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 Asunto: Lo que extraño de mi hogar
NotaPublicado: 23 Jun 2015, 03:19 
Mozo del puerto en calzones
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Una carta está ardiendo en la chimenea de una sala de estar perteneciente a una lujosa hacienda situada en el centro de Suzail, capital de Cormyr, elegantemente amueblada. Las cortinas bordadas en finas y caras telas muestran acabados dorados, tejidos con la maña de alguna experimentada sirvienta, probablemente de dedos ágiles y finos, dados a la música, las tareas minuciosas y los amores deshonestos. El hombre que las observa ahora, caballero canoso de tan excelsa fama como vestiduras, sostiene con innecesaria fuerza una copa de vino que estalla en mil pedazos.

La carta que nunca nadie más leerá dice así:

Le comprendo, hombrecillo. Debería llamaros Padre, pero no lo haré: al fin y al cabo lo único que heredé de vos es la pasión por el vino. El resto es cosecha propia y legado de la bella sirvienta elfa con la que engendrasteis a este bastardo. Os habría recomendado, si hubiera tenido voz antes de nacer, que dirigierais vuestras concupiscencias hacia mujeres de vuestra misma raza y condición si lo que pretendíais era preservar la buena fama de la familia Hawklin: el asesinato y los bastardos siempre dejan la incómoda huella de sus autores. Una huella, sin embargo, que no podréis borrar mientras siga vivo. Debisteis redimir vuestros pecados tratando a vuestro bastardo como a un hijo legítimo, evitando que recorriera las callejuelas de Suzail desde su infancia conociendo a los rufianes y prostitutas con los que un hombre de su supuesta posición social y limpia conciencia no debería tratar.

¿Os incomoda lo que escribo? Mi humilde juicio supone que sí, pues es cada vez más evidente que lo supe todo mucho antes de que una daga mercenaria vertiera mi sangre mestiza con la de mi preciosa madre, la que me trató como vos: un potencial peligro para su integridad y posición. Debo admitir que aún siento satisfacción al saber que sus planes para escalar en la podrida casta de noble de Suzail en busca de migajas de poder se vean en entredicho a causa de mi mera existencia. ¿De veras no sabéis que los ágiles dedos del hijo mestizo de una pianista capaz de bordar esos detalles en las cortinas pueden ser tan peligrosos como una daga en la oscuridad? Deberíais mejorar la seguridad de los almacenes en los que me colaba de pequeño junto con otros huérfanos y despojos sociales, las pagas de los borrachuzos guardas de vuestras propiedades y la complejidad de las cerraduras de sus aposentos y dependencias personales. Ya de paso, debería mencionar que el resorte encargado de salpicar ácido a la cara del que abriera indebidamente su cámara de seguridad estaba tan oxidado que no me hizo falta ni desmontarlo. Ojalá hubierais tenido tiempo para preguntarme acerca de dónde aprendí a hacer todo eso, en vez de plantearos cuantas cosas sobre vos me explicó mi madre y cuanto perjudicaría eso a sus planes de grandeza en la batalla de intrigas y engaños en la que las casas nobiliarias están inmersas. No admitiré excusa alguna: vos atacasteis primero involucrándome en el asesinato de mi propia madre y encerrándome en las prisiones de la guardia a la espera de juicio y probable sentencia de muerte. Es paradójico que tenga más amigos que vos en una institución que vos mismo financiáis. Os recordaré algo que vos me enseñasteis: el oro no hace amigos, sólo mercenarios.

Ahora me dirijo a un lugar indeterminado; podría ser el norte, Amn (recuerdo que teníais un rival en la ciudad de la moneda) o el granero donde solía amar a la hija del panadero. Pero mi paradero os importa sólo en la medida en la que revele el lugar donde guardo a buen recaudo todos los documentos que acreditan todas las leyes que quebrantó, los asesinatos de los que sois responsable y la malversación de bienes que os ha llevado a vuestra actual posición. Embarazoso ¿Verdad? No os preocupéis, tarde o temprano volveré a por lo único que echo en falta de mi hogar: el añejo Cormyta cosecha de 1230 que guardáis junto a las pocas monedas que pude tomar de vuestros aposentos personales. Es el único compañero de camino que echo en falta: cargar con todas vuestras mentiras hace que desee emborracharme todo el tiempo.

Michael "Mickey" Hawklin

Offtopic :
Y aquí comienza lo que supongo que es una ruta por las prisiones del servidor. Un saludo a todos los que me he cruzado hasta ahora, un placer haber encontrado tan buena gente y tan buenos roles en tan poco tiempo ;P

https://www.youtube.com/watch?v=_654vKXAMLs

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Mickey, Felahya Lavme
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 Asunto: Re: Lo que extraño de mi hogar
NotaPublicado: 13 May 2018, 06:30 
Mozo del puerto en calzones
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Entre las ruedas de un carruaje mensajero, abatido probablemente por los bandidos que ahora observan desde la espesura, se encuentran varios documentos y cartas que a juzgar por la tormenta que se avecina, nadie leerá jamás. Una de las cartas tiene como destinatario la dirección de una panadería de Suzail, la capital de Cormyr. Aunque estilizada, la caligrafía muestra alteraciones debidas probablemente a altibajos emocionales, quizás debidos a la bebida o sencillamente a una fuerte carga sentimental. En el interior del sobre hay una valiosa moneda con el extraño símbolo de una máscara de terciopelo negro teñida de rojo, probablemente procedente de alguna región de la Costa de la espada: Quizás una mala idea por el reclamo que puede suponer para un dehonesto interceptor. Quizás.

La carta procede del siguiente modo:

Sé que te sorprenderá que te escriba, dudo incluso de que siquiera te acuerdes de mi nombre, al menos durante estas primeras líneas. Quizás debería buscarme nuevos amigos en vez de molestarte, pero eso resulta más difícil cada día, incluso sin hurgar en sus bolsillos antes. Estaré sucumbiendo a la amargura de la edad, o tal vez es que el tono de mi voz se haya resentido tras todo el vino que he bebido. Espero honestamente que esta carta llegue antes a tus manos que a las de tu padre o a las del marido que probablemente tengas ya. Recuérdale, antes de que destruya esta carta y te abofetee, que ni te desfloré, ni estoy en el lista de los que llegaron primero entre tus piernas. Espero, sin embargo, que fuera el primero en hacerte llorar de veras, aunque no me aventuraré a adivinar si de emoción. De cualquier modo estoy perdiendo esa facultad también, quizás se deba a que me siento también incapaz de llorar.

Recuerdo que sentías curiosidad por conocer las costumbres de las gentes de la Costa de la Espada, sus modos de hacer, sus vestimentas y cortejos o sus canciones populares. Claro que existen matices, pero te aliviará saber que no te has perdido mucho siendo toda tu vida una plebeya que no ha salido del condado: La gente miserable es igual en todas partes, y los matices en ese aspecto difieren menos que los de los paños menores de las prostitutas. No pienses mal: nunca he tenido fondos para gastar en lujos, y las habitaciones baratas siempre incluyen algún espectáculo desagradable.

Te preguntarás si he salido al fin de los bajos fondos y he pasado de ser un delincuente de poco calado a un bastardo retórico como lo es mi padre. Otra característica de la gente miserable es su afán por escalar entre los congéneres a los que sonríen con falsa cortesía; la educación es la fachada de sus impulsos, creéme. Desde la base hasta la cúspide, en una sociedad podrida el plebeyo se afana por lograr lo que al noble le inquieta perder ¿Para qué querría yo entrar a formar parte de esa vorágine? Pensé que sería mejor hacer arder las pruebas que incriminaban a mi padre y dejar que la ansiedad por un golpe que jamás le llegará hicieran el resto. Creéme cuando te digo que aunque leyera esta carta no la recibiría con alivio, sinó con el escepticismo del que cree que se trata de una treta para que baje la guardia. Al fin y al cabo tu panadería está sólo a dos calles de su mansión, y seguro que tu situación económica no ha cambiado. Plantéate el día que traiciones a alguien por un poco de fortuna si vale la pena vivir en la ansiedad de tener las manos sucias, porque el oro puede comprarlo todo menos la confianza. Es terrible, sin embargo, que la confianza se vea resentida también cuando la supuesta traición nada tenga que ver con la fortuna, sinó con una justa represalia o, en el peor de los casos, una completamente comprensible cólera.

Ojalá pudiera decirte que me he convertido en un caballero de ardientes amores y reluciente armadura, pero lo único que comienza a relucir es mi coronilla y a excepción de los ardores provocados por el exceso de vino no he sentido más calor que el de la lumbre. Solías decirme que tenía facilidad para gustar a las damas, pero la realidad es que no he logrado que jamás ninguna confíe en mi: Las armaduras de metal no son las más efectivas, ni tampoco las más pesadas. En una ocasión conocí a una pastorcilla de ojos violáceos; frágil, sencilla y amable. Y quisiera decirle al monstruo en el que se había convertido la última vez que la vi que su fuerza estaba en su inocencia, que le habría regalado mi confianza por casi hacerme llorar con su voz. El planteamiento de si la confianza que depositó en mi fuera algo que debí haber correspondido o un medio para chantajear a alguien de quien debiera haberme defendido más tarde hace que me pregunte quién de los dos era el monstruo. Me percato al fin de que la obra de mi vida es una represalia a la que acabo de renunciar, y toda mi existencia un absoluto cinismo que dificilmente alguien va a atenuar.

Tómate esta carta como la confesión de un hombre que necesita de alguien que conozca sus razones. Me doy cuenta de que nunca he mentido a nadie, pero tampoco me he molestado en rebatir sus ilusorias ideas, especialmente las que se refieren a mi como un mentiroso. De lo que no estoy seguro es de si me he molestado alguna vez en rebatir mis propias ilusiones. Tal vez no haya mentirosos y todos seamos ilusos que necesiten un fuerte zarandeo. Pero antes de que tu sentimental corazón se enternezca y se justifique debo hacerte una última confesión: Nunca creí realmente que lo nuestro fuera a funcionar, porque no puedo dejar de verte como una garrapata aprovechada.

Creo que ya no hay nada que extrañe de mi hogar.

Mickey

P.D: Te recomiendo utilices rápidamente la moneda dentro del sobre para comprar algunas lechugas. Debería servir para cruzar un peaje, pero bien podría revelar mi paradero en manos de algún interesado.

//Se puede confiar tanto en la ira, la avaricia y el miedo de las personas como en la palabra de tu mejor amigo. El único requisito es que sean ciertos como que la proxima vez que lance una moneda salga cara. Un saludo para el que haya leído esto, y tened mucho cuidado con los Caóticos Neutrales, especialmente cuando sale cruz. Ni siquiera Tymora los entiende.

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