea se pasaba muchas horas en la mina y luego en la fundición para poder llevar un metal menos encarecido, ya que comprarlo a los mineros salía caro desde que nuevas herrerías habían subido la demanda. Se pasaba el día trabajando en la herrería para irse de noche a la mina y extraer el metal cuando nadie molestaba.
- Ahibó camarada Alxea, de nuevo haciendo horas nocturnas? Tu Padre estará orgulloso.
- Hola, Tedrik, mi padre está de todo menos orgulloso de mí.
- Que lástima, pocas enanas trabajan tan duro como tú, eso se ve a la legua.
- Quizá tengas razón, que vaya bien el turno Tedrik.
El sonoro ruido de un solo pico en la mina resonaba igual que las otras noches, el sudor que caía de las manos al mango ya hacía años que había creado los callos que hoy aguantaban antes de resbalarse.
- Ya está, este es el último que puedo cargar.
Se dirigió a la fundición común de la ciudadela, descargó las pepitas que había conseguido con esfuerzo y se puso los guantes. Piedra tras piedra, sacaba el lingote, las horas pasaron y pronto llego el cansancio unido al sueño, su vista se nubló por un momento.
- Que te pasa Alxea?.
Se dijo a sí misma mientras se sujetaba la frente con la mano.
- Aún te quedan mucho por hacer.
Pronto, el pequeño mareo se transformó en un continuado vaivén, como el de un barco, todo se puso negro.
- Se lo dije, se lo dije mil veces, por las barbas del demonio!
- Ya sabes que ella solo quiere ayudar, no seas tan duro.
Oía hablar, reconocía la voz de su Padre y la de su Madre, también alguna otra menos familiar, poco a poco empezó a abrir los ojos y en medio de una bruma pasajera se mostraron las caras conocidas de sus familiares.
- Donde estoy? Que ha pasado?
Dijo balbuceando Alxea.
- Estás en casa, en tu cama y estás viva de milagro.
Dijo tajante su Padre.
- Tuviste un accidente... y te desmayaste de agotamiento encima de la fundidora.
Dijo su Madre entre toses y con su voz débil.
- Cómo? Un accidente? Pero si no recuerdo nada.
Miró a su alrededor y vio que efectivamente se encontraba en su cama, tapada con una manta cálida y con su camisón. Notó que algo le molestaba en la parte izquierda de su cara, levantó la mano para tocarse la cara, pero su Padre se lo impedió cogiéndole la muñeca.- No te toques el ungüento. El herbolario ha dicho que debe secarse y no tocarlo hasta que se caiga solo.
- Pero, que tengo en la cara?
Dijo Alxea con cierta preocupación.
- Tranquila, no es nada, se te quemó la cara con el mineral que había en la fundidora, pero no es nada, ahora estás bien.
Musitó su Madre con su hilo de voz.
- Un poco más y te quemas ese trozo de mithril duro que tienes por cabeza!
- Ya basta, no fue su culpa.
Dijo su Madre con un tono demasiado alto de lo que le permitía su enfermedad, lo que le hizo toser cómo un perro durante un buen rato.
Alxea nunca fue una enana agraciada, pocas habían que lo fueran realmente, pero al curársele la herida y despegarse el ungüento vio como el fuego había deformado la mitad de su cara, dejando la mejilla izquierda como un trozo de carne picada. Por suerte, ella sabía que su belleza no era la fuente de su verdadera pasión, la herrería.



Preparaba sus herramientas cada día, pero aquel día era distinto, por fin se había decidido, aquel martillo sonaría sobre un nuevo yunque.
- Bueno, es el día.
Decía Alxea a su madre con una mochila llena de pertrechos para un largo viaje y con algunas de sus herramientas.
- Estás segura?
Dijo su madre con una cara de preocupación ya conocida.
Alxea asintió con el cansancio de la repetición.
- Ya te lo he dicho madre, estoy decidida desde hace tiempo, además, no tengo otra opción.
- Ya sabes cómo es padre, no vendrá a despedirse, está trabajando en la herrería.
- No le excuses Madre, sabemos tanto tú como yo que padre no viene porque es un estoico y un cabezota.
Su Madre sonríe de forma cansada.
- Igual que tú...
Alxea le devuelve la sonrisa y le da un beso en la mejilla.
- Enviaré una carta con las caravanas que vengan al norte en cuanto llegué a algún lugar que me paguen bien por mi trabajo.
Su Madre asiente, volviendo a su cara de preocupación.
- Llevas la comida y ropa que te preparé?
- Claro Madre, lo tengo todo, no me he dejado nada.
- Junto a la ropa tienes una bolsa pequeña con algunas monedas que he podido ahorrar realizando algunos trabajos de costura que pude hacer a escondidas, también he fabricado una pequeña honda para que practiques en el viaje, te será útil para cazar si no encuentras comida.
Alxea la miro un tanto preocupada.
- Pero Madre, no deberías haberlo hecho.
- No te preocupes, estoy bien, preocúpate de llegar sana y salva.
Alxea le dio un último abrazo a su madre, un abrazo que podría haber durado eternamente.
Se despidió de sus hermanos pequeños, que tan pronto como arranco el carro que se dirigía hacia el sur, salieron corriendo tras ella enviándole besos y diciéndole adiós efusivamente con las manos.
Un largo trecho había recorrido, el carro llevaba un rato balanceándose, pensó si estaba haciendo lo correcto, o si su padre tendría razón.
- Debería volver?
Pensaba dándole vueltas a las frases de su Padre.
- Igual Padre tenía razón.
Justo cuando se levanto para bajarse del carro apareció Gimpli corriendo subido a un buey de carga de la mina.
- Pare el carro!
El enano joven llegó apresurado con llevando algo bajo el brazo, el carro paró en seco.
- Es de Padre, me ha dicho que te lo dé.
Gimpli le dio con las dos manos un paquete enrollado con una tela, después se despidió de su hermana con un fuerte abrazo.
- Cuídate hermana, y mata muchos orcos!.
Le golpeó el hombro con el puño y soltando una pequeña risa se subió al buey y dio media vuelta hacia la ciudadela.
El carro comenzó de nuevo a pisar las piedras en su baile de vaivén. Alxea miró curiosa la tela del paquete que le ocupaba las dos manos, finalmente se decidió a abrir lentamente la primera ala de la tela para descubrir una pequeña nota:
"Intenta que no te maten. Aquí tienes algo para impedirlo. Recuerda que es de tu abuelo."
Reconoció la caligrafía de su padre en aquel papel, dejando la nota a un lado decidió desplegar la otra ala, al desplegarla apareció una vieja pero reluciente hacha, al verla recordó las historias que le contaba su padre de pequeña, donde el protagonista era Torimk Durtor, él "Descabeza orcos", o más conocido por ella como su abuelo, era el hacha de las historias. Sonrió de oreja a oreja y se puso de pie con el hacha sujetada con las dos manos, blandiéndola de un lado a otro la clavó en un mal gesto en el carro.

Imagen


Mucho tiempo estuvo viajando de caravana en caravana, mucho tiempo en carreteras, por suerte no se aburrió, no tenía mucho en que trabajar en el viaje, pero practicó con el hacha para saber defenderse y cazó algunos tejones con la honda para no pasar hambre, los compañeros de viaje de las caravanas le enseñaron trucos de como cogerla, golpear, empujar, y derribar con ella. En alguna ocasión tuvo que defender la caravana como los demás viajantes de un asalto de bandidos o trasgos.
Y finalmente, llegó a las tierras de Amn, preguntó por las tabernas de Athkatla por trabajo para ella, tras dar vueltas y probar en distinos sitios por fin encontró Kazhad Grömdal.
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