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 Asunto: Tesis del segundo módulo
NotaPublicado: 04 Nov 2018, 14:51 
Pornoroleador a secas
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Un rollo de papiro de gran calidad enrollado en dos ómfalos de madera labrada llega al decano de la Universidad Myrdon Salesker sellado con un lacre de cera con las signas de Eliandor. Su contenido es como sigue:

Sobre los conjuros adivinatorios que actúan sobre la vista.

La escuela de adivinación es, sin duda, la más básica para todo erudito, pues su ámbito es el de la verdad, el desentrañamiento y, en cierto modo, la aplicación más pura de la inteligencia: la percepción.

A este respecto, son muchos quienes se equivocan sobre el verdadero sentido de esta escuela, identificándola con el descubrimiento de secretos, la desenmascaración de la falsedad y la verdad. Mas todo ello debe derogarse en pos de una idea más pura, más perfecta. Una idea que los englobe a todos y, para ello, no hay por menos que plantearse de nuevo la realidad del cosmos.

Como ya se indico anteriormente, el cosmos al que tienen acceso la inmensa mayoría de los mortales, sin ninguna adición a su capacidad perceptiva, es finito en consonancia con su propia naturaleza. Mas, existe ulterior a dichas realidades que se perciben como completas, un metacosmos, una existencia que transcurre más allá de lo meramente percibido. Se trata de la misma realidad que escapa de los sentidos del sujeto cognoscente.

Para comenzar con esta explicación debe plantearse un entorno controlado en que existe un sujeto cognoscente y un objeto cognoscible. Es paradójico y muy interesante la situación que se da, y es que el sujeto cognoscente es a la vez objeto cognoscible, es su propio objeto que, por la asimilación al ser que procesa, se debe identificar con el sujeto.

No obstante, estos conceptos comienzan a ser muy complicados, por lo que conviene ir paso por paso. Así, debe indicarse que la percepción, entendida como un conocimiento que busca la certeza de lo percibido, es una suerte de capacidad aprehensora de aquello que se cruza en su camino, concretamente, de objetos cognoscibles. Por tanto, la capacidad perceptiva del sujeto cognoscente lo es ad extra, es decir, hacia el entorno. Empero, nuevamente, la paradoja de la naturaleza bimembre del sujeto cognoscente nos hace indicar que el sujeto puede proyectar su percepción hacia sí mismo en una suerte de procederes que se conocen como meditación o introspección, propios del oriente del Mar de las Estrellas Fugaces.

En contra, la capacidad perceptiva del objeto cognoscible lo es ad intra, es decir, hacia sí mismo. Mas debe indicarse que lo es en una suerte de anulación de la misma, pues no podrá si no absorber y ser objeto de las capacidades de un sujeto. Aquí, en este concreto punto, se puede observar la paradoja sobre la ubicuidad del sujeto cognoscente que, a su vez, es también objeto.

La verdadera naturaleza del sujeto es la de aquel objeto que, percibido por otros sujetos, lo es también por sí mismo. Esta es una elección esencial para toda case de artificiero y debe grabarse en la memoria de todos los estudiantes: “todo ente capaz de percibirse a sí mismo y al entorno, está dotado de consciencia y, como tal, busca su perdurabilidad”. Es decir, el sujeto no solo percibe otros objetos, que a su vez pueden ser sujetos diferenciados y diferentes, sino que además se percibe a si mimo. Mas ¿cómo es tal?

La respuesta es sencilla: el contraste. Si haciendo uso de una vela proyectamos una sombra sobre un fondo blanco, nos será sencillo y no tendremos ningún esfuerzo en distinguir su contorno. Empero, si dicho fondo sobre el que se proyectase la misma sombra lo fuese negro, no podríamos sino distinguir la sombra por la ausencia de brillo en la superficie negra. A fortiri, si dicha superficie fuese tan negra y tan mate que no pudiera brillar ni aunque la luz más poderosa incidiera sobre la misma, entonces, bajo ningún concepto, podríamos distinguir nada en su superficie.

A tal efecto, el sujeto se percibe a sí mismo y, por extensión, al resto de las cosas, pues es la base de la percepción, gracias al contraste. En el espacio ocupado por el sujeto no se encuentra otra cosa que sea él; de igual forma, en el espacio ocupado por un río, no se encuentra una montaña, etc. Las ramas contrastan con el tronco, las hojas, la tierra… No solo por su color, no solo por su forma, no solo por su función, lo hacen concretamente por el seccionamiento que, artificiosamente, ha decidido el sujeto cognoscente debe realizarse para una compresión que, a sus criterios, es integra. Id est, donde unos tan solo ven un rosal, otros pueden ver un conjunto interconectado de un tallo con sus consiguientes raíces enterradas en tierra, dos espinas por cada cuatro dedos de superficie, una flor por cada palmo de tallo de un color rojo intenso con doce pétalos cada una y siete estambres con sus consiguientes partes por minúsculas e imperceptibles que nos puedan parecer.

He ahí la tesis enunciada al principio, la percepción de los mortales es un instrumento de aprehensión del conocimiento finito, coartado desde su nacimiento, configurado para fallar sistemáticamente. Ello no implicará necesariamente una percepción errónea, pero sí que la misma será siempre incompleta.
Aquí, precisamente, entran en juego los conjuros adivinatorios que tienen efecto sobre la vista, aquellos como detectar magia, visión verdadera o vista arcana. Todos ellos tienen en común que vienen a completar la capacidad perceptiva del sujeto cognoscente de forma inmediata.

Para entender el funcionamiento de estos hechizos debe comenzar clasificándose los parámetros por los cuales se perciben los objetos cognoscibles en el plano primordial material. Así, lo objetos se muestran en tres dimensiones básicas: por un lado, la anchura mide la distancia frontal de su contorno entre su lado izquierdo y su lado derecho; por otro lado, la altura mide la distancia entre los lados que se encuentran arriba y abajo del objeto y, finalmente, la profundidad medirá la distancia entre el lado delantero y el lado trasero del dibujo.

Debe mencionarse, y ello es crucial para entender ulteriores explicaciones, que la perspectiva del sujeto cognoscente es la que mide la realidad, indicando que es izquierda, derecho, delante, detrás, arriba, abajo… El sujeto es el ancla sobre la que se sustenta la percepción en medio de la inmensidad inconmensurable del cosmos donde nada indica que es arriba, ni abajo, donde no hay direcciones, ni referencias, tan solo derivas, etc. A este respecto debe tenerse en cuenta una realidad muy simple que puede contrastarse con facilidad: el experimento de la partida. Imagínese un embarcadero con dos sujetos. Uno de ellos, posicionado en el embarcadero, observa al segundo marchar, posicionado sobre la cubierta de un barco en movimiento. Desde la perspectiva de sujeto del embarcadero, es el sujeto del barco quien se mueve, pero, curiosamente, desde la perspectiva del sujeto posicionado sobre la cubierta de la embarcación, es el sujeto posicionado en el embarcadero quien se mueve. ¿Acaso solo uno de ellos se mueve? ¿Se mueven los dos? La incertidumbre que provoca esta evidencia es tal que, necesariamente, debemos asumir que ambas premisas son ciertas: ambos sujetos están moviéndose porque, simplemente, no hay ninguna referencia incontestable, ninguna referencia absoluta, que sirva de ancla para determinar que es movimiento y que no lo es.

A fortiori, el experimento puede seguir. Imaginen ese dos avezados jinetes que cabalgan a pleno galope a la par el uno junto al otro. Dado que mantienen una velocidad par, la percepción que cada uno tenga del otro será de quietud y no será sino por el contraste con el fondo que serán conscientes del movimiento y, aun así, no serán conscientes de que su compañero se mueve, sino que es el fondo el que pasa borroso a su alrededor. Empero, aquellos que se encuentren en el camino y los vean pasar, no dudaran ni un segundo en determinar que son ellos quienes se mueven.

El principio de incertidumbre nos lleva a asumir que, si introducimos un animal en una caja y la cerramos, en tanto que este no se mueva ni haga ruido, no seremos capaces de adquirir un conocimiento cierto sobre si está vivo o muerto, debiendo asumir que ambas premisas son ciertas. Por tanto, como se indicó anteriormente, debe asumirse que, en el cosmos, divorciados de toda referencia dada por un sujeto, los objetos cognoscibles se encuentran al mismo tiempo en movimiento y no, en ser y en no ser.

Pero, al margen de las discusiones sobre la perspectiva, son más las dimensiones en que se mide la realidad del plano primordial material. Así, la numerología ofrece una visión más comprensiva de estos elementos. Así, el uno es el comienzo, el tiempo; el dos es el movimiento, la velocidad, conceptos íntimamente relacionados con el tiempo; el tres es la forma, cuyas dimensiones ya hemos indicado; el cuatro es el orden, necesario para una percepción segura. No es necesario proseguir.
Estas son las dimensiones de nuestra realidad: tiempo, velocidad, anchura, profundidad, altura y orden.

No obstante, las ulteriores explicaciones se entienden mejor si nos referimos únicamente a las dimensiones relativas a la forma, pues bien sabido es que el conocimiento se percibe mejor por los ojos que por los oídos.
Así, debemos indicar que nuestra natural percepción está configurada para percibir dentro de los parámetros indicados. Es decir, nuestra auténtica limitación viene dada por la naturaleza del plano al que somos naturales.

Para mayor abundamiento, centrados en las dimensiones de la forma, imagínese un plano que transcurre solo en dos de ellas. Es decir, en anchura y altura. Al no ser capaces de percibir la profundidad, no podrías ver una esfera alejarse y acercarse, tan solo un círculo hacerse más pequeño o más grande dependiendo de la ubicación del corte sobre la figura geométrica. Debe recordarse a quien no sea tan avezado en matemática que una esfera es una figura tridimensional formada por infinitos círculos, que son figuras bidimensionales.

En cierto modo, este es el funcionamiento de estos conjuros adivinatorios, permiten al sujeto cognoscente percibir una dimensión adicional de la realidad, un elemento más que, de otra manera, no sería posible conocer. En el ejemplo anterior, un conjuro de vista arcana podría permitir a nuestros amigos bidimensionales percibir la profundidad.

Así, debe seguirse con la sucesión numerológica indicada anteriormente, pues el cinco es lo arcano, el seis el equilibrio, el siete es el misticismo, el ocho lo infinito, el nueve la magia, el diez lo irreductible… Cada conjuro de los mencionados permitirá al usuario conocer alguna de estas nuevas dimensiones de la realidad.


Offtopic :
Es copia.

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Eliandor Asdrolelndel - Elfo de Mithril - Mago - Ayudante del bibliotecario de la Universidad Myrdon Salesker- Weldath, Edive, Valle Minsor.

Jarritus, si estás ahí, te queremos y queremos que vuelvas.

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 Asunto: Re: Tesis del segundo módulo
NotaPublicado: 11 Nov 2018, 22:11 
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Offtopic :
La tesis está siendo valorada.

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Mago Real de Suldanessellar y Decano la Myrdon Salasker
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 Asunto: Re: Tesis del segundo módulo
NotaPublicado: 05 Dic 2018, 20:37 
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Su tesis ha sido aprobada, y se incorporará a la biblioteca bajo la sección de adivinación.

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